Autoridades sanitarias refuerzan medidas preventivas ante el brote del virus Marburgo en Ruanda

Este episodio del virus ha causado 13 muertes y afectado a 58 personas, según los últimos informes de salud

virus Marburgo
Virus Marburgo.

El virus de Marburgo, uno de los patógenos más letales, ha emergido en Ruanda, suscitando preocupación tanto en la comunidad científica como en la población local. Este nuevo brote ha matado a 13 personas y enfermado a 58, convirtiéndose en uno de los mayores eventos registrados de esta enfermedad. Aunque los esfuerzos de contención avanzan rápidamente, la aparición continua de nuevos brotes en África está generando alarma en los expertos en salud pública.

Situación actual

El brote de Marburgo, declarado oficialmente el 27 de septiembre de 2024, marca la primera vez que Ruanda se enfrentó a esta enfermedad. Sin embargo, este brote no es un evento aislado. En los últimos años, Tanzania y Guinea Ecuatorial también han sufrido sus primeros brotes del virus, mientras que Ghana experimentó el suyo en 2022. Esta tendencia de aparición más frecuente es motivo de preocupación. Mientras que antes de 2020 los brotes ocurrían sólo unas pocas veces por década, ahora se están registrando con una frecuencia casi anual.

El aumento de casos en varios países africanos ha llevado a los investigadores a explorar las razones detrás de esta escalada. Factores como el cambio climático y la deforestación están desempeñando un papel clave al aumentar la interacción entre los seres humanos y los animales que portan este virus, particularmente murciélagos frugívoros, principales reservorios del virus de Marburgo. A medida que las actividades humanas invaden los hábitats naturales, los riesgos de transmisión zoonótica también aumentan.

El médico de urgencias Adam Levine, de la Universidad Brown, advierte que la frecuencia de los brotes de enfermedades transmitidas por animales, como el virus de Marburgo, irá en aumento. Este fenómeno exige que el mundo esté preparado para enfrentar nuevos desafíos sanitarios globales.

El virus de Marburgo

El virus de Marburgo pertenece a la misma familia que el virus del Ébola, los Filoviridae, y ambos comparten similitudes notables en cuanto a sus síntomas y modos de transmisión. La tasa de mortalidad de Marburgo varía entre el 23 por ciento y el 90 por ciento, dependiendo del brote y de los recursos disponibles para su manejo. Lamentablemente, no existen tratamientos o vacunas aprobados hasta la fecha, aunque el cuidado paliativo puede aumentar las probabilidades de supervivencia.

Los primeros síntomas del virus de Marburgo, como fiebre alta, dolor de cabeza y malestar general, pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades comunes en la región, como la malaria. Sin embargo, conforme avanza la infección, los pacientes suelen desarrollar síntomas más graves, como diarrea intensa, vómitos y, en casos severos, hemorragias por diversas partes del cuerpo, incluidas las encías, la nariz y los ojos.

En Ruanda, el brote fue inicialmente difícil de identificar, ya que las primeras víctimas dieron positivo en las pruebas de malaria. Los trabajadores de salud no se percataron de que enfrentaban un brote de Marburgo hasta que varios de ellos también resultaron infectados, lo que evidenció la gravedad de la situación.

Estrategias de contención

A pesar de la letalidad del virus, la buena noticia es que Marburgo no se transmite por el aire, lo que facilita las medidas de control. El virus se propaga principalmente a través del contacto con fluidos corporales de personas infectadas, por lo que aislar a los pacientes y utilizar equipos de protección adecuados son métodos efectivos para detener la propagación.

En Ruanda, las autoridades sanitarias han movilizado a equipos de rastreadores de contactos para monitorear a cientos de personas que han tenido contacto con los infectados. Las pruebas para detectar la fiebre y otros síntomas han saturado los laboratorios del país, debido a la alta prevalencia de enfermedades como la malaria. Sin embargo, las medidas de contención parecen estar funcionando, y si no se detectan nuevos casos en las próximas semanas, el brote podría considerarse contenido en un periodo de 42 días, que corresponde a dos periodos de incubación del virus.

Vacunas y tratamiento

Actualmente, uno de los mayores obstáculos para el control del virus de Marburgo es la falta de una vacuna o tratamiento antiviral aprobado. Aunque las investigaciones han avanzado, el desarrollo de estas herramientas es complicado debido a la necesidad de probarlas durante los brotes. El virólogo Adam Hume, de la Universidad de Boston, señala en un artículo de la Revista Nature que esta dependencia de los brotes naturales para realizar ensayos clínicos es uno de los factores que retrasan el avance de vacunas y terapias efectivas.

En Ruanda, los médicos ya han comenzado a probar una vacuna candidata contra el virus de Marburgo, así como el antiviral remdesivir, que mostró resultados prometedores contra la COVID-19. No obstante, los ensayos previos de remdesivir contra el virus del Ébola han sido menos exitosos, lo que genera dudas sobre su eficacia contra el virus de Marburgo.

Lecciones para el futuro

A medida que el brote en Ruanda avanza, la comunidad científica insta a fortalecer las capacidades locales para la fabricación de vacunas, tratamientos y herramientas de diagnóstico. La dependencia de África de países extranjeros para adquirir suministros médicos a precios elevados puede llevar a situaciones de crisis durante los brotes, advierte en Nature Jean Kaseya, director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África.

El brote en Ruanda es un recordatorio de que las amenazas zoonóticas son cada vez más comunes y difíciles de predecir. Los esfuerzos actuales deben centrarse en desarrollar infraestructuras sanitarias robustas que permitan una detección rápida y un manejo eficiente de futuros brotes. Asimismo, la cooperación internacional es esencial para garantizar el acceso equitativo a herramientas vitales de salud pública que ayuden a prevenir y controlar enfermedades emergentes como el virus de Marburgo. El mundo debe estar preparado para enfrentar esta creciente amenaza global, que pone en jaque no solo a los sistemas de salud de países africanos, sino a toda la comunidad internacional.


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