En el mundo de las urgencias neurológicas «el tiempo es cerebro». Sin embargo, una investigación pionera liderada por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) acaba de añadir una dimensión crucial a esta carrera contra el reloj: el momento exacto del día en que ocurre el ataque. Según este estudio, publicado en la revista Circulation Research, nuestro reloj biológico interno condiciona de forma directa el daño cerebral y la capacidad de recuperación tras un ictus.
Los neutrófilos: soldados con horario biológico
La clave de este fenómeno reside en los neutrófilos, las células más abundantes del sistema inmunitario y las primeras en acudir al «lugar del accidente» tras un ictus. La investigación revela que estas células no se comportan siempre igual; su actividad está regulada por ritmos circadianos.
Según explica María Ángeles Moro, directora del Laboratorio de Fisiopatología Neurovascular del CNIC, el estado del sistema inmune en el momento del evento puede determinar diferencias críticas en la gravedad del paciente. En determinadas fases del día, los neutrófilos adoptan un perfil más agresivo o proinflamatorio, liberando con mayor intensidad las llamadas trampas extracelulares de neutrófilos (NETs).
El peligro de la inmunotrombosis
Aunque las NETs son una herramienta de defensa, en el contexto de un ictus pueden volverse en contra del paciente. «Observamos que cuando los neutrófilos liberan más NETs, la circulación en los pequeños vasos se ve comprometida y el daño cerebral es mayor», señala Sandra Vázquez-Reyes, investigadora del CNIC. Este proceso, conocido como inmunotrombosis, obstruye la microcirculación cerebral y agrava la lesión al impedir que la sangre fluya por las vías colaterales.
Por el contrario, en otras franjas horarias del ciclo circadiano, estas células muestran un comportamiento menos dañino, lo que permite una mejor perfusión del tejido y limita la progresión del daño. Esto explicaría por qué dos pacientes con características clínicas similares pueden tener evoluciones tan disparas.
De la investigación básica a la cama del paciente
El estudio no solo se basa en modelos experimentales; los hallazgos han sido validados con datos clínicos de más de 500 pacientes,. Los investigadores confirmaron que los marcadores de actividad de los neutrófilos en la sangre humana siguen ritmos diarios que se asocian directamente con la calidad de la circulación colateral y la gravedad del ictus.
Este descubrimiento abre una nueva frontera en la atención sanitaria: la cronoterapia. Ignacio Lizasoain y Patricia Calleja, investigadores del Hospital 12 de Octubre, destacan que entender estos mecanismos permite aspirar a una medicina personalizada. En el futuro, el uso de biomarcadores sanguíneos específicos relacionados con la inmunotrombosis podría permitir a los médicos ajustar los tratamientos no solo según el paciente, sino según su momento biológico.
Este avance es fruto de la colaboración entre diversas instituciones, incluyendo la Universidad Complutense de Madrid y el Hospital 12 de Octubre, con el apoyo de entidades como la Fundación ”la Caixa” y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El CNIC, dirigido por Valentín Fuster, continúa así su misión de potenciar la investigación cardiovascular de excelencia y su traslación directa al beneficio del paciente.