El uso de opioides en UCI no implica mayor riesgo de consumo crónico, según el estudio OCEANIA

El trabajo, realizado por Semicyuc, revela que solo el 8,6% de los pacientes que recibieron opioides en UCI desarrolló un consumo crónico, asociado a peor calidad de vida y mayor dolor

UCI

Los opioides conforman un amplio grupo de medicamentos utilizados principalmente para el alivio del dolor. Estos compuestos pueden derivarse de fuentes naturales, como la morfina o la codeína; ser de origen sintético, como el fentanilo; o semisintéticos, como la oxicodona. Su mecanismo de acción se basa en bloquear las señales neuronales relacionadas con el dolor, generando además una sensación de bienestar.

Sin embargo, su alto potencial adictivo plantea importantes desafíos en cuanto a su prescripción, dosificación y uso prolongado. Estas dificultades se intensifican en entornos críticos como las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), donde los profesionales de Medicina Intensiva emplean opioides de forma habitual en pacientes que requieren analgesia y sedación.

Con el objetivo de analizar si la administración de opioides durante el ingreso en UCI se asocia a un consumo crónico posterior, así como de evaluar los patrones de uso de estos fármacos en los Servicios de Medicina Intensiva, el Grupo de Trabajo de Analgesia, Sedación y Delirium (GTSAD) de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) ha impulsado el Estudio OCEANIA (Opioids Consumption After AdmissioN to Intensive cAre). Los resultados de esta investigación han sido presentados en el marco del Congreso Nacional de esta Sociedad.

Patrones de uso

El estudio, en el que han participado 1.782 pacientes procedentes de 25 Servicios de Medicina Intensiva de toda España, ha revelado que la administración de opioides durante el ingreso en la UCI no constituye, por sí sola, un factor de riesgo para el desarrollo de un consumo crónico.

Además, los datos muestran que una prescripción controlada de estos fármacos, tanto en el momento del alta de la UCI como al finalizar la hospitalización, contribuye a reducir su uso prolongado, el cual se ha asociado a una peor calidad de vida en los pacientes.

«Existe una verdadera preocupación entre la comunidad científica en lo que respecta al consumo extrahospitalario de opioides. Países como Estados Unidos se encuentran en la actualidad sumidos en una verdadera crisis sanitaria, en este caso, en relación con el fentanilo. El estudio OCEANIA nos ha ayudado a conocer las prácticas de analgosedación en los servicios de Medicina Intensiva españoles, los factores de riesgo asociados al consumo crónico de opioides y subraya la importancia de minimizar su uso», explicó Sara Alcántara, coordinadora del GTSAD e intensivista del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda.

Del total de pacientes analizados en el estudio, cuya recogida de datos se realizó en 2023, el 48,3% recibió opioides durante su estancia en la UCI. Sin embargo, al momento del alta de la UCI, solo el 9% de los pacientes continuaba con este tratamiento, porcentaje que se redujo ligeramente al 8,2% tras el alta hospitalaria. Entre aquellos que completaron el seguimiento, el 8,6% fueron clasificados como consumidores crónicos de opioides.

Perfil del consumidor crónico de opioides tras ingreso en UCI

Según los datos del estudio, el perfil más frecuente entre los pacientes que desarrollaron un consumo crónico de opioides corresponde al de una mujer de entre 56 y 75 años, con antecedente de uso previo de estos fármacos. Durante su ingreso en la UCI, recibió ventilación mecánica durante una media de cuatro días y permaneció ingresada en cuidados intensivos unos 11 días.

El tratamiento habitual incluyó fentanilo, midazolam y dexmedetomidina, y fue dada de alta tanto de la UCI como del hospital con una pauta de opioides prescrita. Los resultados del estudio OCEANIA también indican que el consumo crónico de opioides se asoció con una peor calidad de vida autoevaluada por los propios pacientes a los tres meses del alta, así como con una mayor prevalencia de dolor.

«Conocer las pautas más frecuentes de analgesia en los servicios de Medicina Intensiva, así como sus consecuencias sobre los pacientes puede contribuir a la creación de protocolos estandarizados y basados en la evidencia que ayuden a disminuir la morbimortalidad del paciente crítico y la aparición de cuadros como el síndrome postcuidados intensivos», afirmó Alcántara.

Además, los profesionales de Medicina Intensiva han comprobado que determinados factores clínicos, como la presencia de una neoplasia activa, el motivo del ingreso en la UCI o la dosis total de opioides administrada durante la hospitalización, no se asocian por sí mismos a un mayor riesgo de consumo crónico de estos fármacos.

Tampoco se han identificado como factores de riesgo el uso de sedantes en infusión continua, la realización de procedimientos quirúrgicos, la duración de la estancia en la UCI ni el destino del paciente tras el alta hospitalaria.

«Aunque el consumo de opioides durante el ingreso en UCI no se haya identificado por sí mismo como un factor de riesgo, es fundamental que los intensivistas valoremos de forma individualizada la idoneidad de mantener el tratamiento opioide al alta de la UCI. El cuestionamiento diario de si mi paciente necesita mantener el opioide debería pasar a ser parte de las rutinas de los servicios de Medicina Intensiva. El impacto que nuestras prácticas tienen en la calidad de vida de los pacientes es innegable y es nuestra obligación minimizar todas aquellas actuaciones que puedan mermar su calidad de vida futura», concluyó la especialista.


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