Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid han identificado una proteína denominada PKD1 que podría ayudar a proteger las neuronas en personas con enfermedad de Huntington. Este hallazgo, publicado en la revista Cell Death & Disease, sugiere que la activación de PKD1 en una zona específica del cerebro mejora la resistencia neuronal al daño característico de esta enfermedad neurodegenerativa.
La enfermedad de Huntington es un trastorno hereditario que provoca la degeneración progresiva de las neuronas, especialmente en el estriado, una región del cerebro que controla movimientos voluntarios y funciones cognitivas. Está causada por una mutación en el gen HTT, que da lugar a una proteína huntingtina defectuosa que se acumula en las neuronas, deteriorándolas progresivamente.
El estudio se centró en la proteína PKD1, que desempeña un papel crucial en la defensa de las neuronas contra el estrés oxidativo, un tipo de daño celular causado por un exceso de actividad química en el cerebro. Además, el estrés oxidativo puede ir acompañado de excitotoxicidad, una sobreestimulación de las neuronas que, en lugar de facilitar la comunicación entre células, termina por dañarlas.
Los investigadores descubrieron que, en pacientes con Huntington, la cantidad de PKD1 está reducida principalmente en las neuronas del estriado, lo que las hace más vulnerables al daño. En cambio, en otras células cerebrales, como los astrocitos, esta proteína aparece aumentada, lo que sugiere un desequilibrio en su regulación según el tipo de célula. Para abordar esto, el equipo desarrolló una herramienta molecular diseñada específicamente para activar PKD1 solo en las neuronas. Al aplicarla en cultivos neuronales y en el cerebro de ratones con un modelo de Huntington, observaron que las neuronas tratadas resistían mucho mejor el daño causado por la excitotoxicidad.
Aunque el estudio se encuentra en fase experimental, los investigadores consideran que potenciar la actividad de PKD1 podría representar una estrategia terapéutica prometedora para ralentizar la neurodegeneración en la enfermedad de Huntington. Además, los mecanismos moleculares que PKD1 pone en marcha para proteger a las neuronas podrían tener implicaciones en otras enfermedades neurológicas. Este avance abre nuevas vías para el desarrollo de tratamientos que frenen el avance de esta devastadora enfermedad.