El consumo de alcohol entre adolescentes en España es una preocupación creciente. Según la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) de 2023, el 75,9 por ciento de los jóvenes de 14 a 18 años ha consumido alcohol en algún momento de sus vidas. La edad promedio en la que comienzan a beber es de 14 años y se intensifica hasta llegar a alcanzar episodios de consumo intensivo alrededor de los 16. Un dato significativo es que el 56,6 por ciento de estos jóvenes se emborrachó en el último mes, y el 28,2 por ciento ha participado en episodios de binge drinking, consumiendo cinco o más bebidas en un corto periodo.
El consumo en atracón no solo aumenta el riesgo de intoxicación, sino que también puede tener consecuencias a largo plazo en la salud mental y física de los adolescentes, afectando áreas como la memoria y el aprendizaje, y llevando a un mayor riesgo de desarrollar problemas de dependencia en el futuro. Además, este patrón de consumo está relacionado con alteraciones en la estructura y función cerebral. Sin embargo, diversas investigaciones sugieren que algunas de estas diferencias pueden observarse incluso en etapas anteriores al inicio del consumo.
En este contexto, investigadores de la Universidad Complutense han llevado a cabo un estudio, publicado en la revista PNAS, con el fin de comprobar si es posible predecir el consumo de alcohol en fases previas utilizando datos de neuroimagen. Para comprender el inicio de los hábitos de consumo excesivo de alcohol y desarrollar estrategias de prevención, «es fundamental caracterizar los perfiles de predisposición desde edades tempranas», señalan en el estudio. Gracias a este trabajo, liderado por el investigador predoctoral Alberto del Cerro León del Centro de Neurociencia Cognitiva y Computacional (C3N) de la Universidad Complutense, han identificado la existencia de diversas trayectorias en el neurodesarrollo que podrían influir en la relación de los adolescentes con el consumo de alcohol. Estos hallazgos podrían contribuir al desarrollo de estrategias de prevención para abordar el uso excesivo de alcohol en esta población.
Estudio de neuroimagen
Este trabajo longitudinal ofrece evidencia significativa al demostrar que los adolescentes en riesgo de adoptar conductas de consumo de alcohol presentaron diferencias en la conectividad funcional y en la cantidad de materia gris en estado de reposo años antes de que comenzaran a consumir alcohol.
Los adolescentes en riesgo de adoptar conductas de consumo de alcohol presentaron diferencias en la conectividad funcional y en la cantidad de materia gris en estado de reposo años antes de que comenzaran a consumir alcohol.
Para llegar a esta conclusión, se llevaron a cabo dos estudios longitudinales, financiados por el Plan Nacional de Drogas, en los que participaron 83 adolescentes de 14 años que aún no habían desarrollado conductas de consumo de alcohol. Inicialmente, se les invitó a participar en un estudio de neuroimagen funcional mediante magnetoencefalografía, así como en un estudio estructural a través de resonancia magnética. Dos años después, los investigadores volvieron a contactar a los participantes para analizar los patrones de consumo que cada uno de ellos había desarrollado.
Para investigar comportamientos complejos como el consumo de alcohol, es fundamental analizar la actividad cerebral como una red funcional interconectada. En este contexto, los investigadores exploraron qué características de la conectividad funcional y la estructura cerebral eran las mejores predictores del consumo de alcohol dos años después.
Predictores de consumo
Los principales hallazgos de este estudio indican que la conectividad funcional y el grosor cortical en regiones clave durante el neurodesarrollo pueden predecir el consumo de alcohol con un margen de error de 2.6 unidades de bebida estándar. La combinación de estas métricas permite crear modelos predictivos sobre futuros episodios de consumo de alcohol, aseguran en el estudio.
Además, se observó que las diferencias en la conectividad funcional se correlacionan positivamente con variables conductuales, como funciones ejecutivas disminuidas y una mayor búsqueda de sensaciones. Estos rasgos de predisposición podrían estar relacionados con vías de desarrollo neurológico divergentes y anomalías neurobiológicas más profundas, como disfunciones en la neurotransmisión inhibitoria y/o un trasfondo genético de vulnerabilidad. Concretamente, encontraron una correlación positiva entre el consumo de alcohol y la conectividad funcional en las áreas frontal, parietal y frontoparietal. Tras identificar esta relación, realizaron análisis de regresión lineal multivariante para evaluar la capacidad predictiva de la conectividad funcional, en combinación con otras variables neuroanatómicas y conductuales documentadas en la literatura.
Finalmente, el análisis determinó la relevancia de las variables anatómicas y funcionales en la predicción del consumo de alcohol, aunque no halló asociaciones significativas con las escalas de impulsividad, búsqueda de sensaciones y función ejecutiva. Como conclusión, los investigadores señalan que los rasgos predictivos identificados en estos modelos están estrechamente vinculados a los cambios que ocurren durante la adolescencia, lo que «sugiere la existencia de diferentes trayectorias en el neurodesarrollo que pueden influir en la relación de los adolescentes con el consumo de alcohol». Además, la identificación de perfiles de riesgo representa un avance en la comprensión de las causas subyacentes a estas conductas y constituye el primer paso hacia el desarrollo de posibles estrategias de prevención.
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