¿Puede la gripe aviar convertirse en un problema de salud pública?

El ISCIII ha publicado un documento que analiza la situación de la influenza aviar y, aunque los expertos piden no alarmar, advierten del potencial de mutación del virus

gripe aviar

La gripe aviar vuelve a situarse en el foco de la salud pública internacional. La temporada 2025-2026 ha arrancado con cifras sin precedentes en Europa en cuanto a detección de brotes en aves silvestres, en un contexto de expansión global del virus A(H5N1) y creciente afectación en mamíferos. Sin embargo, los expertos insisten en un mensaje clave: el riesgo para la población general sigue siendo muy bajo, aunque el potencial de mutación del virus obliga a mantener una vigilancia estrecha.

Así lo recoge un análisis publicado en el Boletín Epidemiológico Semanal del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), que revisa la situación actual de la gripe aviar desde una perspectiva One Health, integrando la salud humana, animal y ambiental.

Un virus en expansión global

El virus de la influenza aviar de alta patogenicidad A(H5N1), especialmente el clado 2.3.4.4b, ha protagonizado una expansión sostenida desde 2020. Lo que inicialmente afectaba a un número limitado de especies se ha convertido en un fenómeno de alcance global, con más de 450 especies implicadas en los últimos años.

La diseminación se ha visto favorecida por las rutas migratorias de aves silvestres, lo que ha permitido al virus alcanzar todos los continentes, incluida la Antártida. En paralelo, ha aumentado su capacidad para infectar mamíferos, con brotes documentados en especies tan diversas como visones, leones marinos o rumiantes.

Este salto interespecie preocupa especialmente a la comunidad científica, ya que podría facilitar adaptaciones del virus que incrementen su afinidad por los humanos.

Europa registra cifras históricas

En el ámbito europeo, la situación es especialmente relevante. Durante el otoño de 2025 se registró un aumento sin precedentes de detecciones en aves silvestres, con más de 1.400 casos durante la migración otoñal, cuadruplicando los datos del año anterior.

Países como Alemania, Francia o Reino Unido concentraron gran parte de los focos, aunque España también ha experimentado un incremento notable. Desde julio de 2025 hasta enero de 2026 se han detectado 157 focos en aves en territorio español, la mayoría en fauna silvestre.

Además, se han confirmado infecciones en mamíferos salvajes, como zorros en Aragón, lo que evidencia la circulación activa del virus en el ecosistema.

Más allá de las aves: el salto a mamíferos

Uno de los elementos más preocupantes del escenario actual es la creciente detección del virus en mamíferos. Aunque la gripe aviar ha sido históricamente una enfermedad de aves, el aumento de casos en otras especies refleja una mayor plasticidad biológica del virus.

Se han descrito infecciones en gatos domésticos en varios países, así como en perros y ganado. En Estados Unidos, incluso se ha detectado el virus en leche cruda de animales infectados, aunque no se han documentado casos de transmisión alimentaria en humanos.

Este fenómeno se asocia, en parte, a mutaciones que favorecen la adaptación del virus a células de mamíferos, lo que refuerza la necesidad de vigilancia genómica continua.

A pesar de la expansión del virus en animales, la transmisión a humanos sigue siendo limitada. Desde 1997 se han notificado aproximadamente 1.000 casos en todo el mundo, generalmente asociados a contacto estrecho con animales infectados.

En Europa no se han detectado casos humanos recientes ni transmisión entre personas. La mayoría de los contagios registrados se concentran en el sudeste asiático, donde persiste una mayor interacción entre humanos y aves. No obstante, la elevada letalidad observada en los casos notificados —cercana al 48%— debe interpretarse con cautela, ya que probablemente existe infradiagnóstico de casos leves o asintomáticos.

España: riesgo bajo pero vigilancia reforzada

En España, las autoridades sanitarias consideran que el riesgo para la población general es «muy bajo». Sin embargo, el escenario actual ha llevado a reforzar las medidas de vigilancia y control, especialmente en colectivos con exposición laboral.

Entre las acciones destacadas se incluyen:

  • Detección precoz mediante pruebas diagnósticas en personas expuestas
  • Vigilancia activa en zonas con brotes en animales
  • Seguimiento durante 14 días tras posibles exposiciones
  • Protocolos específicos ante síntomas compatibles

Asimismo, se recomienda la vacunación frente a la gripe estacional en trabajadores expuestos, como medida preventiva para evitar coinfecciones que puedan favorecer recombinaciones virales.

El enfoque One Health, clave

Los expertos coinciden en que la gripe aviar no puede abordarse únicamente desde la salud humana. La interconexión entre animales, medio ambiente y personas exige estrategias coordinadas a nivel global. El enfoque One Health se posiciona como el marco fundamental para anticipar riesgos, mejorar la detección precoz y minimizar el impacto de posibles emergencias sanitarias.

Aunque la situación actual no apunta a una amenaza inmediata para la población, el potencial pandémico de la influenza aviar sigue siendo una preocupación latente. La capacidad del virus para mutar, recombinarse y adaptarse a nuevas especies obliga a no bajar la guardia.

En este contexto, la cooperación internacional, el refuerzo de la bioseguridad en explotaciones animales y la vigilancia epidemiológica continua se perfilan como herramientas esenciales para contener el riesgo. La historia reciente ha demostrado que los virus zoonóticos pueden cambiar rápidamente el panorama sanitario global. La gripe aviar, por ahora contenida en humanos, sigue siendo un recordatorio de esa amenaza.


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