«Cualquier compuesto que reduzca la expresión de las quinasas P38 mitigará los efectos de las enfermedades inflamatorias»

Ana Isabel Cuenda (CNB-CSIC) explica a GM su papel en la producción de citoquinas durante la inflamación

El Centro Nacional de Biotecnología (CNB), perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), lleva tiempo investigando sobre las quinasas P38, unas proteínas que desempeñan un papel crucial en la producción de citoquinas durante la inflamación. Este hallazgo resulta fundamental, ya que las enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide y la enfermedad inflamatoria intestinal, son condiciones que afectan a millones de personas en todo el mundo. Ana Isabel Cuenda, investigadora del CNB-CSIC, explica a Gaceta Médica que en su laboratorio han descubierto que las quinasas P38 podrían convertirse en dianas terapéuticas para nuevos tratamientos en enfermedades inflamatorias. “Creemos que cualquier compuesto que pueda reducir la expresión o inhibir su actividad podría ofrecer una terapia efectiva para mitigar los efectos de la inflamación”, explica.

«Nuestra investigación se centra en aspectos básicos, analizando cómo se desarrollan ciertos procesos biológicos. Hemos observado que diversas células del sistema inmunológico, incluidas las células T y B, que son tipos de leucocitos, así como los macrófagos, los monocitos y las células dendríticas, desempeñan un papel crucial en el desarrollo de enfermedades inflamatorias», admite Cuenda. Dentro de estas células, explica que existen proteínas que regulan su funcionamiento. «Si estas proteínas no actúan correctamente, las células pierden su capacidad para desempeñar sus funciones adecuadamente, lo que puede conducir a la aparición de la enfermedad», matiza.

Investigación en modelos animales

Los investigadores del CNB están realizando su estudio en modelos animales, específicamente en ratones. Estos experimentos son fundamentales para evaluar la eficacia y seguridad de los compuestos antes de avanzar a ensayos clínicos en humanos. En investigaciones anteriores, desarrollaron compuestos que alcanzaron la Fase III con el objetivo de inhibir las quinasas P38. Sin embargo, estos compuestos resultaron ser tóxicos y presentaron efectos adversos en los pacientes. “A pesar de su buen desempeño en cultivos celulares y modelos animales, no lograron cumplir con los estándares requeridos para su uso clínico”, señala Cuenda.

En algunos casos, observaron que ciertas proteínas pueden aumentar la inflamación. «Aunque estas proteínas no pertenecen a la misma familia que las que estamos estudiando, su función es fundamental, ya que modulan la inflamación», subraya. Por tanto, admite que es necesario que estas proteínas estén activas para que, al alcanzar ciertos niveles de inflamación, se produzca su detención. «Si inhibimos estas proteínas, el proceso de detención de la inflamación no se controla adecuadamente, lo que puede llevar a una inflamación persistente y en aumento. Además, hemos observado que este efecto acumulativo también puede resultar en toxicidad hepática», reitera.

En la actualidad, su equipo de investigación está trabajando en el desarrollo de compuestos más específicos que minimicen estos efectos adversos, con el objetivo de ofrecer tratamientos más seguros y eficaces para las personas que sufren de enfermedades inflamatorias crónicas. Este avance no solo subraya la importancia de la investigación básica en el desarrollo de nuevos tratamientos, sino que también ofrece esperanza para mejorar la calidad de vida de quienes padecen estas condiciones debilitantes.

Más fusiones y adquisiciones

En el ámbito de las enfermedades inflamatorias, las fusiones, adquisiciones, concesiones de licencias y alianzas están en pleno auge, impulsadas por las nuevas oportunidades que ofrecen las dianas terapéuticas emergentes. Una revisión realizada por The Pharma Letter confirma que en los últimos tres meses se han anunciado múltiples alianzas estratégicas dirigidas a enfermedades crónicas inflamatorias como la artritis, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Se estima que el mercado mundial de estas enfermedades alcanzará los 212.000 millones de euros en 2032, con una tasa de crecimiento compuesto anual (CAGR) del 8,4 por ciento entre 2023 y 2032. Este crecimiento estará impulsado por el aumento de la prevalencia de estas afecciones y los avances en terapias biológicas.

Las grandes compañías farmacéuticas han respondido a estas oportunidades mediante adquisiciones estratégicas, licencias y alianzas, con una inversión de 15.673 millones de euros durante los primeros tres meses de 2024, para ampliar su presencia en el campo de las enfermedades inflamatorias. Nuevas dianas terapéuticas, como ChemR23, la interleucina 10, el activador de NRF2, las células Tregs y productos biológicos dirigidos a TL1A, están surgiendo como áreas clave de interés.

Esta ola de inversiones y alianzas subraya el creciente interés en desarrollar nuevas terapias para enfermedades inflamatorias complejas, lo que podría abrir nuevas vías para tratar o incluso curar algunas de estas afecciones debilitantes en los próximos años. Las nuevas tecnologías, como las proteínas de fusión bifuncionales, los nanocuerpos y las terapias basadas en células, ofrecen un horizonte prometedor, aunque aún pasarán varios años antes de que se confirmen los datos clínicos que permitan comercializarlas a gran escala.


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