El estrés no solo afecta al estado de ánimo o al sistema cardiovascular. También altera directamente el funcionamiento del intestino. Esa conexión entre cerebro y aparato digestivo, conocida desde hace años por los especialistas, acaba de ser descrita con más detalle por investigadores del Centro Médico Beth Israel Deaconess (BIDMC), en Estados Unidos, que han identificado un mecanismo molecular capaz de ralentizar la digestión y favorecer el estreñimiento asociado al estrés.
El trabajo, publicado en la revista Journal of Biological Chemistry, describe cómo las hormonas del estrés interfieren en la comunicación entre neuronas del sistema nervioso entérico, una compleja red neuronal que regula el movimiento de los alimentos a lo largo del tracto digestivo y que a menudo se conoce como el «segundo cerebro» del intestino.
Los investigadores señalan que este hallazgo podría abrir la puerta al desarrollo de nuevas terapias para pacientes con síndrome del intestino irritable con predominio de estreñimiento (SII-E) y otros trastornos de la interacción intestino-cerebro.
El estudio estuvo dirigido por Subhash Kulkarni, profesor asistente de Medicina en la Harvard Medical School e investigador de la División de Gastroenterología del BIDMC. «El estudio identifica la biología básica que explica por qué el estrés ralentiza el tránsito intestinal y crea una plataforma a través de la cual se pueden generar y probar nuevas terapias para tratar el estreñimiento asociado al estrés», explicó Srinivas N. Puttapaka, uno de los autores principales del trabajo.
El papel del «segundo cerebro»
El sistema nervioso entérico (SNE) está formado por millones de neuronas distribuidas a lo largo del tubo digestivo. Aunque funciona de manera coordinada con el cerebro y la médula espinal, puede regular muchas funciones digestivas de manera autónoma, desde la motilidad intestinal hasta la secreción de enzimas.
Sin embargo, este sistema también responde a señales externas, incluidas las relacionadas con el estrés. Los científicos ya sabían que situaciones de tensión emocional o física podían modificar la actividad intestinal y empeorar síntomas como dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. Lo que todavía no estaba claro era el mecanismo exacto que conecta el estrés con la alteración de la motilidad digestiva.
Para investigarlo, el equipo utilizó modelos murinos sometidos a estrés y también animales tratados con dexametasona, un agonista sintético del receptor de glucocorticoides que reproduce algunos de los efectos hormonales del estrés.
Los resultados mostraron que tanto el estrés como la activación de los receptores de glucocorticoides reducían de forma significativa la expresión de BDNF, una neurotrofina fundamental para el funcionamiento neuronal. En concreto, se alteraban especialmente las isoformas Bdnf-IV y Bdnf-VI, consideradas sensibles a los glucocorticoides.
La disminución de estas señales afectaba a la comunicación neuronal del intestino y terminaba ralentizando el tránsito gastrointestinal.
La vía BDNF-TrkB, en el centro del problema
El trabajo identifica además una vía molecular concreta implicada en este fenómeno: la señalización entre el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y su receptor TrkB.
Los investigadores comprobaron que tanto BDNF como TrkB se expresan en neuronas entéricas adultas y desempeñan un papel relevante en el mantenimiento de la motilidad intestinal.
En condiciones normales, esta vía ayuda a que las neuronas intestinales respondan adecuadamente a los estímulos y coordinen el movimiento del contenido digestivo. Sin embargo, bajo estrés, el aumento de glucocorticoides reduce la expresión de BDNF y debilita la señalización hacia TrkB.
Según los autores, esto disminuye la sensibilidad y la capacidad de respuesta de determinadas neuronas entéricas, lo que conduce a una digestión más lenta y favorece el estreñimiento.
«Al determinar cómo el estrés interrumpe esta vía y demostrar que su función puede restablecerse, hemos identificado un objetivo claro y viable para desarrollar nuevos tratamientos para el síndrome del intestino irritable», señaló Puttapaka.
Recuperar la motilidad intestinal
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue comprobar que la alteración podía revertirse. Los científicos administraron HIOC, un agonista selectivo del receptor TrkB, a animales con dismotilidad intestinal inducida por dexametasona. Tras el tratamiento, observaron una mejora significativa de la motilidad gastrointestinal y una recuperación del tránsito intestinal.
Este resultado sugiere que estimular farmacológicamente la vía BDNF-TrkB podría convertirse en una estrategia terapéutica para pacientes con trastornos digestivos relacionados con el estrés.
Los autores recuerdan que investigaciones previas ya habían mostrado que el BDNF puede acelerar el tránsito gastrointestinal y que pacientes con estreñimiento de tránsito lento presentan niveles reducidos de esta molécula en tejidos intestinales. Además, algunos estudios habían observado que la administración exógena de BDNF mejoraba la motilidad digestiva en personas con estreñimiento. Sin embargo, hasta ahora no se comprendía con detalle cómo el estrés alteraba esta vía molecular ni cómo podía recuperarse.
Implicaciones para el síndrome del intestino irritable
El síndrome del intestino irritable es uno de los trastornos gastrointestinales funcionales más frecuentes y afecta a millones de personas en todo el mundo. Entre sus manifestaciones se encuentran dolor abdominal, distensión y alteraciones del ritmo intestinal, que pueden incluir diarrea, estreñimiento o ambos.
El estrés psicológico es uno de los factores que más contribuyen a exacerbar los síntomas. Por ello, comprender los mecanismos biológicos implicados en esa relación entre cerebro e intestino es una de las principales líneas de investigación en gastroenterología.
Los autores destacan que sus resultados identifican a TrkB como una «diana terapéutica prometedora» para mejorar la motilidad gastrointestinal en pacientes con trastornos de la interacción intestino-cerebro. No obstante, subrayan que los hallazgos todavía proceden de modelos preclínicos y que serán necesarios futuros estudios para confirmar si esta estrategia puede trasladarse con seguridad y eficacia a humanos.
Además, reconocen que el estrés activa múltiples vías hormonales y neuronales además de los glucocorticoides, por lo que futuras investigaciones deberán analizar cómo interactúan otros mediadores del estrés con la señalización BDNF-TrkB en el intestino.
Aun así, el trabajo aporta una de las explicaciones más detalladas hasta la fecha sobre cómo el estrés puede modificar directamente la función intestinal y ofrece nuevas pistas para tratar uno de los síntomas digestivos más incapacitantes en muchos pacientes: el estreñimiento persistente.