A nivel mundial, la arritmia cardíaca afecta a más de 60 millones de personas, una cifra que se espera que se duplique en las próximas décadas. Con el avance exponencial de las nuevas tecnologías y la profesionalización médica en esta materia, ¿por qué mapear el corazón mediante la maniobra de catéteres invasivos durante procedimientos prolongados en el quirófano? ¿Por qué limitar la visión a una sola cámara cardíaca? Esto ya ha pasado a la historia gracias al sistema pionero de Corify Care, que permite realizar un mapeo cardíaco global latido a latido en tiempo real en menos de 10 minutos desde la llegada del paciente.
El sistema fusiona hardware avanzado, que incluye un amplificador de biopotencial de alta resolución y un chaleco sensor de rápida colocación, con tecnologías de vanguardia de procesamiento de imágenes y señales. Esta integración ofrece a los médicos mapas electroanatómicos detallados de la superficie del corazón, que muestran su actividad eléctrica a través de un enfoque completamente no invasivo. De esta forma es capaz de generar mapas en tiempo récord sin depender de otros sistemas de imágenes o catéteres endocárdicos. Además, está diseñado para funcionar sinérgicamente con información estructural como mapas de fibrosis de LGE-MRI o registros endocárdicos a través de catéteres, logrando un mapeo global del corazón por primera vez.
Dos décadas de trabajo
Según indica a Gaceta Médica Felipe Atienza, jefe de Sección del Servicio Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, la creación de Corify fue el resultado de muchos años de investigación colaborativa de los miembros del Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia, en el campo de la investigación básica, computacional y estudios clínicos en pacientes. «Los prometedores resultados nos llevaron a pensar que podíamos contribuir a la mejoría de la salud de nuestros pacientes con el desarrollo de una herramienta que facilitase el diagnóstico y tratamiento de las arritmias cardíacas», sostiene.
Siguiendo esta línea, menciona que han sido aproximadamente 20 años los que han tardado desde el desarrollo de los primeros prototipos hasta lograr tener un dispositivo estandarizado capaz de producirse de forma sistemática por la industria y que cuenta con las aprobaciones de agencias reguladoras como la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) y la obtención del marcado CE, que garantiza la seguridad y utilidad el nuevo dispositivo en Europa. «Este producto es el resultado de la colaboración multidisciplinar de cardiólogos, electrofisiólogos, biólogos e ingenieros, donde cada uno ha contribuido en sus áreas de conocimiento para el desarrollo del sistema actual», informa.
Impacto sobre la personalización y la efectividad del tratamiento
El impacto del innovador sistema sobre la detección temprana de arritmias en la prevención de enfermedades cardiovasculares graves es notable. «El análisis no-invasivo puede permitir detectar alteraciones que pueden predisponer a la ocurrencia de arritmias», asevera Atienza. «Estamos diseñando estudios dirigidos a analizar la eficacia del sistema Corify para detectar el riesgo de sufrir arritmias ventriculares en pacientes con patologías como la cardiopatía isquémica», garantiza. De hecho, hace referencia a que este dispositivo «nos permitirá personalizar el tratamiento para seleccionar mejor la necesidad de implantar sistemas como es el desfibrilador automático implantable en estudios coordinados por el Hospital Clinic de Barcelona».
De hecho, su repercusión en la agilización del diagnóstico de arritmias cardíacas en comparación con los métodos tradicionales es destacable. En este sentido, Atienza alega que la detección no-invasiva de arritmias permite identificar sus causas y facilita la elección del tratamiento más efectivo en cada caso. A su vez, saca a colación que, con frecuencia, se enfrentan a arritmias cardíacas cuyo mecanismo es difícil de caracterizar con el electrocardiograma convencional. «Esta herramienta ha sido de muchísima utilidad en los últimos 100 años, pero tiene limitaciones por su discreta capacidad de discriminación y por la complejidad de las arritmias que actualmente nos estamos enfrentando», asegura.
Incidiendo en la personalización del tratamiento, Atienza subraya que permite seleccionar mejor el tratamiento para pacientes con arritmias auriculares de tres maneras: en primer lugar, evaluando la complejidad de la arritmia auricular seleccionando aquellos que se beneficiarían de tratamiento intervencionista y cuales requieren tratamiento farmacológico, caracterizando la cámara de origen de la arritmia (derecha o izquierda) y valorando el resultado de la ablación, cuando el sistema se implanta durante el curso de un procedimiento de ablación, para así identificar el origen de nuevas arritmias que aparezcan en el curso del procedimiento.
En la actualidad, el sistema Corify puede emplearse en cualquier tipo de arritmia, aunque su utilización ha sido más frecuente y tienen gran experiencia en pacientes con arritmias auriculares, como la fibrilación, el flutter o la taquicardia auricular. También existe mucha experiencia en arritmias ventriculares como los extrasístoles y la taquicardia ventricular. Además, se está utilizando en pacientes a los que se ha implantado un marcapasos de resincronización para comprobar la eficacia del procedimiento. Por otra parte, ya ha comenzado a utilizarse en pacientes sin arritmias en el momento de realizar el registro para determinar su predisposición a sufrir arritmias graves o evaluar la potencial eficacia de tratamientos intervencionistas.
Casi 2000 pacientes beneficiados
Hasta ahora el número de pacientes en los que se ha utilizado roza los 2000. «El crecimiento del número de pacientes ha sido exponencial conforme se han ido incorporando nuevos centros en la utilización del sistema tanto en España como en otros centros europeos como Portugal, Suecia y muy pronto en Alemania o Estados Unidos», sostiene Atienza. Asimismo, destaca las ventajas del sistema ligadas a la seguridad y comodidad de los pacientes durante los procedimientos de mapeo cardíaco. «El sistema de Corify es totalmente inocuo y es perfectamente tolerado por el paciente», hace hincapié. «La tasa de intolerancia a las pegatinas utilizadas es similar a la de cualquier dispositivo de monitorización electrocardiográfica convencional», explica. Además, indica que el paciente puede llevar puesto el dispositivo durante las 2-3 horas, que puede prolongarse un estudio electrofisiológico con excelente tolerancia, sin ningún efecto secundario.
«El sistema de Corify es totalmente inocuo y es perfectamente tolerado por el paciente»
Con respecto al feedback que han recibido por parte de los pacientes, Atienza corrobora que ha sido «muy positivo», tanto por la buena tolerancia y sencillez del sistema como por la confianza que les imprime saber que se van a utilizar todos los medios disponibles para tratar de la mejor manera posible su patología.
¿Puede ser empleado por cardiólogos y arritmólogos?
Según indica el jefe de Sección del Servicio de Cardiología del Gregorio Marañón, con su diseño actual, el sistema requiere su utilización por personal técnico especializado, «no tanto por la obtención de las señales que es sencilla y puede ser realizada por enfermería, sino por el análisis de las señales que requiere una formación específica por un técnico de campo». No obstante, indica que están diseñando un equipo más básico cuya utilización sea mucho más sencilla y pueda ser utilizado e interpretado por cardiólogos y arritmólogos tras una formación equivalente a la que requiere la interpretación de un electrocardiograma convencional.
Integración con otros dispositivos médicos y sistemas de IA
Corify Care ya utiliza sistemas de inteligencia artificial (IA) para estimar la posición del corazón dentro del tórax y evitar la necesidad de utilizar sistemas de TAC. Además, Atienza relata que «el análisis de las señales electrocardiográficas obtenidas también está siendo analizadas mediante IA con resultados preliminares pero muy prometedores». «La integración con otros equipos de cartografía cardíaca invasiva podría ser el futuro de esta tecnología para fusionar los datos no-invasivos con los obtenidos mediante contacto endocárdico», asevera.
Motivo de ello, se espera que el sistema encuentre patrones sorprendentes o inesperados nunca antes revelados del corazón. «Esto es algo que es muy posible y que difícilmente ahora podemos anticipar, pero indudablemente surgirán nuevas perspectivas y oportunidades de tratamiento por ahora desconocidas para nosotros», enfatiza Atienza. Asimismo, alzando la vista al futuro el jefe de Sección del Servicio de Cardiología del Gregorio Marañón afirma que todo apunta a que «el sistema claramente está evolucionando hacia el análisis de otras patologías cardiovasculares como la cardiopatía isquémica, las miocardiopatías o las cardiopatías familiares, como el síndrome de Brugada, donde ya hay datos preliminares muy prometedores».
«No parece descartable que con la mejora de estos sistemas en el futuro este sistema pueda utilizarse en otras arritmias más frecuentes para ser tratadas también de forma no invasiva»
Pese a los avances logrados, al menos a corto plazo, para Atienza el mapeo cardíaco no invasivo no reemplazará completamente los métodos invasivos. «El tratamiento definitivo de la mayoría de las arritmias actualmente se centra en la utilización de métodos invasivos para eliminar tejido patológico mediante ablación o la implantación de sistemas de estimulación cardíaca», señala. «En el momento actual Corify, es un método diagnóstico de arritmias cardíacas, para caracterizar, estratificar y analizar su evolución tras las intervenciones de arritmias cardíacas», prosigue. Sin embargo, saca a colación que existen datos preliminares de la utilización de sistemas de mapeo no invasivo para posteriormente aplicar técnicas de radioablación no invasiva para el tratamiento no invasivo de arritmias ventriculares malignas. Por tanto, «no parece descartable que con la mejora de estos sistemas en el futuro este sistema pueda utilizarse en otras arritmias más frecuentes para ser tratadas también de forma no invasiva», concluye Atienza.

