Investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. han desarrollado una innovadora metodología para cuantificar el consumo de alimentos ultraprocesados mediante análisis de sangre y orina. Este avance, publicado en la revista PLOS Medicine, ofrece una alternativa objetiva a los cuestionarios dietéticos tradicionales, que suelen depender de la memoria y honestidad del paciente.
El equipo científico identificó cientos de metabolitos (moléculas producidas durante el metabolismo) en muestras biológicas que se correlacionan con la proporción de energía derivada de alimentos ultraprocesados en la dieta. Mediante un algoritmo de aprendizaje automático, crearon un «índice biomarcador» que estima con precisión el consumo de estos alimentos, incluso en individuos que no informan de manera precisa su ingesta.
Para validar este modelo, se utilizaron datos de 718 adultos mayores que participaron en el estudio IDATA, que incluyó muestras de sangre, orina y registros dietéticos durante un año. Además, se llevó a cabo un ensayo clínico controlado con 20 participantes que alternaron durante dos semanas entre dietas altas y bajas en alimentos ultraprocesados. Los resultados mostraron que los metabolitos seleccionados en sangre y orina podían diferenciar con alta precisión entre ambas dietas.
Este enfoque permite detectar patrones metabólicos asociados al consumo de alimentos ultraprocesados, como alteraciones en el metabolismo de aminoácidos, lípidos, carbohidratos y vitaminas. Algunos metabolitos, como el ácido N6-carboximetil lisina, se correlacionaron positivamente con la ingesta de estos alimentos, mientras que otros, como la S-metilcisteína sulfoxida, mostraron una relación negativa.
Los autores destacan que este método podría ser útil para evaluar riesgos de enfermedades crónicas, como obesidad, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer, asociados al consumo elevado de alimentos ultraprocesados. Sin embargo, advierten que es necesario realizar más estudios en poblaciones diversas para confirmar su aplicabilidad generalizada.
Como recomendación práctica, los investigadores sugieren que los consumidores lean las etiquetas nutricionales de los productos para limitar la ingesta de azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio, componentes típicos de los alimentos ultraprocesados.
Este avance representa un paso significativo hacia una evaluación más precisa y objetiva de los hábitos alimentarios, con implicaciones potenciales para la prevención y el tratamiento de enfermedades relacionadas con la dieta.