La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incorporado recientemente los repelentes espaciales como herramienta complementaria en la prevención de la malaria. La medida llega en un contexto de necesidad de nuevas soluciones frente a la expansión y cambio de comportamiento de los vectores. Sobre este telón de fondo, una revisión sistemática con metaanálisis publicada en eBioMedicine parte de The Lancet aporta la evidencia técnica clave sobre la eficacia de los repelentes espaciales piretroides volátiles (VPSR) frente a mosquitos que transmiten malaria, dengue y otras arbovirosis.
El trabajo identificó estudios realizados entre enero de 2000 y septiembre de 2023, aplicando una búsqueda en bases de datos y literatura gris, y evaluó ensayos de campo y semicampo que midieron la ‘eficacia protectora’ (EP) de los VPSR mediante dos estándares entomológicos: la captura de aterrizaje humano (HLC, por sus siglas en inglés) y la densidad de trampas. En total, 64 estudios fueron elegibles para la revisión; 58 aportaron estimaciones al diagrama de bosque, que sumó 84 estudios cuando una misma publicación contenía más de un experimento.
En conjunto, los trabajos revisados muestran una protección media en torno a la mitad de las picaduras evitadas. En la revisión sistemática a nivel de estudio, que abarcó 1.387.551 mosquitos, la EP media fue del 56%, con alta heterogeneidad. El metaanálisis con datos individuales, que integró 50 de los estudios (86% de los elegibles) y 1.703.120 mosquitos, arrojó una EP agrupada del 52%.
El método más fiable para medir la eficacia fue la captura de aterrizaje humano, que cuenta los mosquitos que intentan posarse para picar. Este efecto se observó frente a tres géneros de mosquitos de interés sanitario: Anopheles, Aedes y Culex. El análisis confirmó diferencias por especie: por ejemplo, se observó baja EP en Anopheles funestus (31%), mientras que otras especies presentaron estimaciones más altas.
Los resultados fueron consistentes al comparar entornos y diseños: la EP fue similar en estudios de semicampo (58%) y de campo (50%). Tampoco quedaron claras diferencias entre interior (54%) y exterior (56%). Además, el rendimiento no mostró sensibilidad a la combinación de factores climáticos (temperatura, humedad y viento) en los análisis de sensibilidad para estudios al aire libre.
Las autoras y autores concluyen que los VPSR ofrecen protección frente al contacto con mosquitos en múltiples escenarios y especies, y que los estudios de semicampo reproducen razonablemente los resultados de campo. Al mismo tiempo, señalan vacíos que deben cubrirse con urgencia: estandarizar metodologías (priorizando medidas directas como HLC), ampliar estudios de campo al aire libre y generar más evidencia en regiones con alta carga (África Occidental, Sudamérica y Sudeste Asiático), así como profundizar en el papel de la resistencia a piretroides.
De cara a la implementación, los hallazgos respaldan la recomendación reciente —y condicional— de la OMS para incorporar los VPSR donde existan brechas de protección (como durante el tiempo al aire libre, en situaciones sin mosquiteros o en emergencias). La priorización de especies locales, ecotipos y patrones de exposición será determinante para integrar estos productos en programas de control vectorial y maximizar su impacto en malaria, dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos.