Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) ha llevado a cabo el primer estudio que analiza las diferencias entre sexos en la progresión de la enfermedad hepática avanzada utilizando un modelo experimental en ratas. Los hallazgos, publicados en la revista Laboratory Animals, han sido obtenidos en el Centro de Medicina Comparativa y Bioimagen de Cataluña (CMCiB), una instalación de referencia en la red europea de centros 3R. Este centro facilita el desarrollo de modelos animales refinados, alineados con los principios de la investigación responsable, con el objetivo de mejorar la comprensión de las patologías hepáticas y su impacto diferencial según el sexo.
Ante una lesión tisular, el organismo activa un proceso de cicatrización destinado a reparar el daño. Sin embargo, cuando la agresión es recurrente o crónica, puede producirse una acumulación excesiva de tejido fibroso, lo que altera la arquitectura y la funcionalidad del órgano afectado. Este proceso patológico se conoce como fibrosis.
La fibrosis puede desarrollarse en diversos órganos, incluidos los riñones, los pulmones, el corazón y el hígado. En este último, su progresión a estadios avanzados puede derivar en cirrosis hepática, la fase terminal e irreversible de la enfermedad hepática crónica. En esta etapa, pueden aparecer complicaciones graves, como la ascitis, caracterizada por la acumulación de líquido en la cavidad abdominal.
En este sentido, la evidencia científica indica que las enfermedades hepáticas presentan diferencias en su desarrollo y progresión según el sexo. Los estudios sugieren que los estrógenos ejercen un efecto protector, lo que podría conferir a las mujeres una menor susceptibilidad a la progresión de la enfermedad.
Los estudios sugieren que los estrógenos ejercen un efecto protector, lo que podría conferir a las mujeres una menor susceptibilidad a la progresión de la enfermedad
Estas diferencias han sido documentadas tanto en estudios en humanos como en modelos animales empleados en la investigación preclínica. Sin embargo, tradicionalmente, la mayoría de los estudios con ratones y ratas no han considerado estas variaciones y se han llevado a cabo predominantemente en machos, lo que limita la comprensión de los mecanismos específicos según el sexo.
Cirrosis hepática
Los estudios previos sobre fibrosis hepática que han considerado ambos sexos se han centrado principalmente en el papel de las hormonas sexuales en las fases iniciales de la enfermedad, dejando en segundo plano su impacto en la cirrosis hepática. Para abordar esta brecha en la investigación, un equipo de científicos del Grupo de Investigación Traslacional en Enfermedades Hepáticas del IGTP y el Hospital Germans Trias, en colaboración con el CMCiB y EndosMedicina, ha llevado a cabo un estudio publicado en Laboratory Animals.
El objetivo de la investigación ha sido evaluar la influencia del sexo en un modelo experimental de cirrosis con ascitis en ratas, hasta ahora descrito únicamente en machos. Para ello, se indujo cirrosis hepática mediante la administración repetida de tetracloruro de carbono, ajustando progresivamente las dosis hasta la aparición de ascitis.
Según explicó Sara Capdevila, directora técnica del CMCiB y coautora del estudio, «hemos visto un impacto significativo del sexo en el modelo utilizado por el estudio de la enfermedad hepática, lo que es un claro ejemplo de que reducir el número de animales utilizados no puede ser una justificación para excluir uno de los sexos de los estudios preclínicos». Asimismo, señaló que «el diseño experimental siempre debe considerar la posibilidad de que aparezcan diferencias entre ambos sexos». «La constitución de un modelo de enfermedad según sea macho o hembra es vital si se quiere adoptar un enfoque personalizado de la medicina y tener una mejor traslación de la búsqueda de animales a humanos», destacó.
Los resultados del estudio evidencian una respuesta diferenciada entre machos y hembras. Mientras que los machos desarrollaron ascitis dentro del tiempo esperado según el modelo, las hembras requirieron dosis más elevadas y un tiempo de evolución aproximadamente el doble para manifestar la misma condición. Estos hallazgos sugieren una variabilidad en la susceptibilidad a la toxicidad inducida por el tetracloruro de carbono, así como en la capacidad regenerativa hepática entre ambos sexos.
Los autores subrayan la necesidad de incluir ambos sexos en la investigación preclínica para comprender mejor las diferencias en la progresión de la enfermedad hepática. Las directrices actuales promueven la paridad en los estudios experimentales, con el objetivo de reducir el sesgo histórico y mejorar la traslación de los hallazgos a la práctica clínica en los próximos años.