Las pruebas bioquímicas, un avance en la detección del Alzheimer

Los expertos esperan que estas técnicas aceleren la posibilidad de cribado poblacional. 

El 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad que afecta a más de 800.000 personas en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Concretamente, el 8 por ciento de las defunciones registradas en España en 2023 fueron provocadas por algún tipo de demencia, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

También hay que tener en cuenta que esta enfermedad es la principal causa de demencia, responsable de entre el 50 por ciento y el 70 por ciento de los casos, y afecta principalmente a las personas mayores de 65 años. Pero hay nuevos avances que suponen una esperanza para una detección más precoz del Alzheimer: las pruebas bioquímicas. Guillermo García Ribas, portavoz del grupo de estudio de Neurología de la Conducta y Cognitivo de la Sociedad Española de Neurología, explica a Gaceta Médica que espera que “en un futuro esto acelere la posibilidad de cribado poblacional y posteriormente de identificar aquellos casos en los que merece la pena hacer estudios más detallados”, aunque a día de hoy estos métodos están todavía en investigación. 

Por su parte, Raquel Sánchez del Valle, Coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN, apunta hacia las ventajas de estas pruebas en sangre: «Antes, se requería una punción lumbar para obtener líquido cefalorraquídeo, pero ahora, gracias a la tecnología, podemos detectar marcadores de Alzheimer en sangre, lo que puede acelerar un diagnóstico más preciso y temprano». 

Biomarcadores en sangre

Un equipo de neurocientíficos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, ha desarrollado un nuevo análisis capaz de detectar un biomarcador relacionado con la neurodegeneración provocada por el Alzheimer a partir de una muestra de sangre, según publicó la revista Brain en el año 2022. En el momento actual, los médicos se guían por las directrices del Marco AT(N), establecidas en 2011 por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento y la Asociación de Alzheimer, para diagnosticar la enfermedad. Este enfoque se basa en identificar tres componentes clave de la patología: placas de amiloide, ovillos de tau y neurodegeneración cerebral, a través de imágenes o análisis de LCR, especifican desde Brain. 

En ese informe demuestran que este marcador, que se llama «tau derivado del cerebro» (BD-tau), ofrece mejores resultados que las pruebas sanguíneas actuales utilizadas para identificar la neurodegeneración asociada a esta enfermedad. El BD-tau es específico del Alzheimer y muestra una buena correlación con los biomarcadores de neurodegeneración que se encuentran en el líquido cefalorraquídeo (LCR).

Al hilo de esta investigación, los científicos han desarrollado una técnica capaz de detectar de manera específica la BD-tau, evitando que las proteínas «big tau», producidas por células ajenas al cerebro, interfieran en los resultados. Para ello se ha diseñado un anticuerpo especial que se une exclusivamente a la BD-tau, facilitando su identificación en la sangre. El método fue validado utilizando más de 600 muestras de pacientes de cinco cohortes independientes, incluidas personas con diagnóstico confirmado de Alzheimer tras su fallecimiento y pacientes con deterioro cognitivo temprano, indicativo de la enfermedad.

Retraso en el diagnóstico

Uno de los principales problemas en el abordaje del Alzheimer es el retraso en el diagnóstico, que viene potenciado por el tiempo que pasa entre la aparición de los primeros síntomas y la identificación final, que en muchos casos supera los dos años. “En la sociedad tenemos la creencia de que la pérdida de capacidades cognitivas o mentales o de memoria en una persona mayor es normal. Hay un cierto retraso por parte de la propia familia, sobre todo en personas muy mayores”, explica García Ribas a este medio. Entre el 30 y el 50 por ciento de las personas que sufren algún tipo de demencia no reciben un diagnóstico formal, lo que indica que sigue habiendo un elevado nivel de infradiagnóstico de esta enfermedad.

El portavoz apunta a que también se debe a que no hay unos “test muy apropiados” para detectar el Alzheimer en lo poco que dura una consulta con un especialista, además de que esta enfermedad, al comienzo, va manifestándose de una forma muy gradual y lenta, lo que es otro impedimento. Aún así, García Ribas ve un gran avance en los últimos años: cada vez personas más jóvenes pasan por consulta para evaluarse, lo que contribuye a que se acorten los tiempos de diagnóstico poco a poco.

Afecta a cuidadores

El Alzheimer también afecta a los cuidadores de las personas enfermas, que en un 60 por ciento presenta ansiedad o depresión a consecuencia de la sobrecarga por los cuidados que ejercen. “Las demencias en general, y la enfermedad de Alzheimer en particular, tienen consecuencias devastadoras. No solo en cuanto a mortalidad, sino también en morbilidad y pérdida de calidad de vida, tanto para las personas que la padecen como para sus cuidadores”, afirma Sánchez del Valle. En todo el mundo, la enfermedad de Alzheimer supone el 12 por ciento del total de años vividos con discapacidad debido a una enfermedad.

En la actualidad, el Alzheimer es la enfermedad que más preocupa a los españoles. Sin embargo, desde la SEN advierten que apenas el 25 por ciento de la población es consciente de cómo los estilos de vida pueden influir en el riesgo de desarrollarla, mientras que el 45 por ciento de los españoles la considera una consecuencia inevitable del envejecimiento.


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