El desequilibrio bacteriano en el estómago podría determinar quienes desarrollan tumores neuroendocrinos

Un nuevo estudio ha identificado cómo los cambios en la microbiota gástrica influyen en el desarrollo de tumores neuroendocrinos en pacientes con gastritis autoinmune

tumores neuroendocrinos

Un equipo de investigadores de la Universidad Metropolitana de Osaka ha identificado cómo los cambios en la microbiota gástrica —la comunidad de bacterias que habita el estómago— influyen en el desarrollo de tumores neuroendocrinos (TNE) en pacientes con gastritis autoinmune (GAI). El hallazgo, publicado en Journal of Gastroenterology, abre la puerta al diseño de nuevas estrategias de diagnóstico precoz y prevención de este tipo de cáncer.

La gastritis autoinmune es una enfermedad crónica en la que el sistema inmunitario ataca por error el revestimiento del estómago, lo que provoca una inflamación persistente y la pérdida progresiva de células encargadas de producir ácido gástrico. Esta alteración favorece un entorno más alcalino y modifica el equilibrio de microorganismos que residen en el estómago. Con el tiempo, la GAI puede conducir a la aparición de tumores neuroendocrinos gástricos, formados a partir de células que producen hormonas y otras sustancias reguladoras.

Menor diversidad microbiana y desequilibrio bacteriano

El equipo analizó muestras de tejido gástrico obtenidas por biopsia en pacientes con y sin tumores neuroendocrinos asociados a gastritis autoinmune. A partir del ADN microbiano extraído, los investigadores estudiaron la composición bacteriana y las reacciones metabólicas presentes en los tejidos.

Uno de los primeros hallazgos fue una reducción significativa en la diversidad microbiana (diversidad α) de los pacientes con GAI, medida mediante índices como Shannon o Simpson. «Una menor diversidad bacteriana suele asociarse con estados patológicos y con un mayor riesgo de neoplasias gastrointestinales», explicaron los autores en el estudio. Este patrón sugiere que la pérdida de variedad microbiana podría contribuir al desarrollo tumoral.

El análisis mostró que los pacientes con TNE presentaban comunidades bacterianas claramente distintas de aquellos sin tumores. En el grupo con TNE, se detectaron niveles más altos de Proteobacterias y Fusobacterias, especialmente Haemophilus parainfluenzae, Fusobacterium periodonticum y Fusobacterium nucleatum, microorganismos implicados en procesos inflamatorios y en la progresión de varios tipos de cáncer, como el colorrectal o el oral.

Por el contrario, las bacterias beneficiosas como los Firmicutes, en particular Streptococcus salivarius y Veillonella atypica, se encontraron en menor cantidad. Estas especies suelen ejercer un papel protector, ya que producen sustancias antiinflamatorias y contribuyen al mantenimiento del equilibrio microbiano. Su disminución podría, por tanto, eliminar una barrera natural frente a la inflamación crónica.

Un metabolismo alterado que precede al cambio bacteriano

Además de la composición microbiana, los investigadores analizaron los metabolitos presentes en los tejidos gástricos, con el objetivo de identificar posibles alteraciones bioquímicas. Los resultados mostraron una reprogramación metabólica en las células de pacientes con GAI, caracterizada por una reducción en las vías de la glucólisis y del ciclo del ácido tricarboxílico (TCA), procesos esenciales para la producción de energía. En su lugar, las células parecían depender de rutas metabólicas alternativas para mantener su funcionamiento.

Según los investigadores, este cambio podría estar vinculado a la disfunción mitocondrial, a la inflamación crónica y a una mayor demanda de reparación del tejido gástrico. En conjunto, estas modificaciones metabólicas podrían crear un entorno favorable para el crecimiento de bacterias proinflamatorias y, en última instancia, para la formación de tumores neuroendocrinos.

«El estudio sugiere que, en pacientes con gastritis autoinmune, los cambios metabólicos del huésped ocurren antes de las alteraciones en la microbiota gástrica, creando un microambiente que favorece el crecimiento de bacterias vinculadas a la formación de tumores neuroendocrinos», señalaron los autores. «Nuestros hallazgos mejoran la comprensión de cómo la enfermedad progresa desde su inicio hasta el desarrollo tumoral y pueden contribuir al diseño de nuevos marcadores de diagnóstico temprano y estrategias preventivas».

Una relación compleja

El análisis histopatológico de las muestras reveló que la mayoría de los tumores se localizaban en el cuerpo y fondo gástrico, zonas coincidentes con la atrofia mucosa típica de la gastritis autoinmune. Además, los investigadores observaron que estos tumores podrían comenzar a desarrollarse antes de que el daño tisular alcance su fase más avanzada, caracterizada por la metaplasia intestinal completa.

Esto sugiere que la formación de TNE puede estar vinculada a micronidos de células endocrinas gástricas, pequeñas agrupaciones de células que proliferan anómalamente dentro de la mucosa. En otras palabras, los tumores podrían surgir de un proceso de transformación precoz y no necesariamente depender del grado de daño estructural del estómago.

El análisis integrado del microbioma y del metaboloma —un enfoque que combina datos bacterianos y metabólicos— mostró asociaciones específicas entre ciertos perfiles metabólicos y la presencia de gastritis autoinmune, mientras que determinadas configuraciones bacterianas estaban más vinculadas al desarrollo de TNE. Esto apunta a una posible secuencia de eventos: primero se producen los cambios metabólicos del huésped, y después la disbiosis bacteriana, que a su vez refuerza la inflamación y la progresión tumoral.

Los autores reconocen que el estudio presenta algunas limitaciones, entre ellas el reducido número de pacientes analizados, dado que tanto la gastritis autoinmune como los tumores neuroendocrinos gástricos son poco frecuentes. Asimismo, la técnica empleada (secuenciación del ARNr 16S) limita la capacidad para analizar funciones bacterianas específicas, y los metabolitos detectados proceden principalmente del tejido del huésped más que de las bacterias.

Aun así, el trabajo constituye un avance importante en la comprensión del papel de la microbiota gástrica y el metabolismo celular en la formación de tumores. Los investigadores abogan por realizar estudios multicéntricos de mayor escala que confirmen estos hallazgos y permitan desarrollar pruebas diagnósticas basadas en firmas metabólicas o microbianas.

La integración de análisis microbiológicos y metabólicos podría convertirse, en un futuro cercano, en una herramienta valiosa para la detección temprana y la prevención del cáncer gástrico.


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