La relajación en las coberturas de vacunación empieza a tener consecuencias visibles. Enfermedades que durante años se consideraban controladas —e incluso eliminadas— vuelven a aparecer en España y en otros países europeos. El pediatra y vocal senior de la Asociación Española de Vacunología (AEV), Fernando Moraga-Llop, advierte en una entrevista con Gaceta Médica de que el descenso en la inmunización está abriendo la puerta a este retroceso sanitario y lanza un mensaje claro: «Las enfermedades no se olvidan de nosotros».
El experto explica que uno de los principales riesgos actuales es precisamente la pérdida de memoria colectiva sobre estas infecciones. «Las personas, sobre todo las más jóvenes, no las conocen, y algunos que las conocieron se olvidan de ellas porque llevan años sin verlas», señala. Esta percepción de lejanía reduce la sensación de peligro y, en consecuencia, la adherencia a la vacunación.
El sarampión vuelve a circular

Sin embargo, los datos empiezan a reflejar un cambio de tendencia. Moraga-Llop pone como ejemplo el sarampión, una enfermedad que había sido eliminada en España, pero que vuelve a preocupar. «En los últimos años ha ido aumentando el número de casos, sobre todo en 2024 y 2025», indica. Este repunte ha tenido incluso consecuencias institucionales: la Organización Mundial de la Salud ha retirado a España el estatus de país libre de sarampión.
Más allá del incremento de casos, hay un dato que inquieta especialmente a los expertos. «No conocemos el origen de casi una tercera parte de los casos», explica. Esto implica que no están relacionados ni con viajes ni con contagios importados. «¿Y eso qué quiere decir? Que el virus del sarampión está circulando y que nosotros estamos diagnosticando unos casos, pero solo unos pocos», advierte.
«No conocemos el origen de casi una tercera parte de los casos. Eso quiere decir Que el virus del sarampión está circulando y que nosotros estamos diagnosticando unos casos, pero solo unos pocos»
El problema no se limita a esta enfermedad. El especialista recuerda que recientemente se ha registrado un caso de tétanos en Cataluña en un niño no vacunado, y que incluso se han detectado virus de la polio en aguas residuales. «Esto comporta que en algún momento puede haber un entorno o un grupo que no se ha vacunado y ese es el motivo de contagio», subraya.
A nivel europeo, la situación tampoco es ajena a esta tendencia. Moraga-Llop menciona brotes de enfermedad meningocócica en universitarios no vacunados en Reino Unido. Todos estos ejemplos apuntan en la misma dirección: la disminución de coberturas tiene consecuencias directas.
Coberturas buenas, pero no excelentes
Aunque España sigue manteniendo buenos niveles de vacunación en comparación con otros países, el experto matiza que ya no son los de hace unos años. «Son muy buenas, pero ya no son excelentes», afirma. Y esa diferencia es clave. Para enfermedades como el sarampión, se necesita alcanzar al menos un 95% de cobertura para impedir la circulación del virus. No obstante, el experto advierte que los datos nacionales muestran que «la segunda dosis de la triple vírica está por debajo de ese 95%».
Además, el dato nacional oculta desigualdades territoriales respecto a las coberturas. «Hay comunidades autónomas por debajo del 90% o del 85%, y si miramos en determinadas ciudades, vemos bolsas de población susceptible porque no se vacunan», explica. Estos grupos pueden convertirse en focos de transmisión.
Detrás de esta situación, uno de los factores más relevantes es la desinformación y la difusión de bulos. Aunque los profesionales sanitarios siguen desempeñando un papel clave en la educación de las familias, Moraga-Llop reconoce que existe un problema creciente. «Lo que puede haber es una mala información, gente que coge información de donde no la ha de coger», señala.
Frente a ello, insiste en la importancia de acudir a fuentes fiables, como las sociedades científicas.
Otro de los retos es explicar correctamente qué pueden y qué no pueden hacer las vacunas, evitando expectativas irreales. El experto pone el ejemplo de la gripe. «La principal finalidad de la vacunación frente a la gripe es evitar las formas graves de la enfermedad», explica. Esto significa que una persona vacunada puede infectarse, pero con menor riesgo de complicaciones. En este sentido, considera que mejorar la comunicación puede ayudar a reforzar la confianza de la población. «Yo creo que este tipo de mensajes ayudarían», afirma.
«La principal finalidad de la vacunación frente a la gripe es evitar las formas graves de la enfermedad»
En este sentido, cada vez se conocen más beneficios indirectos de la vacunación. Por ejemplo, en el caso de la gripe, se ha demostrado que reduce el riesgo de eventos cardiovasculares tras la infección. «Una persona mayor que pasa la gripe tiene un riesgo elevado de infarto o ictus, y este riesgo disminuye de forma importante si está vacunada», señala.
Seguridad y balance beneficio-riesgo
Esta evidencia ha llevado incluso a que sociedades científicas internacionales de cardiología recomienden activamente la vacunación antigripal en sus pacientes, un cambio que el especialista valora muy positivamente.
En cuanto a las dudas que puedan tener algunas personas respecto a la seguridad de las vacunas, Moraga-Llop insiste en que el balance es claramente favorable. «Todas las vacunas tienen una relación beneficio-riesgo tremendamente positiva a favor del beneficio», subraya. Los efectos adversos graves son extremadamente raros en comparación con las complicaciones de las enfermedades que previenen.
Incluso en el caso de la COVID-19, donde se identificaron algunos efectos poco frecuentes como trombosis, el experto recuerda que el riesgo asociado a la infección era mucho mayor. «La persona que padecía la COVID tenía mucho más riesgo de padecer estas trombosis por la propia infección», explica.
Por todo ello, el mensaje final del especialista es claro: mantener altas coberturas vacunales no es solo una cuestión individual, sino colectiva. En un contexto en el que las enfermedades pueden reaparecer, la vacunación sigue siendo una de las herramientas más eficaces para proteger la salud pública.
Porque, como resume Moraga-Llop, «el beneficio es tremendamente superior al riesgo».