Brote de hantavirus: así se gestiona esta infección en la UCI

Los intensivistas explican cómo se maneja un paciente con hantavirus crítico, una infección zoonótica capaz de deteriorarse en apenas 24 o 72 horas

hantavirus

La imagen del crucero MV Hondius fondeado en Canarias con sus pasajeros evacuados en aviones medicalizados, ha dado la vuelta al mundo. A bordo, un brote de hantavirus ha dejado ya tres fallecidos y ocho casos confirmados, obligando a activar protocolos internacionales coordinados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y distintos gobiernos europeos.

Según la evaluación epidemiológica difundida por el ECDC, el brote habría comenzado tras una exposición en Argentina y suma ya ocho casos detectados: tres fallecidos, un paciente ingresado en cuidados intensivos y otros tres sintomáticos bajo vigilancia médica a bordo. Aun así, las autoridades europeas consideran que el riesgo para la población general de la Unión Europea sigue siendo bajo, ya que el reservorio natural del virus no está presente en territorio europeo.

La situación ha generado especial preocupación porque el brote está relacionado con la cepa Andes del hantavirus, una cepa detectada en Sudamérica y considerada la única con capacidad demostrada de transmisión entre personas. Las autoridades sanitarias investigan ahora si algunos contagios se produjeron ya dentro del barco durante la travesía entre Ushuaia, la Antártida y el Atlántico.

Ante un caso sospechoso de hantavirus, los protocolos internacionales activados contemplan una combinación de vigilancia epidemiológica y control clínico estrecho. Las autoridades sanitarias recomiendan identificar y monitorizar a todos los contactos estrechos durante el periodo de incubación, vigilar la aparición de síntomas como fiebre, tos o dificultad respiratoria y mantener medidas preventivas básicas, como higiene frecuente de manos, uso de mascarilla médica en situaciones de riesgo y distanciamiento físico. En el caso del brote del crucero, además, se ha establecido un protocolo de hasta seis semanas de autocuarentena y seguimiento sanitario para los contactos asintomáticos tras el desembarco, coordinado entre el ECDC, las autoridades nacionales y los operadores marítimos.

Mientras los pasajeros permanecen bajo vigilancia epidemiológica y se rastrean contactos estrechos, en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) se preparan: pacientes que pueden deteriorarse en apenas 24 o 48 horas y que, en los casos más graves, necesitan ventilación mecánica, soporte cardiovascular e incluso sistemas ECMO para mantenerse con vida.

«El pronóstico depende fundamentalmente de la rapidez con la que el paciente llegue a cuidados intensivos y reciba soporte vital», explicó Borja Suberviola, coordinador del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas y Sepsis de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC).

Una enfermedad que puede empeorar en horas

El hantavirus es una zoonosis transmitida por roedores infectados. El contagio se produce principalmente al inhalar partículas contaminadas procedentes de orina, heces o saliva de estos animales. Aunque la mayoría de los casos descritos históricamente no presentan transmisión entre personas, el virus Andes sí ha demostrado esa capacidad en determinadas circunstancias, especialmente tras contactos estrechos y mantenidos. Esa es precisamente una de las razones por las que el brote del crucero ha despertado tanta atención internacional.

Existen dos formas clínicas principales. La más peligrosa es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) predominante en América y responsable de los cuadros más críticos. La otra variante, la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), es más frecuente en Europa y Asia y suele tener una evolución menos agresiva. El SCPH presenta una mortalidad que puede llegar a alcanzar el 30–40%, mientras que la FHSR suele ser menor.

El problema es que el inicio puede parecer inofensivo. «Muchos pacientes comienzan con síntomas inespecíficos, similares a una gripe: fiebre, dolores musculares, cansancio…», detalló el especialista. Sin embargo, entre las 24 y las 72 horas posteriores puede abrirse una ventana de deterioro súbito.

En este corto periodo de tiempo aparecen dificultades respiratorias severas, descenso brusco de la tensión arterial y signos de fallo multiorgánico. La situación puede descontrolarse muy rápido.

Cómo actúa la UCI ante un caso de hantavirus

A diferencia de otras infecciones virales, el hantavirus no cuenta con un tratamiento antiviral claramente eficaz en los cuadros graves. Por eso, el trabajo de los intensivistas se centra en mantener funcionando los órganos vitales mientras el organismo intenta recuperarse.

«El tratamiento se basa fundamentalmente en soporte vital avanzado», resumió Suberviola.

Cuando el pulmón deja de oxigenar correctamente, el paciente necesita ventilación mecánica. Si el sistema cardiovascular colapsa y aparece shock, se administran líquidos y fármacos vasopresores para mantener la circulación. Cuando el riñón falla, se recurre a técnicas de sustitución renal similares a la diálisis.

En los casos más extremos, incluso puede ser necesario utilizar ECMO, una técnica de oxigenación extracorpórea que sustituye temporalmente la función de los pulmones —e incluso del corazón— mientras el paciente permanece en situación crítica.

Actualmente, conociendo más datos epidemiológicos y clínicos sobre el brote de hantavirus, la cepa a la que pertenece, los episodios de transmisión entre pasajeros del crucero y la alta letalidad que hemos conocido en las últimas horas, la SEMICYUC matiza la recomendación sobre la necesidad de aislamiento de las Unidades de Cuidados Intensivos:

«Con todos estos datos, los Servicios de Medicina Intensiva que atiendan a estos pacientes deben realizarlo en las denominadas Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN), espacios especialmente diseñados para el manejo de pacientes con las denominadas ‘Enfermedades Infecciosas de Alto Riesgo’, entre las cuales, después de los datos conocidos en las últimas horas, hay que considerar a este brote de hantavirus. Para la atención de estos pacientes, debe dotarse a todo el personal de los equipos de protección individual adecuados, y evitar así un posible contagio de los sanitarios. Además, deben adaptarse a este brote por hantavirus los protocolos existentes de manejo clínico de fiebres hemorrágicas virales».

Mortalidad que puede alcanzar el 40%

La agresividad del síndrome cardiopulmonar por hantavirus explica que la mortalidad pueda situarse entre el 30% y el 40% en los casos más graves.

Sin embargo, los intensivistas insisten en que la supervivencia mejora de manera importante cuando el diagnóstico y el ingreso en UCI son precoces.

Por eso, uno de los conceptos que más repiten los especialistas es que el hantavirus es una enfermedad «tiempo-dependiente». Cada minuto ganado antes del deterioro crítico puede marcar la diferencia.

No es como la COVID-19

Desde la pandemia de COVID-19, muchas personas comparan cualquier infección respiratoria grave con el SARS-CoV-2. Pero el hantavirus funciona de manera distinta.

Sí existen algunas similitudes clínicas: ambos pueden provocar insuficiencia respiratoria severa y requerir ventilación mecánica o ECMO. Sin embargo, la diferencia fundamental es epidemiológica. «El hantavirus no presenta transmisión comunitaria sostenida», recordaron desde SEMICYUC.

De hecho, la transmisión entre personas es extraordinariamente rara. El contagio habitual sigue siendo el contacto indirecto con roedores infectados. Eso también cambia la organización hospitalaria.

Sin aislamientos extremos ni zonas cerradas

Cuando un paciente con hantavirus ingresa en UCI no es necesario cerrar áreas completas ni activar protocolos de aislamiento de alto nivel como ocurre con enfermedades altamente contagiosas. Los profesionales aplican las medidas habituales de control de infecciones como son:

  • Higiene estricta de manos.
  • Uso de guantes.
  • Protección respiratoria en procedimientos con aerosoles.

Estas precauciones son suficientes para proteger al personal sanitario y al resto de pacientes. En este contexto, uno de los mayores desafíos del hantavirus es precisamente detectarlo antes de que el paciente entre en la fase crítica. Los síntomas iniciales son poco específicos y pueden confundirse fácilmente con otras infecciones respiratorias o virales comunes. Sin embargo, ciertos hallazgos clínicos ayudan a orientar el diagnóstico: trombocitopenia, hemoconcentración e infiltrados pulmonares bilaterales.

La confirmación definitiva llega mediante técnicas diagnósticas como PCR o serología. Pero en cuidados intensivos muchas decisiones deben tomarse antes de tener todos los resultados.

Otra de las diferencias importantes respecto a otras enfermedades graves recientes es que en el hantavirus no existe un arsenal farmacológico específico. No se utilizan antibióticos de forma rutinaria porque se trata de una infección viral, salvo que exista sospecha de coinfección bacteriana. Tampoco están indicados tratamientos inmunomoduladores como los que llegaron a emplearse en pacientes con COVID-19. La medicina intensiva vuelve así a uno de sus principios más esenciales: mantener vivo al paciente mientras el organismo intenta superar la enfermedad.

Una infección poco frecuente, pero muy vigilada

Aunque el hantavirus sigue siendo una enfermedad rara en muchos países, los intensivistas mantienen protocolos preparados para actuar ante posibles casos graves. La razón es sencilla: cuando aparece, puede evolucionar con enorme rapidez y exigir el máximo nivel de complejidad asistencial.

Por eso, detrás de cada paciente con hantavirus ingresado en UCI existe una auténtica carrera contrarreloj en la que la rapidez diagnóstica, la monitorización continua y el soporte vital avanzado se convierten en las principales herramientas para intentar salvar una vida.


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