La OMS recomienda dos dosis anuales de vacuna COVID-19 para población de riesgo y al menos una para otros grupos

El Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización (SAGE) recomienda, tras su última reunión, la vacunación sistemática de COVID-19 en personas con mayor riesgo de enfermedad grave

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha actualizado sus recomendaciones sobre vacunación frente a la COVID-19 y plantea reforzar las estrategias de inmunización periódica, especialmente en los grupos más vulnerables, ante la evidencia de que la protección frente a enfermedad grave disminuye a partir de los seis meses de la última dosis.

Las conclusiones proceden de la última reunión del Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización (SAGE), celebrada entre el 9 y el 12 de marzo, y servirán de base para un nuevo documento de posición global sobre vacunas frente al SARS-CoV-2 que se publicará este mismo año.

Aunque la carga mundial de COVID-19 grave ha descendido en los últimos años gracias a la inmunidad acumulada por la vacunación y las infecciones previas, la OMS subraya que el virus sigue teniendo un impacto relevante en salud pública.

En este sentido, el presidente del grupo de trabajo de SAGE, Anthony Scott, advirtió durante la rueda de prensa que «aunque la carga global de COVID-19 grave ha disminuido en todo el mundo gracias a la amplia inmunidad tanto por la vacunación como por infecciones previas, el virus sigue causando una enfermedad significativa y muertes», lo que justifica mantener estrategias activas de vacunación.

Recomendaciones de vacunación

En este contexto, el organismo recomienda que los países consideren la vacunación sistemática frente a la COVID-19 en los grupos con mayor riesgo de desarrollar enfermedad grave, como las personas mayores, aquellas con comorbilidades importantes, los residentes en centros sociosanitarios o las personas con inmunosupresión. Para estos colectivos, el SAGE propone una pauta reforzada que incluye hasta dos dosis al año separadas por seis meses.

Anthony Scott durante la rueda de prensa virtual.

Tal y como explicó Scott, «los países deberían considerar la vacunación rutinaria frente a la COVID-19 para los grupos con mayor riesgo de enfermedad grave» y, en estos casos, «el SAGE recomienda una pauta de al menos una dosis y preferiblemente dos dosis al año administradas con seis meses de diferencia». Esta recomendación se basa en la evidencia de que la protección frente a enfermedad grave disminuye de forma significativa medio año después de la última dosis.

Más allá de los grupos de mayor vulnerabilidad, la OMS abre la puerta a ampliar la vacunación a otros colectivos en función del contexto epidemiológico y de los recursos disponibles. Así, el SAGE plantea que los países puedan considerar la vacunación rutinaria en otros grupos como personas mayores sin comorbilidades, individuos con enfermedades de base o profesionales sanitarios, con una pauta de al menos una dosis anual.

En palabras del propio Scott, «los países también pueden considerar la vacunación rutinaria frente a la COVID-19 de grupos adicionales en función del contexto local y la viabilidad programática».

Uno de los aspectos más destacados de la actualización es la recomendación específica para mujeres embarazadas. La OMS aconseja administrar una dosis de vacuna frente a la COVID-19 en cada embarazo, independientemente del historial vacunal previo. “Para las mujeres embarazadas, el SAGE recomienda una dosis de la vacuna contra la COVID-19 durante cada embarazo en cualquier etapa, aunque idealmente durante el segundo trimestre”, señaló Scott, con el objetivo de proteger tanto a la madre como al recién nacido frente a formas graves de la enfermedad.

En el caso de la población infantil sana, la OMS mantiene una estrategia más selectiva y limita la recomendación a contextos concretos. Según detalló el presidente del SAGE, «el último grupo son los niños sanos de entre 6 y 23 meses que no hayan sido vacunados previamente, pero solo si se documenta una carga significativa de enfermedad en este grupo de edad», sin que se recomiende la revacunación sistemática.

Las nuevas recomendaciones insisten en la necesidad de adaptar las decisiones a la realidad de cada país. En este sentido, Scott recordó que «los países deberían considerar el uso de la vacunación frente a la COVID-19 en función de la epidemiología local, las características de la población, el acceso a las vacunas, la rentabilidad y la viabilidad programática».

Un contexto global complejo

Kate O’Brien durante la rueda de prensa.

Este enfoque flexible se enmarca en un contexto global especialmente complejo para los programas de inmunización. La directora del Departamento de Inmunización de la OMS, Kate O’Brien, advirtió de que el mundo se encuentra en una fase de profundos cambios. «Estamos en 2026 en un mundo profundamente cambiante para las enfermedades infecciosas y para los programas de vacunación», señaló, destacando la presión que suponen la reducción de presupuestos sanitarios, la disminución de la ayuda internacional y la necesidad de priorizar intervenciones. A ello se suma un reto creciente: «La confianza está siendo amenazada por la desinformación y las distorsiones de la información», lo que pone en riesgo los avances logrados en las últimas décadas.

En este escenario, la OMS insiste en la importancia de basar las decisiones en la evidencia científica. Tal y como recordó la experta Annelies Wilder-Smith, de la secretaría de la OMS en SAGE, «las vacunas son una de las herramientas más poderosas que tenemos para proteger la salud, prevenir enfermedades y salvar vidas, pero decidir cuáles usar, cuándo y cómo hacerlo requiere una toma de decisiones cuidadosa, transparente y basada en la evidencia».

Annelies Wilder-Smith en la rueda de prensa.

Con estas nuevas directrices, la OMS consolida un cambio de enfoque en la gestión de la COVID-19, pasando de estrategias generalizadas a modelos de vacunación periódica centrados en el riesgo. El mensaje es claro: aunque la fase más aguda de la pandemia ha quedado atrás, el virus sigue representando una amenaza para los más vulnerables, y la vacunación continúa siendo la herramienta fundamental para reducir hospitalizaciones y muertes.

Fiebre tifoidea y polio

Más allá de la COVID-19, el Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización también ha actualizado sus recomendaciones sobre otras enfermedades prevenibles por vacunación. En el caso de la fiebre tifoidea, el grupo respalda la introducción de la vacuna conjugada (TCV) en países con alta o muy alta incidencia o con elevada presencia de cepas resistentes a antimicrobianos. Además, plantea la posibilidad de administrar una dosis de refuerzo en torno a los cinco años en contextos de muy alta transmisión, ante la evidencia de que la protección puede disminuir con el tiempo, especialmente en niños vacunados a edades tempranas.

En relación con la polio, los expertos muestran preocupación por la persistencia de la transmisión del poliovirus salvaje en Pakistán y Afganistán, así como por la circulación de poliovirus derivados de la vacuna en varios países africanos. En este contexto, el SAGE insiste en la necesidad de reforzar la vacunación sistemática y alcanzar a los niños no inmunizados. Al mismo tiempo, recomienda que los países con bajo riesgo de importación que ya administran tres dosis de vacuna inactivada durante el primer año de vida puedan reducir de tres a dos las dosis de vacuna oral bivalente, manteniendo así la inmunidad de las mucosas sin comprometer la protección poblacional.


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