Las terapias con células CAR-T han supuesto una revolución en la medicina, especialmente en el tratamiento de los cánceres hematológicos. Esta estrategia innovadora de inmunoterapia consiste en modificar genéticamente los linfocitos T del paciente para que reconozcan y ataquen específicamente a las células tumorales. Desde su aprobación para tratar ciertos tipos de leucemia y linfoma, las CAR-T han demostrado una eficacia sin precedentes en casos refractarios a otros tratamientos, marcando un antes y un después en la oncología. Además, su potencial se está explorando en otras enfermedades autoinmunes y tumores sólidos, abriendo nuevas puertas en la medicina personalizada y de precisión.
En este sentido, un grupo de investigadores en Estados Unidos (EE.UU.) ha seguido la evolución de varios pacientes que recibieron terapias CAR-T en un pequeño ensayo clínico llevado a cabo entre 2004 y 2009 para tratar el neuroblastoma, un tumor de células nerviosas que puede presentar un pronóstico desfavorable en niños. Uno de estos pacientes, una mujer que recibió el tratamiento durante su infancia, sigue en remisión 18 años después, lo que representa el caso documentado de mayor duración tras una terapia de este tipo. Los hallazgos han sido publicados en la revista Nature Medicine.
Los resultados de este estudio evaluaron una terapia de células CAR-T modificadas genéticamente, desarrollada en el Centro de Terapia Celular y Génica del Baylor College of Medicine, en colaboración con el Texas Children’s Hospital y el Houston Methodist Hospital.
El seguimiento de la paciente
El ensayo clínico, llevado a cabo entre 2004 y 2009 en el Texas Children’s Cancer Center, fue el primero en abrirse en el Centro de Terapia Celular y Génica. En él participaron 19 niños con neuroblastoma en recaída o refractario, quienes recibieron tratamiento con células CAR-T diseñadas para atacar el antígeno GD2, altamente expresado en la superficie de las células del tumor. Entre los 11 pacientes que presentaban enfermedad activa en el momento de la terapia, dos lograron respuestas completas sostenidas, una de ellas durante más de 18 años. Por otro lado, de los ocho pacientes que no mostraban evidencia de enfermedad activa al inicio del tratamiento, cinco permanecieron libres de enfermedad en su último seguimiento, realizado entre 10 y 15 años después de la infusión.
“Nos alienta el hecho de que no sólo los pacientes con ciertas neoplasias malignas de las células sanguíneas pueden tener respuestas sostenidas a las células CAR T, sino también algunos pacientes con tumores sólidos avanzados que pueden seguir estando libres de la enfermedad casi dos décadas después, con una calidad de vida normal”, afirmó en un comunicado el coautor del estudio Malcom Brenner, profesor y director fundador del Centro de Terapia Celular y Génica y presidente de la Cátedra Fayez Sarofim en Baylor. “En el futuro, esperamos extender este éxito a un mayor porcentaje de pacientes con más tipos de cáncer”, aseguró.
Los investigadores identificaron la presencia de niveles bajos de células CAR-T que perduraron en los pacientes a lo largo del período de seguimiento, con una mayor persistencia en aquellos que sobrevivieron a largo plazo. La terapia CAR-T de primera generación empleada en este estudio no contenía moléculas coestimulantes, un componente que las terapias CAR-T actuales incorporan para aumentar su eficacia.
En esta línea, Luis Álvarez-Vallina, jefe de la Unidad Mixta de Inmunoterapia del Cáncer H12O/CNIO (Hospital Universitario 12 de Octubre/Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), señaló a Science Media Centre España que este trabajo «aporta información biológica sobre el comportamiento de las células CAR que podría ser útil para diseñar futuros estudios». Además, explicó que «es el primer estudio en comparar la eficacia y la persistencia de las células CAR-T generadas a partir de linfocitos T expandidos con anticuerpos anti-CD3 y las generadas a partir de linfocitos específicos frente al virus de Epstein-Barr mediante técnicas genéticas».
Sin embargo, recalcó que «se trata de una serie reducida con una única paciente y un periodo observacional de 18 años, por lo que para validar estos hallazgos y el potencial impacto terapéutico de las terapias CAR-T de nueva generación en pacientes con neuroblastoma y otros tipos de tumores sólidos, es fundamental disponer de series más amplias».
Por otro lado, Manel Juan, jefe de Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona, también señaló a Science Media Centre que «el caso es una prueba de que los CAR de primera generación pueden perdurar y funcionar si el linfocito T que se transduce con el CAR tiene esta opción y sin necesidad de dominios coestimuladores». «En este caso, el partir de linfocitos T anti-virus de Epstein Barr (EBV) permite que el receptor de TcR permita esta supervivencia y función para un tumor sólido», indicó.
Asimismo, aseguró que esto «encaja con la evidencia existente, pero remarca la importancia del TcR endógeno, es decir, la importancia de los linfocitos del paciente por encima, o al lado, de la propia molécula CAR-T».