Reto en mieloma múltiple: elegir la secuencia terapéutica óptima en un arsenal cada vez más amplio

Mateos (SEHH), Clavero (Hospital Virgen de las Nieves) y Blanchard (Hospital Universitario Ramón y Cajal), analizaron casos reales de pacientes que pasaron por varias líneas de tratamiento

mieloma múltiple

Especialistas en hematología y hemostasia se han dado cita en Oviedo dentro del LXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) y el XLI Congreso de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH) para explorar los últimos avances en el sector. En esta ocasión nos centramos en el mieloma múltiple.

En el caso del tratamiento del mieloma múltiple se ha llevado a cabo un simposio que ha ido de la mano de Mª Victoria Mateos Manteca, presidenta de la SEHH y especialista en el Hospital Universitario de Salamanca; María Esther Clavero Sánchez, del Hospital Virgen de las Nieves; y María Jesús Blanchard Rodríguez, del Hospital Universitario Ramón y Cajal, quienes han presentado las innovaciones terapéuticas y las estrategias de manejo integral de esta enfermedad hematológica.

Optimizar las terapias en mieloma múltiple

En su ponencia, la presidenta de la SEHH destacó la importancia de optimizar las terapias desde las primeras líneas de tratamiento para mejorar la supervivencia de los pacientes. «Esto es algo clásico y todos lo sabemos bien, en torno a un 30% de los pacientes los perdemos entre la primera y la segunda línea de tratamiento, entre la segunda y la tercera y más allá», señaló, subrayando la necesidad de utilizar las mejores opciones de forma temprana.

Durante su intervención, Mateos también hizo hincapié en que el tratamiento del mieloma en recaída no se debe esperar a que surjan complicaciones graves. «No debemos esperar hasta que el paciente presente sintomatología aguda, insuficiencia renal o una nueva lesión crítica para tratar», afirmó, recordando que los estudios clínicos suelen incluir pacientes por criterios de progresión, incluso sin eventos graves, y que el beneficio en estos casos es mayor.

La experta repasó los avances recientes en terapias dirigidas, incluyendo los inhibidores de proteasoma y los anticuerpos monoclonales anti-CD38, que hoy forman parte de las primeras líneas de tratamiento. Sin embargo, destacó la necesidad de nuevas estrategias para pacientes que ya han recibido múltiples tratamientos.

Además, entre las innovaciones más relevantes, Mateos destacó los anticuerpos monoclonales dirigidos contra BCMA y GPRC5D, aprobados para pacientes con mieloma en recaída y triple refractario.

En cuanto a seguridad, la hematóloga señaló que los efectos adversos de estos tratamientos son predecibles y manejables, destacando el síndrome de liberación de citocinas y alteraciones menores como disgeusia o problemas cutáneos. Además, destacó la consistencia de los resultados en estudios de vida real, realizados en Europa y España, que confirman la eficacia observada en los ensayos clínicos. «Los datos de eficacia se confirman en la práctica clínica, lo cual es importante para los hematólogos, que sabemos manejar este tipo de anticuerpos específicos», concluyó.

Exponiendo casos reales

María Esther Clavero ilustró la aplicación clínica de los nuevos tratamientos con un caso real de un paciente de 59 años. Se trataba de un hombre previamente sano, con antecedentes de hipertensión leve, cuya enfermedad evolucionó a lo largo de múltiples líneas de tratamiento. «Vemos un señor bastante sano… la infiltración de células plasmáticas era del 40% y no tomaba medicación alguna», relató la especialista.

Clavero detalló la secuencia terapéutica del paciente, que comenzó en noviembre de 2018 con un régimen de VRD, alcanzando una respuesta completa en la lesión inicial y una muy buena respuesta parcial a nivel sistémico. A lo largo de los años, el paciente recibió varias líneas de tratamiento mostrando progresiones periódicas que coincidían con hospitalizaciones, incluidas infecciones por COVID-19.

La especialista subrayó la importancia de continuar tratando a pacientes con recaídas múltiples y características complejas, señalando que la elección de terapias posteriores puede ofrecer eficacia significativa: «Nos atrevemos a continuar… creemos que se puede recuperar y mejorar ese bache tan importante que tuvo este paciente a fin de 2024», defendió la especialista en este caso.

En mayo de 2024, tras recibir un anticuerpo monoclonal dirigido, el paciente presentó una respuesta completa, con mínima enfermedad residual que se mantuvo durante un año. Clavero destacó también la relevancia del manejo de infecciones y del seguimiento inmunológico en estos pacientes: «Debe tener un nivel de inmunoglobulina adecuado, ya que eso ayuda mucho para manejar bien la infección del paciente». El caso evidencia cómo, incluso en pacientes con recaídas múltiples y exposición previa a varias terapias, los tratamientos más recientes pueden ofrecer resultados clínicos alentadores, manteniendo un perfil de seguridad aceptable y mejorando la calidad de vida.

Desafíos en el manejo de pacientes con MM

Por su parte, María Jesús Blanchard Rodríguez compartió otro caso clínico que refleja los desafíos del manejo del mieloma múltiple en recaída y la importancia del abordaje individualizado. Se trataba de un paciente de 51 años diagnosticado de mieloma múltiple en 2022. «Es un paciente que sabe las fichas técnicas de los fármacos mejor que yo», comentó la especialista, antes de explicar los detalles clínicos y terapéuticos de su evolución.

El paciente presentaba un mieloma tipo IgG. Tras recibir una primera línea con VRD, y posteriormente tratamiento de mantenimiento, experimentó una recaída a los doce meses, cumpliendo criterios de refractariedad a bortezomib y lenalidomida. «Llegábamos ya a segunda línea y triple refractario, una situación que por desgracia nos pasa en un porcentaje no deseable de pacientes», señaló Blanchard.

Ante la progresión, el equipo optó por un régimen con KPD, que logró una respuesta inicial pero de corta duración. Posteriormente, el paciente recibió un tratamiento con un anticuerpo biespecífico en uso compasivo, con el que alcanzó su mejor respuesta hasta la fecha: «El paciente hizo una remisión completa con enfermedad mínima residual negativa», relató la hematóloga. No obstante, al cabo de un año, se evidenció una nueva progresión, y la recaída se manifestó de forma atípica, con afectación neurológica derivada de una lesión lítica craneal.

En ese contexto, el equipo decidió iniciar tratamiento con talquetamab, un anticuerpo dirigido contra GPRC5D. «Considerábamos que era la mejor opción terapéutica real que podíamos ofrecer a este paciente», explicó Blanchard, recordando que incluso en pacientes previamente tratados con CAR-T o anticuerpos anti-BCMA, la tasa de respuesta global se aproxima al 70%.

El caso permitió además discutir los efectos adversos específicos de este tipo de fármacos, como la xerostomía, la disfagia o la pérdida de peso. «Lo manejamos con recomendaciones nutricionales y medidas de hidratación… insistimos mucho en que hagan comidas pequeñas, eviten alimentos secos y mantengan una buena hidratación», señaló. También describió complicaciones cutáneas como la onicodistrofia, que requieren cuidados específicos. «Buscamos soluciones para mejorar estos síntomas sin suspender el tratamiento, porque para muchos pacientes continuar es, también, un apoyo psicológico fundamental», añadió.

Blanchard insistió en la necesidad de acompañar al paciente en la gestión de los efectos secundarios y en el valor de la experiencia compartida entre profesionales: «Nos falta por aprender muchas cosas y hacer más sesiones de capacitación, que es como realmente aprendemos todos».


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