Desde el año 2021 la Asociación Española de Tripulantes de Cabina de Pasajeros (AETCP) colabora con el Biobanco del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) donando sangre y saliva, además de aportar muestras de orina, heces y uñas recogidas en su domicilio en unos tubos para que el Biobanco las custodie y gestione su cesión a la comunidad científica internacional.
¿El objetivo? Investigar la influencia de los ritmos circadianos sobre el sistema inmunitario y su relación con el cáncer. Y es que las muestras biológicas de este colectivo de trabajadores permiten estudiar el efecto sobre el organismo de estar sometido a un constante desfase horario o ‘jet lag’. Y es que el cuerpo tiene un reloj interno para adaptarse a las condiciones de día y noche, por lo que cuando hay un desajuste de ritmos circadianos que se mantiene durante un tiempo prolongado, podría haber un impacto en la salud.
En concreto, la primera solicitud para acceder a las muestras llegó inmediatamente del propio CNIO, a través de su Grupo de Inmunidad del Cáncer. María Casanova-Acebes y Alba de Juan investigan si alterar constantemente los biorritmos aumenta el riesgo de cáncer, teniendo también en cuenta el metabolismo. «Nuestro sistema inmunitario tiene un ciclo de 24 horas, con una etapa de reposo y otra activa, en la que hay más leucocitos –glóbulos blancos- en los tejidos», explica De Juan. «Pensamos que en las personas sometidas constantemente a ‘jet lag’ o a cambios de turno ese ciclo se desincroniza, el número y las funciones de sus leucocitos dejan de ser óptimas», agrega.
Comprobar en humanos
La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) clasifica el trabajo que altera ritmos circadianos como «probablemente carcinógeno». Sin embargo, solo hay evidencia experimental «suficiente» en animales y evidencia «limitada» en humanos.
Y esas hipótesis, ya corroboradas en modelos animales, son las que van a comprobar con la cohorte de tripulantes de cabina de pasajeros. Para ello, han establecido tres grupos: tripulantes de vuelos de largo radio –larga distancia–, de corto radio –con menos distancia, pero con turnos más variables y cortos–, y un grupo de control con individuos que no vuelan y llevan una vida con horarios y costumbres regulares.

«En marzo de 2023 empezamos a recogerles muestras cada seis meses, para incluir la variabilidad debida a los cambios de estación», afirma Casanova-Acebes. «Los seguiremos durante cuatro años», expone. Para detectar los cambios estudiarán en su sangre la cantidad de células del sistema inmunitario «y si estas tienen un perfil más favorable a la inflamación», añade De Juan.
El desajuste inicial de los ritmos circadianos no viene solo provocado por la percepción de la luz natural. Hay otros estímulos externos que condicionan al cuerpo a comportarse en ‘modo día’ o ‘modo noche’: las comidas abundantes, la luz artificial, el ruido o la interacción con pantallas pueden ser un factor de activación. Se sabe que cuando esos estímulos externos de activación no están en sintonía con los biorritmos, pueden desencadenar distorsiones inflamatorias. Así, Casanova-Acebes busca «establecer qué cambios en el sistema inmunitario perpetuados en el tiempo serán responsables de enfermedades inflamatorias, entre ellas el cáncer«.
Riesgo laboral
Según Virginia López del Alcázar, responsable de AETCP, era necesario «demostrar de forma científica que nuestra salud se ve afectada por nuestra profesión». «Solo así podríamos pedir que se nos reconociera un riesgo laboral que sí se considera en otras profesiones del sector, como pilotos y fotógrafos aéreos», apunta.
«Junto a las muestras, los donantes aportan información detallada sobre su historial clínico y familiar, dieta, práctica de ejercicio, consumo de tabaco y horas y tipo de vuelo, entre otros datos», señala por su parte María Jesús Artiga, directora en funciones del Biobanco del CNIO. «Esta información confiere un valor extraordinario a la muestra para diferentes tipos de investigación», añade.
La colección es longitudinal, pues se recogen todos los años muestras de los mismos donantes, lo que la convierte en una herramienta valiosa para estudiar también marcadores tempranos de distintas enfermedades, tal y como destaca el CNIO a través de un comunicado de prensa. En el Biobanco la identidad del donante se sustituye por un código, de forma que se asegura la confidencialidad de datos y muestras.