A medida que se acerca el quinto aniversario de la aparición del COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) continúa enfrentando desafíos significativos relacionados con la evolución del virus y el impacto a largo plazo en la salud de las personas. María Van Kerkhove, directora del Departamento de Preparación y Prevención de Epidemias y Pandemias de la OMS, ofreció en una rueda de prensa una actualización exhaustiva sobre la situación de este virus, las variantes emergentes y los esfuerzos de prevención y tratamiento, haciendo especial hincapié en lo que se sabe de la COVID persistente.
Van Kerkhove destacó que el virus SARS-CoV-2 sigue evolucionando, aunque los sublinajes de la variante ómicron continúan siendo predominantes. La OMS mantiene un seguimiento cercano a varias variantes emergentes, incluidos los sublinajes JN.1, KP.2, KP.3, y LB.1, entre otros. Aunque el riesgo asociado con estas variantes no ha cambiado significativamente respecto a ómicron, la situación sigue siendo de atención, especialmente debido a la continua circulación del virus y su capacidad para infectar a personas no vacunadas o con vacunas desactualizadas.
«El virus sigue circulando, sigue evolucionando, sigue infectando y sigue matando», señaló Van Kerkhove en el evento. Si bien la mayoría de las infecciones causadas por estas subvariantes son leves o asintomáticas, los riesgos aumentan en personas con factores de vulnerabilidad como la edad avanzada o condiciones de salud subyacentes. La vacunación, especialmente con dosis recientes, sigue siendo una herramienta crucial para reducir los riesgos de enfermedad grave, hospitalización y muerte.
El impacto de la COVID persistente
Uno de los mayores retos en el panorama post-pandemia es la COVID persistente que sufren miles de personas en el mundo. La OMS ha estado monitoreando los efectos a largo plazo del virus, que incluyen una amplia gama de síntomas, como fatiga, problemas respiratorios, trastornos cardiovasculares, y afecciones neurológicas. Van Kerkhove destacó que la COVID persistente afecta a múltiples órganos y sistemas del cuerpo, lo que requiere un enfoque multidisciplinario y multiorgánico para su manejo.
«La condición post-COVID afecta a los pulmones, el corazón, el cerebro y también la salud mental, por lo tanto, el enfoque para tratar los síntomas prolongados de la COVID debe ser integral», explicó. En este sentido, recalcó que la OMS sigue trabajando con gobiernos y profesionales de la salud para garantizar que los pacientes reciban un diagnóstico adecuado y atención especializada para tratar los efectos a largo plazo del COVID-19.
«La condición post-COVID afecta a los pulmones, el corazón, el cerebro y también la salud mental, por lo tanto, el enfoque para tratar los síntomas prolongados debe ser integral»
Estudios recientes indican que alrededor del 6% de las personas que han padecido COVID sintomático desarrollan síntomas persistentes que pueden durar entre cuatro meses y un año, e incluso más tiempo en algunos casos. Si bien no todos los pacientes experimentan el mismo grado de impacto, las secuelas del COVID prolongado están afectando gravemente la calidad de vida de muchas personas, con un fuerte impacto en su capacidad para trabajar y realizar actividades cotidianas.
La OMS también ha subrayado que la vacunación reduce significativamente el riesgo de desarrollar COVID prolongado, con estudios que muestran que al menos dos dosis de la vacuna reducen el riesgo a la mitad. Sin embargo, aún queda mucho por aprender sobre las causas exactas del COVID prolongado y cómo tratarlo de manera efectiva.
Invertir en salud
La rueda de prensa también abordó la importancia de la inversión en salud pública, no solo para manejar la pandemia actual, sino también para prevenir futuras crisis sanitarias. Van Kerkhove enfatizó que la salud es un derecho fundamental, y abogó por un aumento en la inversión en atención primaria, prevención y atención sanitaria universal. Según la OMS, esta inversión es esencial para mejorar la capacidad de respuesta ante futuras pandemias y reducir la carga económica de las emergencias sanitarias.
«Se gasta mucho mejor en prevención que en respuesta», subrayó la experta. «Esta pandemia nos ha costado billones de dólares, pero si hubiéramos invertido más en salud antes, podríamos haber evitado muchos de estos costes», puntualizó Van Kerkhove. La OMS está trabajando con los gobiernos para asegurar que la salud pública se considere una prioridad en la asignación de recursos, especialmente en un contexto global de crisis económica, cambio climático y conflictos geopolíticos.
«Esta pandemia nos ha costado billones de dólares, pero si hubiéramos invertido más en salud antes, podríamos haber evitado muchos de estos costes»
El papel de la prevención sigue siendo clave en la lucha contra el COVID-19. La OMS recomienda continuar con el uso de mascarillas, especialmente en lugares cerrados y de alto riesgo, y subraya que la vacunación sigue siendo fundamental para reducir las tasas de enfermedad grave y muerte. Además, la organización ha pedido una mayor inversión en la mejora de la ventilación en espacios públicos y privados, ya que un mejor aire interior no solo reduce la propagación de COVID-19, sino que también combate otros contaminantes que afectan la salud.
«Es esencial que las inversiones realizadas durante la pandemia en la mejora de la ventilación se conviertan en un cambio permanente», instó Van Kerkhove. La buena ventilación es un factor crucial en la prevención de enfermedades respiratorias, y debería ser considerada una prioridad en la planificación urbana y la infraestructura de salud pública.
Preparación para lo inesperado
A medida que la aparición de la COVID-19 avanza hacia su quinto año, la OMS sigue vigilando de cerca la evolución del virus y las nuevas variantes. Van Kerkhove recalcó que la organización se mantiene en alerta constante para anticiparse a posibles brotes de otras enfermedades infecciosas, utilizando las lecciones aprendidas durante la pandemia para mejorar la preparación y respuesta global.
«Estamos constantemente observando cuál podría ser el próximo brote, la próxima epidemia, la próxima pandemia, y estamos trabajando para que, si llega, estemos mejor preparados», aseguró Van Kerkhove. La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la necesidad urgente de un sistema de salud global más robusto y resiliente, capaz de enfrentar desafíos tanto conocidos como inesperados.
A pesar de los avances en la lucha contra la pandemia, la COVID-19 sigue siendo una amenaza persistente, tanto en términos de nuevas variantes como de sus efectos a largo plazo en la salud de las personas. La OMS sigue trabajando incansablemente para mitigar los riesgos, promover la vacunación y mejorar el manejo del COVID prolongado, mientras aboga por una mayor inversión en salud pública para prevenir futuras crisis sanitarias. Con un enfoque integral y colaborativo, la comunidad internacional tiene la oportunidad de construir un sistema de salud más fuerte y preparado para enfrentar los retos del futuro.
