Cerca del 75% de los cánceres gástricos del mundo podrían evitarse erradicando la infección por H. pylori

Uno de los principales factores de riesgo del cáncer gástrico, en particular del subtipo más común el cáncer NCGC, es la infección crónica por esta bacteria

cáncer gástrico

El cáncer gástrico sigue siendo la quinta causa de muerte por cáncer en el mundo. Lejos de remitir, todo apunta a que seguirá siendo un importante problema de salud pública en las próximas décadas si no se adoptan medidas preventivas más efectivas.

En este contexto, un nuevo estudio publicado en la revista Nature Medicine, ha hecho estimaciones globales de cánceres gástricos esperados y prevenibles a lo largo de la vida en 185 países. Considerado durante años como un “triunfo no planificado” de la prevención primaria, el cáncer gástrico ha recibido históricamente menos inversión que otros cánceres relacionados con infecciones, como el de cuello uterino o el hepático.

Sin embargo, nuevas evidencias indican que su amenaza está lejos de desaparecer. De hecho, las tasas de incidencia en personas menores de 50 años están aumentando tanto en países con baja como con alta incidencia, lo que podría frenar o incluso revertir la tendencia descendente observada a largo plazo.

Este repunte preocupa especialmente si se tiene en cuenta el envejecimiento y el crecimiento de la población mundial, factores que por sí solos harán aumentar el número total de casos y muertes en las próximas décadas, incluso si las tasas generales se estabilizan.

Factores de riesgo de cáncer gástrico

Uno de los principales factores de riesgo del cáncer gástrico, en particular del subtipo más común —el cáncer gástrico no cardias (NCGC)—, es la infección crónica por Helicobacter pylori. Esta bacteria puede eliminarse mediante una combinación de antibióticos e inhibidores de la bomba de protones, lo que abre la puerta a una estrategia de prevención primaria eficaz.

Hasta ahora, la evidencia científica disponible respalda esta línea de actuación. Una revisión sistemática de ensayos clínicos y estudios observacionales demostró de forma consistente que el tratamiento de H. pylori reduce de forma significativa el riesgo de desarrollar cáncer gástrico en personas infectadas.

En 2013, un grupo de trabajo convocado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó explorar la introducción de programas poblacionales de detección y tratamiento de H. pylori, teniendo en cuenta la carga local de enfermedad, las prioridades sanitarias y los análisis de coste-efectividad. No obstante, más de una década después, estos programas siguen siendo excepcionales, incluso en regiones de alto riesgo.

En Europa, algunos países han iniciado recientemente estudios piloto en el marco del Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer, pero la implantación generalizada aún está lejos de materializarse. Mientras tanto, el desarrollo de una vacuna contra H. pylori —que podría revolucionar la prevención de esta enfermedad— avanza muy lentamente y no parece estar entre las prioridades actuales de la investigación biomédica, según el nuevo estudio.

Asia lidera la carga global del cáncer gástrico

El continente asiático, que acumula la mayor carga mundial de cáncer gástrico, refleja una paradoja llamativa: pocos países han desarrollado políticas públicas ambiciosas para prevenir esta enfermedad, a pesar de su alta prevalencia. Corea del Sur, Japón y China han sido pioneros en la detección endoscópica organizada, pero el cribado y tratamiento de H. pylori —la principal causa evitable del cáncer gástrico— solo se ha incorporado recientemente de manera más sistemática en regiones concretas.

Un ejemplo notable es Bután. De acuerdo con los datos del estudio, en 2023 culminó un ambicioso programa nacional para prevenir el cáncer gástrico. Este incluyó la detección y tratamiento de la infección por H. pylori en personas de entre 18 y 75 años, así como pruebas endoscópicas en población de riesgo. Japón también ha adoptado esta estrategia al financiar el tratamiento de la infección en pacientes con gastritis diagnosticada por endoscopia.

Mientras tanto, en África y América la prevención organizada es prácticamente inexistente. El estudio refleja que en Estados Unidos, por ejemplo, no existen recomendaciones formales para la prevención del cáncer gástrico, pese a que su incidencia es alta entre ciertas minorías —incluidos estadounidenses de origen asiático, latino, afroamericano y nativo— y se han observado aumentos en personas menores de 50 años, especialmente mujeres. Estudios previos en poblaciones hispanas han demostrado que la erradicación de H. pylori puede reducir significativamente la progresión de lesiones gástricas precancerosas.

En África, donde la infección por H. pylori es generalizada, la ausencia de registros poblacionales sólidos dificulta conocer el verdadero alcance de la enfermedad. Algunos países del oeste del continente, como Senegal, Guinea o Mali, ya registran altas tasas de cáncer gástrico, y se prevé un aumento significativo debido al crecimiento demográfico. Según las proyecciones, la carga de cáncer gástrico en África será casi seis veces mayor entre las cohortes nacidas entre 2008 y 2017 en comparación con 2022.

Una oportunidad clave en la prevención de este tumor

Según esta investigación, los datos son contundentes: de los 15,6 millones de casos de cáncer gástrico que se espera que ocurran a lo largo de la vida de las personas nacidas entre 2008 y 2017, cerca del 75% podrían evitarse si se erradica la infección por Helicobacter pylori. Esto convierte al tratamiento de esta bacteria en una de las estrategias más costo-efectivas disponibles para la salud pública mundial.

Los investigadores subrayan que el tratamiento poblacional de H. pylori —más asequible que los programas de cribado endoscópico— podría adaptarse especialmente bien a países de ingresos bajos o medios, donde la capacidad tecnológica es limitada. En China, un ensayo a gran escala realizado en comunidades no reportó efectos adversos significativos y demostró el potencial de esta intervención como política de salud pública.

Los beneficios no se limitan a la prevención del cáncer gástrico, también puede reducir otras enfermedades asociadas, como la úlcera péptica, la dispepsia, la anemia por deficiencia de hierro o ciertas enfermedades hematológicas como la púrpura trombocitopénica idiopática. Además, estudios anteriores han estimado que esta estrategia podría ahorrar más de 8,7 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) a nivel mundial.

Europa toma la delantera con proyectos piloto

En el contexto europeo, el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer, adoptado en 2021, ha incorporado la prevención del cáncer gástrico como uno de sus pilares. Dos proyectos financiados por la Unión Europea —EUROHELICAN y TOGAS— ya están evaluando la implementación práctica de programas poblacionales de cribado y tratamiento de H. pylori. Estos estudios también recopilan datos de costos y efectividad para facilitar una posible adopción a gran escala.

Además, el IARC y la OMS han publicado guías internacionales para ayudar a los países a diseñar estrategias adaptadas a sus realidades locales. Uno de los aspectos más debatidos es la posible generación de resistencia a antibióticos, un desafío que requiere vigilancia y ajustes en los protocolos terapéuticos.

A pesar del impacto demostrado de las estrategias actuales, en este estudio coinciden en que el verdadero punto de inflexión llegará con el desarrollo de una vacuna efectiva contra H. pylori. Una única candidata ha llegado hasta la fase 3 de ensayos clínicos, pero no ha sido aprobada aún. Dado el precedente de la rápida creación de vacunas durante la pandemia de COVID-19, algunos investigadores confían en que nuevas plataformas tecnológicas puedan acelerar este proceso.

«Una vacuna permitiría superar las barreras logísticas y los problemas de adherencia que presentan los tratamientos antibióticos, especialmente en países con sistemas de salud más frágiles», apuntan los autores del estudio. De hecho, una estrategia de vacunación sería especialmente viable en contextos de bajos ingresos, donde se espera una gran parte del aumento futuro de casos de cáncer gástrico atribuibles a H. pylori.

Un problema prevenible que sigue sin abordarse

Los autores del estudio reconocen que su trabajo tiene algunas limitaciones, como la calidad variable de los registros de cáncer y la falta de datos detallados por sublocalización en muchos países, especialmente en África. Sin embargo, aseguran que sus proyecciones representan el mejor conocimiento disponible actualmente, y que pueden servir como una herramienta útil para diseñar políticas públicas más eficaces.

El mensaje final es claro: el cáncer gástrico es, en gran medida, una enfermedad prevenible. Si los sistemas de salud no actúan, se mantendrá como una de las principales causas de muerte por cáncer en el mundo. Pero si se invierte en estrategias de detección y tratamiento de H. pylori, combinadas con mejoras en los sistemas de información y eventualmente con vacunas, el futuro de millones de personas podría cambiar drásticamente.


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