La multimorbilidad, definida como la presencia simultánea de dos o más enfermedades crónicas, representa un desafío clave en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) debido a su impacto en la complejidad de la atención, los desenlaces clínicos y el aumento de la mortalidad. Por ello, un reciente estudio realizado en Canadá tuvo como objetivo analizar la mortalidad prematura (el fallecimiento antes de los 75 años) en personas con EII e identificar patrones entre la multimorbilidad y la mortalidad prematura en esta población.
Los resultados, publicados en Canadian Medical Association Journal, se extrajeron de datos de residentes de Ontario con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) que fallecieron entre 2010 y 2020, de los cuáles casi la mitad sufrió una muerte prematura. En este sentido, los especialistas aseguran que las comorbilidades no directamente relacionadas con la EII mostraron una fuerte capacidad predictiva de este desenlace. Factores como un diagnóstico temprano de trastornos del estado de ánimo, osteoartritis y otros tipos de artritis, trastornos de salud mental e hipertensión, junto con el sexo masculino, se asociaron con un mayor riesgo de muerte prematura.
Capacidad predictiva
Este estudio se basó en investigaciones previas para modelar la capacidad predictiva de las enfermedades crónicas no relacionadas con la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) en la mortalidad prematura, utilizando técnicas de aprendizaje automático.
El uso de índices de comorbilidad convencionales, como el índice de Charlson o los grupos clínicos ajustados, puede ocultar las interrelaciones entre patologías y dificultar la identificación de aquellas más relevantes para el desenlace clínico. Si bien la presencia de tres o más comorbilidades se asoció con un mayor riesgo de mortalidad, el impacto varió según la combinación específica de enfermedades.
La presencia de tres o más comorbilidades se asoció con un mayor riesgo de mortalidad, el impacto varió según la combinación específica de enfermedades
En este sentido, los modelos de aprendizaje automático pueden reflejar mejor la complejidad de estas interacciones sin necesidad de una especificación previa. De hecho, tal y como aseguran en la investigación, en otras áreas clínicas, estos modelos han demostrado una mayor capacidad discriminativa que los enfoques tradicionales de regresión, como en la predicción de la mortalidad intrahospitalaria tras cirugía cardíaca electiva o la muerte prematura en la población general.
«Utilizar la mortalidad prematura como variable de desenlace permite identificar oportunidades de mejora en el sistema de salud, dado que muchas de estas muertes podrían prevenirse mediante estrategias adecuadas de prevención y tratamiento temprano», destacan en el estudio.
Factores predictivos de mortalidad prematura
Los hallazgos coinciden con estudios anteriores que identifican factores predictivos de mortalidad prematura en personas con EII. En la población general, la mortalidad prematura es más frecuente en hombres, mientras que los trastornos del estado de ánimo y de salud mental han sido asociados con un mayor riesgo de muerte debido a su impacto en los comportamientos de salud, factores psicosociales y efectos adversos de ciertos tratamientos.
Asimismo, la hipertensión, particularmente cuando se diagnostica en edades tempranas, se ha vinculado con un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa. En el caso de la osteoartritis, su asociación con la mortalidad prematura ha sido documentada en personas menores de 65 años, aunque los mecanismos subyacentes aún no están completamente aclarados.
En el contexto de la EII, la coexistencia de estas enfermedades podría estar relacionada con la fisiopatología subyacente o con las implicaciones psicosociales de vivir con esta condición. Por ejemplo, los trastornos del estado de ánimo son más frecuentes en personas con EII, posiblemente debido al dolor y la fatiga crónicos, la presencia de citocinas proinflamatorias, el uso de corticosteroides u otros factores psicosociales, como el aislamiento social.
No obstante, otras afecciones bien documentadas en pacientes con EII, como la enfermedad cardiovascular, la insuficiencia renal o la osteoporosis, fueron menos relevantes en nuestro modelo predictivo, lo que podría explicarse porque suelen presentarse después de los 60 años. Sin embargo, un análisis de sensibilidad adicional, que incluyó enfermedades diagnosticadas hasta los 75 años, mostró patrones similares.
La singularidad de este estudio radica en dos aspectos clave. Primero, la predicción de la mortalidad prematura en personas con EII se realizó sin incluir datos específicos sobre el diagnóstico ni el manejo de la enfermedad, lo que resalta la influencia de las comorbilidades en los desenlaces clínicos. Segundo, al entrenar los modelos con enfermedades crónicas diagnosticadas en etapas tempranas de la vida, se logró una mayor precisión predictiva en comparación con modelos que incluyen enfermedades desarrolladas en cualquier edad.
Desde una perspectiva clínica, los investigadores indican que estos hallazgos sugieren que las enfermedades crónicas en la juventud pueden ser determinantes clave en la trayectoria de salud de los pacientes, aunque se requieren estudios adicionales para comprender mejor esta relación causal. Aunque nuestros resultados no establecen causalidad, sí permiten identificar a pacientes con mayor riesgo de muerte prematura, lo que podría facilitar un seguimiento más específico y una mejor comprensión de su impacto en la gravedad de la EII.
La información actual sobre el manejo multidisciplinario de la EII ha priorizado el aumento del acceso a enfermería especializada, dietistas y profesionales de la salud mental, con menciones ocasionales a reumatólogos o dermatólogos para tratar manifestaciones extraintestinales.
No obstante, los resultados subrayan la necesidad de ampliar la integración con otras especialidades médicas y mejorar la coordinación de la atención. Estrategias de vigilancia, intervención temprana y atención preventiva, lideradas por equipos multidisciplinarios que abarquen diversas especialidades, serán fundamentales para garantizar una atención óptima de las comorbilidades en estos pacientes.
Así, los expertos indican que los hallazgos de este estudio pueden servir como base para desarrollar estrategias de atención multidisciplinaria y personalizada en pacientes con EII.