Un estudio liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) ha identificado que determinadas poblaciones de fibroblastos y macrófagos residentes en el corazón son esenciales para mantener la fibrilación auricular persistente (FAP), la arritmia cardiaca más frecuente en la práctica clínica. Publicado en Circulation Research, el trabajo abre nuevas vías para el desarrollo de terapias dirigidas más allá de los cardiomiocitos, tradicionalmente considerados los protagonistas de esta enfermedad.
La fibrilación auricular (FA) afecta a millones de personas en todo el mundo y representa un desafío terapéutico especialmente en sus fases persistentes, donde la reversión espontánea al ritmo sinusal es poco probable. «Hemos observado que regiones específicas de las aurículas, únicas para cada paciente, funcionan como verdaderos motores que sostienen la arritmia a largo plazo», explicó David Filgueiras Rama, jefe del grupo de Desarrollo Avanzado en Mecanismos y Terapias de Arritmias del CNIC y coordinador del estudio. Estas zonas, denominadas regiones conductoras o driver, muestran actividad eléctrica más rápida que el tejido circundante, permitiendo que la FA se perpetúe.
El estudio combinó modelos porcinos de fibrilación auricular persistente con y sin sustrato post-infarto, análisis de tejido humano de pacientes con FAP y técnicas avanzadas de mapeo eléctrico in vivo. «La ablación selectiva de las regiones conductoras interrumpió la arritmia en 12 de 14 cerdos y, en humanos, se logró un control efectivo del ritmo a largo plazo en el 90% de los pacientes tras dos años de seguimiento», detalló Ana Simón Chica, primera autora e investigadora del CNIC actualmente en Massachusetts General Hospital y Harvard Medical School.
Estas intervenciones demostraron la relevancia funcional de las regiones conductoras y permitieron correlacionar las observaciones experimentales con la práctica clínica, fortaleciendo la translacionalidad del hallazgo.
Fibroblastos y macrófagos: más allá de la contracción
El trabajo revela que la FAP persistente no es únicamente un trastorno de los cardiomiocitos. Las regiones conductoras presentan un microambiente celular especializado, caracterizado por fibroblastos ACTA2 y PTX3 y macrófagos residentes cardíacos, que facilitan la homeostasis y la supervivencia de los cardiomiocitos ante la intensa demanda eléctrica.
Mientras que los fibroblastos ACTA2 se mantuvieron consistentes entre modelos porcinos y humanos, los fibroblastos PTX3 se enriquecieron específicamente en las regiones conductoras, sugiriendo un papel adaptativo en el mantenimiento de la arritmia. Por su parte, los macrófagos residentes mostraron perfiles transcriptómicos y proteómicos orientados a soporte metabólico y protección celular, en contraste con los macrófagos inflamatorios esperados en la FA. Según Filgueiras Rama, «esta combinación celular podría permitir que los cardiomiocitos toleren la intensa actividad eléctrica que impone la fibrilación auricular persistente».
Remodelado auricular regional y estrategias terapéuticas
Los resultados del estudio cuestionan la visión tradicional de un remodelado auricular uniforme en la FA. Por el contrario, la investigación evidencia que los cambios adaptativos son regionales y específicos de cada paciente, abriendo la puerta a enfoques terapéuticos más personalizados. La ablación de las regiones conductoras emerge así como una estrategia efectiva, y los autores sugieren que el futuro desarrollo de fármacos podría centrarse en dianas celulares y moleculares no contráctiles, incluyendo fibroblastos y macrófagos.
Además del CNIC, la investigación contó con la colaboración de varias instituciones nacionales e internacionales, entre ellas el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos (IdISSC), INIA-CSIC, CIBERCV, la Fundación Jiménez Díaz, la Fundación Interhospitalaria para la Investigación Cardiovascular (FIC), así como equipos de la Universidad de Calgary (Canadá) y la Universidad de Friburgo (Alemania).
El hallazgo aporta un nuevo marco conceptual para entender por qué la FAP persiste a largo plazo y por qué las estrategias convencionales centradas únicamente en cardiomiocitos pueden resultar insuficientes. «Comprender el papel de estas células no contráctiles podría transformar la forma en que abordamos la FAP persistente, desde la planificación de ablaciones más precisas hasta el desarrollo de terapias farmacológicas innovadoras», concluyó Simón Chica.
El estudio representa un avance significativo en la cardiología traslacional, demostrando que la integración de modelos animales, técnicas de mapeo eléctrico y análisis molecular detallado permite descubrir mecanismos adaptativos regionales que podrían guiar la medicina personalizada en arritmias.