Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2020 la estrategia “Derrotar a la Meningitis en 2030”, una hoja de ruta para frenar las elevadas tasas de mortalidad y discapacidad asociadas a esta enfermedad. Esta enfermedad grave se caracteriza por la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, afectando a unos 2,5 millones de personas anualmente y causando aproximadamente 250.000 muertes en todo el mundo, según estimaciones de la OMS.
La meningitis puede tener diferentes orígenes: viral, bacteriano, fúngico o parasitario, aunque la forma bacteriana es la más peligrosa y puede provocar la muerte en cuestión de horas si no se recibe tratamiento inmediato. Alrededor de uno de cada seis pacientes con meningitis bacteriana fallece, especialmente en casos de meningitis meningocócica y neumocócica. Además, hasta un 20% de los sobrevivientes sufre secuelas graves como pérdida auditiva, problemas visuales, dificultades en el habla, lenguaje y memoria, así como otras afectaciones neurológicas derivadas del daño cerebral. En casos severos, cuando la infección se extiende al torrente sanguíneo causando sepsis, pueden producirse amputaciones de extremidades, afectando significativamente la calidad de vida. De hecho, la meningitis es la sexta causa neurológica más discapacitante a nivel mundial, tras el ictus, encefalopatía neonatal, migraña, demencia y neuropatía diabética.
Durante el último año se registraron a nivel global 1,6 millones de casos de meningitis bacteriana, que provocaron alrededor de 250.000 muertes. Aunque la mayor carga se concentra en el llamado “cinturón africano de la meningitis” —que abarca desde Senegal hasta Etiopía—, ningún país está exento de casos esporádicos o brotes. En España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), se diagnostican cada año aproximadamente 1.000 casos de meningitis, de los cuales un 10% son especialmente graves.
“Aunque en España la incidencia sigue siendo baja, la meningitis continúa siendo una de las principales causas de muerte por infección en niños y adolescentes, y observamos una tendencia al alza desde 2014”, explica Saima Bashir, coordinadora del Grupo de Estudio de Neurología Crítica e Intensivista de la SEN. “Por ejemplo, en 2024 se notificaron 330 casos de meningitis meningocócica, frente a 270 en el año anterior. Por ello, insistimos en la importancia de reforzar la prevención y la vacunación, animando a padres y cuidadores a seguir estrictamente el calendario vacunal y a extremar las precauciones en los contactos con personas diagnosticadas. Ante cualquier sospecha, es fundamental acudir de inmediato a un centro sanitario, ya que la meningitis puede causar la muerte en menos de 24 horas y un diagnóstico precoz puede salvar vidas y reducir secuelas”.
Entre los síntomas más habituales se encuentran fiebre repentina, dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello, náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz y erupciones cutáneas. En bebés y niños pequeños puede manifestarse con irritabilidad inexplicable, vómitos y abultamiento de la fontanela. Los grupos de mayor riesgo son niños menores de cinco años, especialmente si no están vacunados, jóvenes entre 15 y 24 años, personas inmunodeprimidas y quienes viven o trabajan en entornos con alta concentración de personas.
Respecto a la transmisión, “aunque varía según el microorganismo, la mayoría de las bacterias causantes de meningitis se contagian mediante contacto cercano con una persona infectada, a través de pequeñas partículas expulsadas al hablar, toser o estornudar”, aclara Bashir. “Por ello, además de la vacunación, que es la medida preventiva más eficaz, se deben mantener buenos hábitos de higiene personal. Tras la relajación de las medidas de contención por la pandemia de COVID-19, se ha observado un aumento en la incidencia de meningitis meningocócica desde 2022, lo que subraya la importancia de medidas sencillas como el lavado frecuente de manos, evitar compartir utensilios, desinfectar y ventilar espacios comunes, cubrirse al toser o estornudar, y usar repelentes y ropa protectora en áreas con riesgo de transmisión por mosquitos u otros animales”.
Finalmente, ante el contacto estrecho con un caso confirmado de meningitis bacteriana, se recomienda consultar al médico para recibir pautas de profilaxis y prevención, reforzando así la protección individual y colectiva frente a esta enfermedad que, pese a su gravedad, puede evitarse con una adecuada respuesta sanitaria.