La vacunación antigripal en personas mayores se enfrenta a un reto creciente: el impacto de la inmunosenescencia sobre la respuesta inmune. Este fue uno de los ejes centrales de la mesa dedicada a este tema en la XI edición de las Jornadas de Actualización en Gripe, organizado por Seqirus, moderada por Manuel Méndez Díaz, técnico responsable del Programa de Vacunaciones en la Dirección General de Salud Pública del Departamento de Sanidad del Gobierno de Aragón, y con la participación de Marcos López Hoyos, jefe del Servicio de Inmunología en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, y Alberto Pérez Rubio, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y director Médico del Complejo Asistencial de Ávila, quienes analizaron cómo adaptar las estrategias vacunales a una población cada vez más envejecida.
Uno de los mensajes clave de López Hoyos fue la necesidad de superar la visión basada únicamente en la edad cronológica. Durante su intervención insistió en que el deterioro inmunitario depende de múltiples factores acumulados a lo largo de la vida: «La inmunosenescencia no es un tema de decir ‘a partir de los 65 soy mayor’, tiene que ver con nuestra inmunobiografía, con todos los factores intrínsecos y extrínsecos».
En esta línea, defendió un cambio conceptual hacia la «inmunofragilidad«, señalando que «el sistema inmunitario funciona peor… las respuestas son más lentas, menos robustas y duraderas», lo que condiciona una mayor vulnerabilidad frente a infecciones.
Por su parte, Pérez Rubio centró su intervención en el impacto específico de la gripe en función de la edad: «La gripe está tremendamente influenciada por la edad… en función de la edad que tengas, así se va a comportar».
En este sentido, subrayó que «la población mayor de 65 años es especialmente vulnerable a la gripe, es donde se asocia la mayor carga de enfermedad y la mayor morbimortalidad», recordando además que a partir de los 50 años la mayoría de la población presenta ya factores de riesgo.
Vacunas mejoradas: una respuesta adaptada
Durante su exposición, Marcos López Hoyos explicó los fundamentos inmunológicos que justifican el desarrollo de vacunas mejoradas, como las adyuvadas o las de alta carga antigénica. Según detalló, los adyuvantes permiten potenciar la respuesta inmunitaria: «Aumentan la respuesta inducida, títulos de anticuerpos más elevados, más rápidos y duraderos».
Además, resumió su mecanismo de acción de forma gráfica: «El adyuvante lanza la respuesta y el antígeno le da la especificidad», destacando su papel clave en poblaciones con respuesta inmune limitada.
En este sentido, en la parte más clínica, Alberto Pérez Rubio repasó la evidencia disponible, destacando que «existe una evidencia de una mayor efectividad de las vacunas mejoradas en población mayor de 65 años». Los estudios muestran reducciones relevantes en hospitalizaciones, especialmente por gripe y neumonía.

Asimismo, destacó que tanto las vacunas adyuvadas como las de alta carga han demostrado beneficios consistentes en este grupo de edad. En esta línea, uno de los puntos más debatidos fue la comparación entre ambas estrategias. Según explicó el propio Pérez Rubio, “no se encuentran diferencias significativas entre ambas vacunas”, en referencia a las formulaciones adyuvadas y de alta carga.
Esta conclusión se basa en múltiples estudios observacionales, metaanálisis y ensayos recientes, que apuntan a una efectividad comparable entre ambas opciones, también con perfiles de seguridad similares.
En cuanto a la implementación, se destacó que las recomendaciones internacionales avalan el uso de vacunas mejoradas en mayores de 65 años. En España, aunque sin una preferencia explícita, su uso está ampliamente extendido. Tal y como señaló el ponente, «está generalizado el uso de vacunas mejoradas en población mayor de 65 años», lo que refleja un cambio significativo en la práctica clínica.
Un cambio de paradigma en vacunación
Durante la mesa, el moderador Manuel Méndez Díaz introdujo también el concepto de equidad en vacunación, recordando que la diversificación de vacunas responde a una necesidad clínica: «Queremos dar las mejores vacunas a cada persona y no todas las personas son iguales. No hay nada más injusto que tratar a todos por igual».
Este enfoque refleja un cambio de paradigma hacia una vacunación más personalizada, especialmente relevante en el contexto del envejecimiento poblacional. Entre los aspectos aún por definir, López Hoyos apuntó a factores como el momento de administración: «El ritmo circadiano influye muchísimo en la respuesta inmunitaria… tenemos que definir todavía muchísimas cosas». Estos elementos podrían abrir nuevas líneas de optimización de las estrategias vacunales en el futuro.
La mesa evidenció que el abordaje de la gripe en personas mayores requiere tener en cuenta la inmunofragilidad y adaptar las herramientas disponibles. Las vacunas mejoradas se consolidan como la principal estrategia para reducir la carga de enfermedad en este grupo.
Como concluyó López Hoyos, «la vacunación es un método de promoción de la salud en el siglo XXI en una población que está envejeciendo».