Un virus zoonótico emergente transmitido por murciélagos, el ortoreovirus de pteropina (PRV), ha sido identificado en Bangladesh en pacientes con cuadros clínicos indistinguibles de la infección por el virus Nipah (NiV), uno de los patógenos más letales conocidos con potencial pandémico. El hallazgo, descrito en un estudio reciente, publicado en la revista Emerging Infectious Diseases, basado en la vigilancia nacional de NiV, refuerza la necesidad de ampliar el diagnóstico diferencial y la vigilancia molecular de las encefalitis y enfermedades respiratorias agudas en regiones con alta interacción entre humanos y fauna silvestre.
El trabajo documenta cinco casos detectados entre diciembre de 2022 y marzo de 2023 en Bangladesh, en pacientes que habían sido ingresados con sospecha clínica de infección por virus Nipah tras consumir savia cruda de palmera datilera, una vía de transmisión bien establecida para este virus. Sin embargo, las pruebas estándar de PCR y serología descartaron el Nipah. Fue la secuenciación viral de alto rendimiento la que permitió identificar al verdadero agente: un ortoreovirus de origen murciélago, hasta ahora poco considerado en el contexto de enfermedad grave en humanos.
Un hallazgo dentro del sistema de vigilancia del Nipah
Bangladesh es uno de los países más vigilados del mundo en relación con el virus Nipah. Desde 2006, el Instituto de Epidemiología, Control e Investigación de Enfermedades (IEDCR), en colaboración con el icddr,b y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), mantiene un sistema de vigilancia centinela en hospitales para detectar precozmente casos de Nipah. Entre 2006 y 2022, más de 22.000 pacientes con síntomas compatibles con Nipah fueron evaluados dentro de este programa.
Fue precisamente este sistema el que permitió identificar los cinco casos ahora descritos. Todos los pacientes presentaban fiebre y síntomas neurológicos o respiratorios —desorientación, alteración del estado mental, dificultad para caminar o respirar— y todos habían consumido savia cruda de palmera datilera en las dos semanas previas al inicio de los síntomas. Cuatro de ellos fueron diagnosticados inicialmente de encefalitis, y uno, un caso pediátrico, de convulsiones febriles.
Aunque todos los pacientes fueron dados de alta tras dos o tres semanas de hospitalización, el seguimiento a largo plazo reveló secuelas persistentes en algunos casos, como fatiga, problemas respiratorios y dificultades neurológicas. Uno de los pacientes falleció más de un año después por un deterioro progresivo de su estado neurológico, lo que subraya la posible gravedad de estas infecciones.
Qué es el ortoreovirus de pteropina
El PRV pertenece al género Orthoreovirus, dentro de la familia Reoviridae. Se trata de virus ARN bicatenarios segmentados, sin envoltura, con diez segmentos genómicos capaces de reorganizarse entre distintas cepas, un mecanismo evolutivo que incrementa su diversidad genética y su potencial zoonótico.
Estos virus están estrechamente asociados a murciélagos frugívoros, que actúan como reservorios naturales. Cepas relacionadas han sido detectadas previamente en el sudeste asiático, y algunos brotes humanos descritos en Malasia, Indonesia y Vietnam se habían vinculado a cuadros respiratorios leves. Sin embargo, el estudio de Bangladesh documenta, por primera vez con claridad, su asociación con enfermedad respiratoria aguda y encefalitis graves.
El análisis filogenético mostró que los virus detectados en los pacientes bangladesíes estaban estrechamente relacionados entre sí y con cepas previamente identificadas en murciélagos de Indonesia y Australia, como el virus de la Bahía de Nelson. Además, algunos segmentos genómicos se agruparon con variantes que en el pasado se habían asociado a transmisión limitada entre humanos, un hallazgo que despierta especial interés desde el punto de vista de la salud pública.
La savia cruda de palmera datilera ocupa un lugar central tanto en la epidemiología del Nipah como, potencialmente, en la del PRV. Durante el invierno, esta savia es consumida ampliamente por la población rural de Bangladesh y, al mismo tiempo, constituye una fuente de alimento para los murciélagos frugívoros. La contaminación de la savia con saliva, orina o heces de murciélago es la principal vía de transmisión del virus Nipah a los humanos.
Aunque en este estudio no se dispuso de muestras de savia para su análisis, los autores consideran muy probable que la infección por ortoreovirus de pteropina se produjera a través del mismo mecanismo. Los cinco pacientes vivían en regiones separadas por decenas o cientos de kilómetros y no tenían contacto entre sí, lo que refuerza la hipótesis de exposiciones independientes a una fuente común: la savia contaminada.
Más allá del Nipah: ampliar el diagnóstico diferencial
El virus Nipah es uno de los patógenos prioritarios de la Organización Mundial de la Salud por su elevada letalidad y su potencial de transmisión persona a persona. Sin embargo, el nuevo estudio pone de relieve que otros virus zoonóticos transmitidos por murciélagos pueden causar cuadros clínicos prácticamente indistinguibles.
Según los autores, centrarse exclusivamente en Nipah puede llevar a infradiagnosticar otros patógenos emergentes. En este caso, ninguno de los cinco pacientes habría sido correctamente diagnosticado sin el uso de técnicas de secuenciación viral no dirigidas, capaces de detectar virus inesperados.
El hallazgo también plantea interrogantes sobre la verdadera carga de enfermedad asociada al ortoreovirus de pteropina. Dado que el estudio se enfocó en pacientes con enfermedad grave, no puede descartarse que este virus esté causando infecciones leves o subclínicas no detectadas en la comunidad.
Los murciélagos son reservorios de un amplio abanico de virus con capacidad de salto interespecie, incluidos el Nipah, Hendra, Marburgo, los virus de la rabia y los coronavirus del SARS. La identificación del PRV como causa de enfermedad grave en humanos se suma a la creciente lista de amenazas zoonóticas emergentes vinculadas a la alteración de ecosistemas, los cambios en el uso del suelo y las prácticas culturales que favorecen el contacto estrecho entre humanos y fauna silvestre.
Desde una perspectiva de One Health, los autores subrayan la necesidad de integrar la vigilancia humana, animal y ambiental. En regiones donde el consumo de savia cruda de dátil es habitual, recomiendan incluir el PRV, junto con el NiV y otros virus transmitidos por murciélagos, en los paneles diagnósticos de encefalitis, enfermedades respiratorias agudas y síndromes febriles de origen desconocido.