El CNIO desarrolla una firma genética para identificar el 30% de las lesiones precancerosas de mama

Investigadores del CNIO identifican las "células infieles" y una firma genética que permite saber qué lesiones precancerosas de mama acabarán siendo cáncer, evitando el sobretratamiento en miles de mujeres

El abordaje del cáncer de mama podría experimentar un cambio de paradigma gracias a una investigación pionera liderada por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Un equipo del CNIO ha logrado identificar un marcador clave que permite distinguir qué lesiones precancerosas evolucionarán hacia un tumor invasivo y cuáles no. Este hallazgo, centrado en las denominadas “células infieles”, promete poner fin a una de las mayores sombras del diagnóstico actual: el sobretratamiento de miles de mujeres.

En la actualidad, la medicina se enfrenta a un desafío estadístico y humano de gran magnitud. Gracias a la mejora en las técnicas de imagen y a la eficacia de los programas de cribado, los diagnósticos de lesiones precancerosas han aumentado significativamente. Hoy en día, el 20% de los diagnósticos de cáncer de mama son, en realidad, lesiones precancerosas.

El problema reside en que, hasta este momento, la ciencia no disponía de herramientas para predecir cuáles de estas lesiones se transformarían en un cáncer invasivo. Según los datos del CNIO, solo un 30% de estas lesiones progresarán a cáncer, pero ante la incertidumbre, la inmensa mayoría de las pacientes son tratadas como si ya tuvieran un tumor maligno.

Como explica Eva González-Suárez, jefa del Grupo de Transformación y Metástasis del CNIO, «se trata innecesariamente a un número muy alto de mujeres», una realidad que hasta ahora era inevitable por la falta de marcadores específicos.

¿Qué son las ‘células infieles’ y por qué son la clave?

El estudio, publicado en la revista Nature Communications, arroja luz sobre el origen biológico de los tumores de mama. Tradicionalmente, se pensaba que el tejido mamario mantenía una división clara entre sus componentes: las células luminales encargadas de la producción de leche, y las células basales, contráctiles, cuya función es permitir la expulsión de dicha leche.

Hasta ahora, la comunidad científica sugería que los tumores se originaban únicamente en una subpoblación de las células luminales. Sin embargo, el trabajo liderado por González-Suárez y que cuenta con Jaime Redondo-Pedraza como primer autor, rompe con este esquema.

La investigación demuestra que el cáncer puede comenzar en un tipo de células que los autores han bautizado como “células infieles”. Estas células derivan de las células basales que, debido a la influencia de una proteína específica, pierden su identidad.

La pieza central de este rompecabezas biológico es la proteína RANK. Su intervención en la formación de tumores de mama no es un descubrimiento nuevo para el equipo; la propia Eva González-Suárez ya identificó su papel en el año 2010 mientras trabajaba en el IDIBELL.

En este nuevo estudio, se ha observado que cuando la proteína RANK se expresa en las células basales, estas sufren una metamorfosis. Dejan de ser puramente basales pero no llegan a ser luminales; se convierten en células híbridas o «infieles».

Esta pérdida de identidad es el detonante del cáncer. Según la investigadora, la identidad definida de las células actúa como un escudo protector, pero «cuando las células pierden su identidad inicial y se convierten en esas células híbridas o infieles… es cuando dan lugar a la aparición del cáncer«. Lo más relevante es que estas células infieles son el origen de todos los tipos de tumores de mama, incluyendo tanto los luminales, con receptores hormonalesm como los agresivos «triples negativos».

Una firma genética para identificar el peligro real

Más allá del hallazgo biológico, el equipo del CNIO ha desarrollado una herramienta práctica: una firma genética. Esta herramienta es capaz de detectar la presencia de estas células infieles en el origen de las lesiones precancerosas, permitiendo predecir si evolucionarán hacia tumores invasivos.

Para validar este marcador, los investigadores siguieron un proceso riguroso. Durante la fase experimental se procede a la identificación de la firma genética en modelos de ratón. Después es el turno de la validación humana, una prueba del marcador en una cohorte de lesiones precancerosas mamarias humanas.

    Los resultados han sido exitosos, demostrando que el marcador puede identificar con precisión qué lesiones se convertirán en cáncer. Esto es especialmente relevante para casos de carcinoma ductal in situ, una lesión precancerosa frecuente que, hasta la fecha, se trataba de forma agresiva de manera preventiva ante la imposibilidad de conocer su evolución.

    Impacto en la práctica clínica y futuro de la oncología

    El descubrimiento del CNIO no solo aporta conocimiento académico, sino que tiene el potencial de transformar la gestión hospitalaria y la calidad de vida de las pacientes. Al reducir el sobretratamiento, se evitarían cirugías, radioterapias y quimioterapias innecesarias en mujeres cuyas lesiones nunca habrían supuesto una amenaza para su vida.

    No obstante, los investigadores llaman a la prudencia y marcan los siguientes pasos. Según Eva González-Suárez, el objetivo ahora es «confirmar la firma con una cohorte independiente y refinarla para poder utilizarse en la clínica». Solo tras este proceso de validación final podrá integrarse en el sistema sanitario para discernir qué pacientes necesitan tratamiento inmediato y cuáles pueden ser sometidas a una vigilancia menos invasiva.


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