La visibilización de los trastornos de ansiedad facilita el diagnóstico de estas enfermedades

La desestigmatización de los problemas de salud mental permiten que más personas busquen ayuda e incrementan la "psiquiatrización" de emociones y situaciones cotidianas

La ansiedad es una respuesta emocional normal, profundamente arraigada en la evolución humana, que nos prepara para enfrentar situaciones potencialmente peligrosas. Sin embargo, cuando esta respuesta se vuelve persistente, desproporcionada y causa un deterioro significativo en la vida diaria, estamos frente a lo que se conoce como un trastorno de ansiedad. Según Sergio Ruiz Sánchez, psiquiatra del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, diferenciar la ansiedad normal de un trastorno de ansiedad es crucial para un tratamiento adecuado.

Ansiedad vs. trastorno de ansiedad

Para ilustrar la diferencia entre ansiedad normal y trastorno de ansiedad, Ruiz Sánchez presenta un ejemplo claro: «imaginemos estar en una consulta médica y, de repente, escuchar gritos, oler humo y ver llamas a través de la ventana. Nuestra amígdala se activará, desencadenando una respuesta de lucha o huida que nos prepara para escapar del peligro, una reacción adaptativa que, en este caso, resulta beneficiosa y adecuada».

Sergio Ruiz Sánchez, psiquiatra del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia

Sin embargo, si después de este evento, una persona desarrolla una preocupación constante por su futuro, experimenta palpitaciones, insomnio y dificultad para funcionar en su vida diaria, esto se convierte en un trastorno de ansiedad. Así, mientras la ansiedad puede ser una emoción útil y pasajera, los trastornos de ansiedad son condiciones persistentes que interfieren significativamente con el funcionamiento cotidiano y requieren intervención profesional.

Trastornos de ansiedad más comunes

Entre los trastornos de ansiedad más frecuentemente tratados, Ruiz Sánchez destaca el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), el trastorno de pánico y la agorafobia.

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): Las personas con TAG sufren de preocupación excesiva e incontrolable sobre múltiples aspectos de su vida, como la salud, el trabajo, las relaciones sociales, o la seguridad. Esta ansiedad se acompaña de síntomas físicos y psicológicos como inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño.

Trastorno de Pánico: Se caracteriza por episodios inesperados de ataques de pánico, que son episodios breves pero intensos de miedo extremo acompañados de síntomas físicos como palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración y mareos. Estos episodios pueden incluir también una sensación de irrealidad, miedo a perder el control, o incluso miedo a morir.

Agorafobia: Es el miedo desproporcionado a estar en zonas con multitudes, pero también a estar en aquellas en las que les sea difícil o embarazoso escapar, o recibir ayuda. Esto incluye medios de transporte (p.ej., coches, autobuses, trenes, barcos, aviones), espacios abiertos (p.ej., plazas, parkings, mercados, puentes), sitios cerrados (p.ej., cines, teatros, tiendas), y también hacer cola, e incluso, estar fuera de casa. De hecho, apunta que puede llevar a las personas a evitar estas situaciones, y en casos graves, a quedar confinadas en sus hogares.

Fobias

Además, Ruiz Sánchez menciona otros trastornos de ansiedad aunque no son de los más tratados, porque en raras ocasiones constituyen un trastorno de ansiedad como tal, las fobias específicas, son las “alteraciones psicológicas” más frecuentes en toda la población. Estas son sencillamente miedos desproporcionados a un objeto o situación, que las personas tienden a evitar. Algunas son muy comunes, como el miedo a las serpientes (ofidiofobia), a las agujas (tripanofobia), a los perros (cinofobia), a las alturas (acrofobia), o a tragar (fagofobia). Y existen otras más peregrinas, como el miedo a las figuras geométricas muy juntas (tripofobia), o el miedo a los botones (koumpounofobia) el trastorno de ansiedad social, el trastorno de ansiedad por separación, y el mutismo selectivo. Cada uno de estos trastornos presenta características y desafíos únicos que requieren un abordaje clínico especializado.

Asimismo, el psiquiatra señala otros trastornos de ansiedad como el trastorno de ansiedad social (fobia social), en el que la persona experimenta un miedo excesivo en diversas situaciones sociales (p.ej., mantener una conversación, estar con otras personas, dar una charla, ser observado comiendo…), el trastorno de ansiedad por separación, cuando existe un miedo exagerado a separarse de las figuras de apego (p.ej., niños incapaces de separarse de sus padres), y el mutismo selectivo, que es el fracaso constante para hablar en situaciones sociales (p.ej., el Dr. Koothrappali con las mujeres en la serie The Big Bang Theory).

En este, sentido Ruiz Sánchez hace hincapié en que es importante remarcar, que las preocupaciones por el trabajo o la familia, el nerviosismo al dar una charla, o las crisis de los niños al quedarse en la guardería, son generalmente normales, y solo constituyen un trastorno cuando son de desproporcionada magnitud y dificultan el día a día.

Impacto de la normalización de la Salud Mental

La creciente normalización de hablar sobre la salud mental ha llevado a un aumento en los diagnósticos de trastornos de ansiedad. Según el Ruiz Sánchez, este es un tema complejo. Si bien la visibilidad y la desestigmatización de los problemas de salud mental han facilitado que más personas busquen ayuda, también ha habido un aumento en la psiquiatrización de emociones y situaciones normales de la vida cotidiana. En este sentido, explica que la psiquiatrización se refiere a la tendencia de tratar como trastornos mentales lo que son respuestas normales a situaciones difíciles, como la ansiedad tras una pérdida personal o la sobrecarga laboral.

Por ello, destaca que la psiquiatría aún no cuenta con pruebas diagnósticas definitivas para los trastornos mentales; el diagnóstico sigue dependiendo en gran medida de la evaluación clínica subjetiva. Esto puede llevar a diferencias en los diagnósticos entre profesionales y, en algunos casos, al sobrediagnóstico. En definitiva, concluye que, » expandir los conceptos de salud mental y trastornos de ansiedad, ha producido un aumento en los diagnósticos de dichos trastornos, muchas veces a expensas de la psiquiatrización de situaciones comunes, aunque desagradables, en la vida de las personas».

Tratamientos para los trastornos de ansiedad

El tratamiento más efectivo para los trastornos de ansiedad es, generalmente, una combinación de farmacoterapia y terapia psicológica. Según Ruiz Sánchez, los psicofármacos incluyen principalmente ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos. Los ansiolíticos, especialmente las benzodiazepinas, son efectivos pero pueden causar dependencia y tolerancia, por lo que su uso suele limitarse a tratamientos a corto plazo o a situaciones agudas.

Los antidepresivos, en particular los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), son comúnmente utilizados para los trastornos de ansiedad debido a su perfil equilibrado de eficacia y efectos secundarios. Los antipsicóticos se reservan para casos más graves o resistentes al tratamiento.

Por otro lado, en cuanto a las terapias psicológicas, el especialista distingue tres tipos de tratamiento: primera, segunda y tercera generación. En las de primera generación, destaca la Terapia de Exposición (TE), que, como su nombre indica, se basa en exponer a la persona de manera controlada y gradual a las situaciones, objetos o pensamientos que le generan ansiedad.

En cuanto a las de segunda generación, la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) es el tratamiento por antonomasia. Esta se centra en identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos y comportamientos que contribuyen a la ansiedad.

Por último, respecto a las terapias de tercera generación para abordar la ansiedad, destacan el mindfulness, que busca centrar la atención en el momento presente, y la Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC),  que se centra en la aceptación de los pensamientos y sentimientos negativos, y en el compromiso con acciones que se alineen con los valores personales.

Finalmente, sin encuadrarse estrictamente en ninguna generación, está la terapia psicoanalítica, que se centra en explorar los conflictos inconscientes que pueden estar en la raíz de la ansiedad. Es importante recordar, que la terapia psicológica es un tratamiento muy íntimo, y a cada persona le va bien uno u otro tipo de terapia y terapeuta. En ese sentido, ejemplifica esta realidad con una metáfora: «Las diferentes psicoterapias son como una carrera de caballos, si la persona va montada en un buen caballo, antes o después atravesará la línea de meta» explica el psiquiatra.

Innovaciones en el tratamiento

Ruiz Sánchez señala que una de las principales novedades en el tratamiento de los trastornos de ansiedad es la integración de tecnologías digitales, como la realidad virtual (RV), que permite a los pacientes enfrentarse a sus miedos en un entorno seguro y controlado. También se están investigando nuevas sustancias, como la esketamina y los psicodélicos, así como técnicas como la estimulación magnética transcraneal (EMT), aunque sus resultados aún no son concluyentes.

De cara al futuro, la investigación en los trastornos de ansiedad se centra en la identificación de biomarcadores genéticos y neurobiológicos, el estudio del microbioma intestinal y el mapeo de redes neuronales. Estas investigaciones podrían conducir a tratamientos más personalizados y efectivos. Además, se está explorando el uso de la Inteligencia Artificial (IA), Big Data, y aprendizaje automático para mejorar la comprensión y el manejo de estos trastornos.

Retos en el manejo

A corto plazo, el especialista aboga por un refuerzo urgente de la atención primaria y una mayor inversión en salud mental especializada, incluyendo infraestructura, recursos y personal. A medio plazo, destaca la importancia de realizar ensayos clínicos aleatorizados para evaluar nuevas intervenciones y la introducción de la educación en salud mental en los currículos escolares para una prevención efectiva desde edades tempranas.

A largo plazo, las estrategias incluyen el desarrollo continuo de tecnologías avanzadas y un cambio cultural hacia una comprensión más profunda y humana de la salud mental. No obstante, Ruiz Sánchez también plantea inquietudes éticas, como el impacto de la digitalización en la interacción humana, y cómo podría afectar a quienes sufren de trastornos de ansiedad.

En resumen, los trastornos de ansiedad representan un desafío creciente en la salud mental global. A través de un abordaje integral que combine tratamientos farmacológicos y terapéuticos, apoyado por la innovación tecnológica y una mayor comprensión biológica, se puede avanzar hacia un manejo más efectivo y personalizado de estos trastornos. Sin embargo, es crucial evitar la psiquiatrización innecesaria y recordar la importancia del calor humano en el tratamiento y la recuperación.


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