La décima edición del Neumoforo, celebrado en la Universidad Rey Juan Carlos, se inauguró con una advertencia clara: la resistencia a los antibióticos constituye ya una «pandemia silenciosa» que amenaza con poner en jaque a la medicina moderna. Además, en el primer día de la jornada se han destacado los hitos conseguidos a lo largo de las últimas dos décadas en la vacunación.
Tras la bienvenida por parte de Ángel Gil de Miguel, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Rey Juan Carlos, el encargado de abrir el encuentro fue Fernando González Romo, especialista del Servicio de Microbiología Clínica del Hospital Clínico San Carlos, quien defendió el papel de las vacunas como herramienta clave para frenar la expansión de las resistencias antimicrobianas (RAM).
“Los antibióticos han salvado millones de vidas y han permitido desarrollar la cirugía moderna, los trasplantes o la quimioterapia. Pero hoy asistimos a un escenario en el que su eficacia peligra”, advirtió González Romo, recordando que ya en 1945 Alexander Fleming alertó sobre el riesgo del «uso irreflexivo» de la penicilina.
Una amenaza creciente
El especialista subrayó que, aunque el problema tiene múltiples causas, las cifras hablan por sí solas: en 2019, la resistencia a los antimicrobianos estuvo asociada a casi cinco millones de muertes en el mundo y, de no revertirse la tendencia, podrían alcanzarse los 10 millones anuales en 2050. «El impacto no será solo sanitario, también económico y social. Se calcula una caída del PIB mundial de entre el 1,1 y el 3,8%, además de millones de personas empujadas a la pobreza extrema», explicó.
Este desafío ha sido reconocido por la OMS y la ONU, que ya en 2016 celebraron una asamblea monográfica sobre el tema. Años después, sin embargo, «seguimos con muchos planes sobre el papel y pocos en marcha», señaló González Romo, en referencia a los programas nacionales puestos en marcha en 178 países, incluidos los de España.
Vacunas como parte de la solución
Si bien los planes iniciales contra la RAM se centraban en promover un uso más racional de los antibióticos, González Romo destacó que la actualización del plan español en 2017 ya incluyó un apartado específico sobre inmunización. La razón es clara: las vacunas no solo previenen infecciones, también reducen la necesidad de prescribir antibióticos y, por tanto, frenan la aparición de resistencias.
«Vacunar no solo protege al individuo, también al colectivo. Evita que la bacteria colonice, circule y transfiera genes de resistencia. Además, preserva la microbiota y reduce la presencia de antibióticos en el medioambiente», explicó.
En esta línea, la OMS recogió esta estrategia en su plan de acción de 2021, con tres ejes principales: aumentar el uso de vacunas existentes, acelerar el desarrollo de nuevas y avanzar en la medición de su impacto frente a la resistencia.
Los datos avalan este enfoque. En el caso del neumococo, la introducción de las vacunas conjugadas ha reducido de forma drástica las infecciones por cepas resistentes en países como Estados Unidos, España o Israel. Algo similar ocurrió con Haemophilus influenzae tipo b, cuyas resistencias prácticamente desaparecieron tras la generalización de la vacuna.
El experto citó también ejemplos de gran relevancia internacional, como la fiebre tifoidea, donde la introducción de una vacuna conjugada de bajo coste está frenando resistencias en países con alta incidencia, o la tuberculosis, con proyectos en marcha que podrían cambiar radicalmente la evolución de la enfermedad más letal de origen bacteriano. Incluso en infecciones de origen vírico como la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS), la vacunación ha demostrado un impacto indirecto en la reducción de tratamientos antibióticos.
Veinte años de vacunación del adulto: avances y retos pendientes
Tras la conferencia inaugural, se continuó con la primera mesa de debate dedicada a repasar dos décadas de vacunación en la población adulta. El periodista Oriol Güell, encargado de moderar la sesión, arrancó con una reflexión que situó el valor de las inmunizaciones en perspectiva: «Mientras estamos aquí reunidos hablando de vacunas, ahí fuera están haciendo su trabajo. En estos minutos se han salvado muchas vidas y se han evitado cuadros tan graves como el herpes zóster, que tanto impacta en la vida de los pacientes».
Sin embargo, y pese a los progresos alcanzados, la mesa coincidió en que la vacunación del adulto sigue lejos de alcanzar la notoriedad y las coberturas de la vacunación infantil. Factores como la menor percepción del riesgo, la escasa conciencia social de los beneficios, la complejidad logística para identificar grupos de riesgo o incluso la desigualdad territorial entre comunidades autónomas explican parte de esta brecha.
Para profundizar en estos desafíos, el panel reunió a algunas de las principales voces del ámbito de la salud pública y la vacunología: Marta Molina, subdirectora general de Prevención y Promoción de la Salud de la Comunidad de Madrid; Ángel Gil de Miguel, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Rey Juan Carlos; María Garcés Sánchez, pediatra y subdirectora general en la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana; José Antonio Forcada Segarra, presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (ANENVAC); y Jaime Pérez Martín, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV).
El debate permitió hacer memoria de los principales hitos en estas dos décadas de vacunación del adulto. Jaime Pérez Martín recordó la importancia del documento de consenso publicado en 2018, que supuso un antes y un después en la definición de grupos de riesgo y en la armonización de criterios. «Era absurdo que cada comunidad autónoma trabajara de forma individual», señaló. «Ese documento fue contundente y muy bien recibido por los profesionales, pero ahora el reto es que llegue a todos los sanitarios, no solo a los que trabajamos en vacunas».
En esa misma línea, José Antonio Forcada defendió la necesidad de avanzar hacia un «calendario para toda la vida». Según explicó, «las vacunas no son cosa de niños, son para toda la vida, desde la mujer embarazada hasta las últimas etapas de la existencia». A su juicio, la pandemia de COVID-19 supuso un punto de inflexión para que la población adulta tomara conciencia de que también necesitaba protegerse.
María Garcés Sánchez destacó la aportación de las vacunas conjugadas y el desarrollo de fórmulas con adyuvantes para combatir la inmunosenescencia: «Han sido hitos comparables a los anticuerpos monoclonales. Estas innovaciones han permitido respuestas inmunes más sólidas en el adulto, reduciendo complicaciones graves como la neumonía asociada a la gripe».
Por su parte, Ángel Gil de Miguel recordó que ya en 2005 algunas comunidades empezaron a dar pasos con calendarios específicos para adultos. «La inclusión de la vacunación en la embarazada ha sido otro avance fundamental. Hoy vacunamos frente a gripe, tosferina o COVID con coberturas excelentes, algo impensable hace apenas dos décadas».
La perspectiva institucional llegó de la mano de Marta Molina que insistió en que el gran salto cultural pasa por decisiones contundentes: «El hito de elaborar un calendario a lo largo de la vida es clave. Lo vemos en los datos: las vacunas con indicación poblacional alcanzan siempre mejores coberturas que aquellas limitadas a grupos de riesgo».
Superar barreras y cambiar la cultura social
En la siguiente parte del coloquio, los expertos señalaron los obstáculos que aún frenan la vacunación del adulto. Entre ellos, la falta de un calendario único en España, la dificultad para definir y registrar a los grupos de riesgo o la escasa sensibilización de algunos profesionales sanitarios. «El problema es que muchos compañeros que no trabajan en vacunación no incluyen todavía las inmunizaciones en sus protocolos de atención», lamentó Molina.
Forcada reforzó esta idea desde la práctica enfermera: «Las vacunas deberían estar integradas en los cuidados de enfermería, no solo en primaria, también en todas las especialidades. Aún hoy hay pacientes que solo acceden a ellas si lo piden por iniciativa propia».
Por otro lado, los ponentes coincidieron también en la relevancia de la comunicación. Para Jaime Pérez, «hay que transmitir mensajes positivos y tangibles, como que la vacuna de la gripe evita 100.000 hospitalizaciones al año en Reino Unido. Pero también debemos explicar con claridad qué riesgos asume quien no se vacuna».
De esta mesa se extrae un mensaje claro: la vacunación del adulto necesita planificación, coordinación y un cambio cultural profundo. Como resumió Gil de Miguel, el objetivo no es solo reducir hospitalizaciones y muertes, sino también mejorar la calidad de vida de una población cada vez más longeva y activa.
De la vacuna antigripal al herpes zóster
Por último, los expertos destacaron vacunas concretas para ilustrar los avances y retos de la vacunación adulta. Jaime Pérez destacó la vacuna neumocócica, recordando la transición de la polisacárida (PPSV23) a las vacunas conjugadas, necesarias para mantener la protección en la población adulta. Por su parte, José Antonio Forcada subrayó la vacuna antigripal, con mejoras recientes que protegen especialmente a personas mayores y de riesgo, reduciendo hospitalizaciones y complicaciones. María Garcés resaltó la vacuna frente al herpes zóster, clave para prevenir reactivaciones del virus varicela-zóster en adultos, mientras que Marta Molina abordó la vacunación frente al virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos.
Finalmente, en conjunto, los expertos coincidieron en que la innovación, la investigación y la educación sanitaria son fundamentales para consolidar la vacunación del adulto, mejorar coberturas y normalizar el calendario vacunal a lo largo de toda la vida.

