La Electroporación Irreversible (IRE) es una alternativa quirúrgica en el tratamiento de tumores, especialmente indicada para aquellos localizados en órganos como el páncreas, el hígado, el riñón o la próstata. En algunos casos, cuando los tumores no son operables, las opciones terapéuticas son limitadas, sobre todo si están cercanos a estructuras delicadas. La IRE ofrece una opción terapéutica que amplía las posibilidades de ablación tumoral, aumentando la supervivencia de los pacientes. Según Rodrigo Alonso-González, radiólogo intervencionista de la Sociedad Española de Radiología Médica (SERAM) y autor principal del artículo “Electroporación irreversible: ampliando las fronteras de la ablación”, esta técnica se presenta como una alternativa eficaz.
El cáncer de páncreas, por su diagnóstico tardío y su elevada agresividad, sigue siendo uno de los más letales en medicina. Para los pacientes con tumores no operables, las opciones de tratamiento son muy limitadas y el pronóstico, generalmente, es desfavorable. La IRE, sin embargo, emerge como una alternativa viable para pacientes con cánceres localmente avanzados, sin metástasis, y puede contribuir a mejorar la supervivencia. Alonso-González destaca que, incluso en casos en los que los tumores están cerca de ser operables, la IRE puede reducir su tamaño lo suficiente para permitir que una cirugía sea viable, con mejores resultados.
El procedimiento de la IRE utiliza electricidad para destruir el tumor mediante pulsos eléctricos de alto voltaje. Estos pulsos son administrados a través de agujas electrodo que deben ser colocadas con precisión alrededor del tumor, guiadas por ecografía o TAC. “Las agujas que se emplean tienen un tamaño similar al de las agujas para extracción de sangre, y se insertan a través de la piel. La corriente eléctrica provoca la creación de pequeños poros en la membrana celular de las células tumorales, lo que acaba ocasionando su muerte”, explica Alonso-González.
A diferencia de otras técnicas ablativas, la IRE logra destruir las células malignas sin afectar las estructuras vitales circundantes, como vasos sanguíneos, vías urinarias o conductos biliares. Esta capacidad es especialmente útil para tumores localizados en áreas difíciles de alcanzar con otros tratamientos, como los tumores renales en zonas centrales o los hepáticos cercanos a grandes vasos. Además, tras la destrucción de las células tumorales, estas liberan moléculas que activan el sistema inmune del paciente contra el tumor. “En algunos casos, este efecto ha llevado a la desaparición de metástasis distantes del tumor original, lo que se conoce como el ‘efecto abscopal’. Esto resulta prometedor, especialmente porque cada vez más fármacos inmunoterápicos están diseñados para activar nuestro sistema inmunológico contra diversos tipos de cáncer, lo que hace que la combinación con IRE sea una opción interesante”, comenta Alonso-González.
Al igual que otras terapias ablativas, como la radiofrecuencia o las microondas, la IRE es un procedimiento mínimamente invasivo. Los pacientes pueden regresar a casa entre 24 y 48 horas después de la intervención, sin cicatrices y con una recuperación mucho más rápida en comparación con la cirugía. No obstante, como ocurre con otros tratamientos, se requiere anestesia general y una monitorización adecuada durante el procedimiento.
“La IRE tiene un futuro prometedor. En los próximos años, se publicarán muchos estudios comparativos con los tratamientos convencionales, lo que nos permitirá entender mejor su rol en la terapéutica oncológica. La combinación de IRE con inmunoterapia está mostrando resultados alentadores en los estudios iniciales. Además, los avances tecnológicos, como el uso de una sola aguja para la IRE o los sistemas robóticos y de planificación más precisos, perfilan un futuro optimista para esta terapia”, concluye Alonso-González.
El radiólogo intervencionista es el especialista encargado de realizar este procedimiento, que requiere de gran precisión para colocar varias agujas alrededor del tumor.
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