Las mujeres presentan una mayor carga de genes resistentes a antibióticos que los hombres

Un estudio publicado en npj Biofilms and Microbiomes analizó el mapa de ADN de más de 14.000 metagenomas intestinales en un conjunto de datos global y descubrió que existen diferencias en la resistencia a los antibióticos entre géneros

antibióticos

La resistencia a los antibióticos es una de las amenazas más graves para la salud mundial. Esta resistencia hace que los antibióticos pierdan su eficacia, lo que puede dificultar o, en algunos casos, imposibilitar el tratamiento de las infecciones bacterianas. El impacto que tiene en la atención médica es significativo y se estima que esta resistencia causa más de 1,3 millones de muertes al año, una cifra está aumentando rápidamente según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En este contexto, un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Turku, en Finlandia, ha revelado diferencias significativas en la presencia de genes de resistencia a los antibióticos entre mujeres y hombres. El trabajo, que analizó más de 14.000 metagenomas intestinales a partir de un conjunto de datos global, sugiere que, en los países de ingresos altos, las mujeres presentan una mayor carga de genes resistentes a antibióticos que los varones.

El hallazgo, publicado recientemente en la revista científica npj Biofilms and Microbiomes, añade una dimensión de género hasta ahora poco explorada en el estudio de la resistencia antimicrobiana (RAM), uno de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial.

El equipo finlandés utilizó herramientas avanzadas de análisis genómico para mapear el ADN microbiano en muestras recolectadas en diversos países, clasificándolas por edad, género y nivel de ingresos nacionales. Aunque la resistencia bacteriana es un fenómeno complejo con múltiples factores implicados, el estudio apunta a que las prácticas médicas —como una mayor exposición de las mujeres a antibióticos por razones ginecológicas o urinarias— podrían estar detrás de estas diferencias.

Las mujeres presentan mayor carga génica de resistencia

En concreto, los investigadores analizaron un conjunto de datos global de 14.641 metagenomas intestinales humanos disponibles públicamente, que abarcan 32 países. En países de altos ingresos, se observó una carga génica de resistencia a los antibióticos un 9% mayor en mujeres que en hombres. Esto sugiere que las mujeres podrían estar expuestas con mayor frecuencia a antibióticos, a bacterias resistentes a los antibióticos o ser portadoras de bacterias resistentes con mayor frecuencia.

En países de ingresos bajos y medios, los hombres presentaban una mayor carga genética de resistencia a los antibióticos que las mujeres. Sin embargo, la diferencia no fue estadísticamente significativa al considerar covariables como la edad y las diferencias en las condiciones de vida entre países. Curiosamente, las diferencias surgieron en la edad adulta. Esto sugiere que el estilo de vida, las diferencias biológicas o los factores relacionados con la atención médica pueden influir en estas diferencias más en la edad adulta que en la infancia.

Asimismo, encontraron una diversidad ligeramente mayor (un 4%) de genes de resistencia en las mujeres de países de altos ingresos en comparación con los hombres, lo que sugiere una variación de resistencia más amplia en la microbiota intestinal.

La edad y la geografía influyen

La edad y el país de residencia se vinculan estrechamente con la cantidad y diversidad de genes de resistencia a los antibióticos, según revela el estudio. Esta carga genética resultó especialmente elevada en los bebés y en las personas de mayor edad, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad a lo largo del ciclo vital.

El uso intensivo de antibióticos también se relacionó con una mayor presencia y variedad de genes resistentes. En los países de bajos ingresos, los niveles de resistencia detectados fueron particularmente altos, una tendencia que podría estar asociada a condiciones como el acceso limitado al agua potable, la higiene deficiente o la falta de infraestructuras de saneamiento.

La investigación pone de manifiesto la compleja interacción entre factores como el género, la edad, el nivel socioeconómico y la ubicación geográfica en la distribución global de la resistencia antimicrobiana. Los hallazgos podrían ser clave para diseñar políticas más eficaces de control y prevención.

Además, los autores subrayan que comprender las diferencias de género en esta problemática es esencial para desarrollar intervenciones sanitarias más equitativas y adaptadas a las necesidades de la población.

Diferencias en la composición del resistoma intestinal

Las diferencias en la composición del resistoma intestinal —el conjunto de genes de resistencia a antibióticos presentes en el microbioma— entre mujeres y hombres fueron pequeñas pero estadísticamente significativas. En concreto, la diversidad beta, estrechamente vinculada a la composición taxonómica del microbioma, varió un 0,28 % entre géneros. Aunque modesta, esta diferencia es relevante, ya que se suma a otros factores biológicos y sociales que podrían explicar una mayor carga de genes de resistencia en las mujeres.

Estudios previos ya habían demostrado que el género influye menos en la composición del microbioma que otros factores como la dieta o la etnicidad. Sin embargo, el impacto del género no es despreciable, sobre todo si se tiene en cuenta que las mujeres presentan un riesgo hasta 30 veces mayor de sufrir infecciones del tracto urinario, el tipo más común de infección bacteriana. Esta mayor incidencia se traduce en una exposición más frecuente a tratamientos antibióticos: a lo largo de su vida, las mujeres tienen un 27% más de probabilidades de recibir una prescripción antibiótica en comparación con los hombres.

Además de las diferencias biológicas, el estilo de vida y los roles sociales desempeñan un papel clave. Aspectos como la dieta, los viajes o el contacto frecuente con otras personas pueden incrementar el riesgo de adquirir bacterias resistentes. Las mujeres, por ejemplo, constituyen el 67 % del personal sanitario en atención primaria y tienen una presencia mayoritaria en sectores como la educación infantil o el cuidado de mayores. Esta sobrerrepresentación las expone de forma desproporcionada a entornos donde la transmisión de bacterias resistentes es más probable.

En entornos rurales y agrícolas, el contacto directo con animales también puede ser una fuente de exposición. En estos contextos, la distribución de tareas entre hombres y mujeres varía en función de las normas culturales y de género de cada país.

En la Unión Europea, por ejemplo, más del 90% de los trabajadores del cuidado infantil y asistentes de enseñanza, así como casi el 90% del personal de enfermería y matronas, son mujeres. Aunque el estudio no pudo incorporar datos sobre ocupación, los autores subrayan la importancia de considerar estos factores sociales para interpretar adecuadamente las diferencias observadas en la carga de genes resistentes entre géneros.


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