Un gen poco conocido se expande por hospitales y granjas generando «superbacterias» casi imposibles de tratar

Un equipo internacional liderado por la Universidad Complutense de Madrid ha detectado npmA2 en cepas de seis países y en muestras humanas, animales y ambientales, confirmando su propagación global

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Una amenaza silenciosa está comenzando a extenderse por hospitales, granjas y entornos naturales de todo el planeta. Se trata del gen npmA2, una variante casi desconocida hasta ahora que confiere a las bacterias una resistencia total a los aminoglucósidos, una familia de antibióticos considerados como última línea de defensa frente a infecciones graves.

Esta ha sido la conclusión de un estudio publicado en Nature Communications, dirigido por Bruno González-Zorn, catedrático de Sanidad Animal en la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con el Instituto Wellcome Sanger (Reino Unido), el Instituto Pasteur (Francia) y centros de investigación en Países Bajos y Australia.

Los investigadores analizaron casi dos millones de genomas bacterianos y hallaron evidencias preocupantes de cómo el gen npmA2 se está diseminando a través de diversas especies bacterianas —algunas ya conocidas por su resistencia a múltiples fármacos—, lo que multiplica el riesgo de aparición de «superbacterias» prácticamente intratables.

«El npmA2 es como un fantasma: casi nadie sabía de su existencia y, sin hacer ruido, ha empezado a aparecer en distintas partes del mundo y en bacterias que ya son difíciles de controlar», advierte González-Zorn.

Un «caballo de Troya» genético

El gen npmA2 no viaja solo. Lo hace camuflado en un fragmento móvil de ADN —un elemento genético móvil (MGE, por sus siglas en inglés)— que actúa como un auténtico «caballo de Troya». Este fragmento, identificado como Tn7734, se integra dentro de una estructura aún más compleja, el ICE Tn7740, una especie de plataforma genética que permite el salto del gen entre distintas bacterias y especies.

Este mecanismo fue descubierto gracias a un exhaustivo análisis filogenético de cepas de Clostridioides difficile (causante de graves infecciones intestinales) y Enterococcus faecium (asociado a infecciones hospitalarias con una alta mortalidad). El gen npmA2 fue detectado en cepas aisladas en seis países diferentes, a partir de muestras humanas, animales (especialmente porcinas) y ambientales, lo que demuestra que su diseminación es global y multisectorial.

En C. difficile, el npmA2 apareció sobre todo en el clon conocido como ST11, asociado a infecciones tanto en ganado como en humanos. De hecho, el primer caso documentado de npmA2 se remonta a 2001, en un cerdo de EE. UU. En humanos, se han detectado casos en cepas circulantes en China, Alemania y EE. UU.

Una amenaza para la salud pública

Aunque el npmA2 aún no es muy frecuente —aparece en solo el 0,34% de las más de 30.000 cepas de C. difficile analizadas— su presencia en cepas de alta prevalencia como ST11 es preocupante, debido al potencial de diseminación clonal y la posibilidad de transmisión entre especies. Además, el gen ha sido detectado en E. faecium en dos ocasiones, lo que sugiere una preocupante expansión más allá de su hospedador inicial.

«El npmA2 convierte infecciones graves en prácticamente incurables, porque estos patógenos ya muestran resistencia a otros antibióticos. Si no actuamos ya, nos abocamos a una era donde una simple infección vuelva a ser mortal», señaló González-Zorn. Los ensayos fenotípicos demostraron que las bacterias que portan npmA2 son capaces de resistir concentraciones extremadamente altas de aminoglucósidos como gentamicina (CMI > 256 mg/L), y posiblemente también a otros como apramicina, incluso cuando no se detectan otros genes de resistencia conocidos. Esto refuerza la idea de que npmA2 confiere una resistencia de amplio espectro a esta familia antibiótica, utilizada especialmente en entornos hospitalarios cuando fallan otras opciones terapéuticas.

El estudio también investigó cómo se mueve este gen entre bacterias. Aunque se intentó reproducir su transferencia mediante ensayos de conjugación —introduciendo bacterias donantes en contacto con otras para ver si compartían el gen— no se observaron transconjugantes. Esto sugiere que la diseminación horizontal del gen entre especies es rara, pero cuando ocurre, puede dar lugar a eventos de expansión clonal sostenida.

El contexto genético en el que se encuentra el gen, especialmente su integración en ICE Tn7740, es clave para entender su persistencia. Este ICE no solo permite la recombinación genética, sino que ha sido detectado también en bacterias comensales intestinales humanas, como miembros de la familia Lachnospiraceae. Aunque no se ha detectado npmA2 en estos comensales, su papel como posibles «reservorios» de elementos móviles que podrían albergar genes de resistencia no puede descartarse.

Un riesgo emergente

El descubrimiento del npmA2 y de su mecanismo de movilización genética pone de relieve la necesidad de intensificar la vigilancia genómica, tanto en entornos clínicos como en el ámbito veterinario y ambiental. La resistencia antimicrobiana es una de las principales amenazas para la salud pública global, y genes como npmA2 demuestran cómo las bacterias pueden adquirir nuevas armas para evadir los tratamientos existentes.

El equipo investigador insiste en que la única forma de anticiparse a la próxima pandemia silenciosa de infecciones resistentes es mediante una combinación de estrategias: uso racional de antibióticos, inversión en investigación y desarrollo de nuevos tratamientos, y herramientas bioinformáticas estandarizadas para el análisis de los millones de genomas bacterianos ya disponibles en bases de datos públicas.

«Tenemos que actuar como si npmA2 fuera solo la punta del iceberg», concluye Carlos Serna, coautor del estudio. «Porque probablemente lo es».


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