La contaminación del aire no solo daña los pulmones, tiene impacto «oculto» en el hígado a través del microbioma

El estudio describe por primera vez cómo la alteración del microbioma pulmonar favorece la disfunción hepática inducida por contaminantes

contaminación

La contaminación atmosférica por ozono (O₃) está en aumento en todo el mundo y representa una seria amenaza para la salud pública. Aunque sus efectos sobre las vías respiratorias y el sistema cardiovascular están bien documentados, un nuevo estudio ha demostrado que este contaminante también ejerce un impacto silencioso sobre otros órganos, en particular el hígado, a través de un mecanismo mediado por el microbioma pulmonar.

El trabajo, desarrollado por un equipo de la Universidad de Fudan junto con otras instituciones y publicado en Frontiers of Environmental Science & Engineering, aporta pruebas experimentales de cómo el ozono puede alterar la comunicación entre pulmones e hígado, estableciendo un «eje pulmón-hígado» clave en la propagación del daño sistémico.

Exposición prolongada a la contaminación y efectos multiorgánicos

En el estudio, ratones fueron expuestos durante 30 días a concentraciones de ozono comparables a las que se encuentran en entornos urbanos contaminados. A pesar de mantener una dieta normal, los animales mostraron un menor aumento de peso y presentaron lesiones histopatológicas tanto en los pulmones como en el hígado.

En el tejido pulmonar se observaron signos de congestión e inflamación, junto con una reducción de las defensas antioxidantes. Genes protectores como Sod2 y Ucp2 se vieron suprimidos, mientras que los marcadores inflamatorios Il-1β e Il-18 aumentaron significativamente. Asimismo, las proteínas de unión estrecha, como la ocludina, disminuyeron, lo que refleja un deterioro en la barrera protectora pulmonar.

Los análisis también mostraron cambios profundos en el microbioma pulmonar: la diversidad microbiana disminuyó, las bacterias beneficiosas se redujeron y proliferaron taxones dañinos asociados a inflamación. La estructura de la red microbiana se volvió más simple, lo que refleja una pérdida de complejidad en las interacciones bacterianas. Estas alteraciones se correlacionaron con la desregulación de la expresión génica inmunitaria, lo que sugiere que la disbiosis microbiana es un factor clave en la lesión pulmonar.

Daño hepático y estrés oxidativo

El impacto del ozono no se limitó a los pulmones. Los ratones expuestos desarrollaron necrosis hepática, acumulación de lípidos y anomalías bioquímicas significativas. Entre ellas, aumentos en los niveles de aspartato aminotransferasa (AST), malondialdehído (MDA) e iones de hierro, junto con una disminución de glutatión (GSH) tanto en el hígado como en el plasma.

El perfil lipidómico confirmó signos de ferroptosis, un tipo de muerte celular asociada con el desequilibrio oxidativo. El análisis multiómico de mediación indicó que las alteraciones en el microbioma pulmonar y la lesión pulmonar desempeñaron un papel central en la desregulación lipídica hepática.

«Tradicionalmente, el ozono se ha considerado un peligro respiratorio, pero nuestro trabajo demuestra que su influencia va mucho más allá», señaló Dan Li, autor correspondiente del estudio. «Al alterar el microbioma pulmonar, el ozono desencadena una cadena de eventos que culmina en daño hepático y alteración metabólica. Esta comunicación oculta entre pulmón e hígado arroja luz sobre cómo las exposiciones ambientales pueden propagarse por el organismo».

Según los investigadores, estos hallazgos obligan a replantear la forma en que se evalúan los riesgos del ozono. Más allá de provocar tos o agravar el asma, este contaminante debe considerarse un agente sistémico capaz de alterar múltiples órganos mediante mecanismos biológicos interconectados.

Implicaciones para la salud pública

El estudio abre nuevas perspectivas de intervención frente a los efectos del ozono, que podrían abarcar desde terapias antioxidantes y dirigidas al microbioma hasta políticas ambientales más estrictas que reduzcan sus niveles en la atmósfera. Además, proporciona fundamentos científicos sólidos para reforzar los estándares de calidad del aire a nivel mundial.

En definitiva, la investigación demuestra que el ozono no solo compromete la función pulmonar, sino que también puede desencadenar un «doble golpe» al organismo al afectar al hígado a través del eje pulmón-hígado, lo que lo convierte en un contaminante de alcance sistémico y con consecuencias mucho más amplias para la salud pública de lo que se pensaba hasta ahora.


También te puede interesar…