Visualizan, por primera vez, las proteínas detrás del origen del párkinson directamente en tejido cerebral humano

Se trata de los oligómeros de alfa-sinucleína, estructuras de apenas unos nanómetros que hasta ahora habían escapado a la detección directa en tejido humano

párkinson

Un equipo internacional de investigadores ha conseguido, por primera vez, observar y cuantificar directamente en tejido cerebral humano los pequeños grupos de proteínas que se cree están en el origen de la enfermedad de Parkinson. Este hallazgo, publicado en la revista Nature Biomedical Engineering, marca un hito en la comprensión de la patología neurodegenerativa de mayor crecimiento en el mundo y abre nuevas vías para su diagnóstico y tratamiento en fases tempranas.

Se trata de los oligómeros de alfa-sinucleína, estructuras de apenas unos nanómetros que hasta ahora habían escapado a la detección directa en tejido humano. Durante décadas, los científicos han sospechado que estos agregados, formados en etapas iniciales, son los auténticos responsables del daño neuronal, mucho antes de que aparezcan los característicos cuerpos de Lewy, grandes depósitos proteicos que marcan la fase avanzada del párkinson.

El avance ha sido posible gracias a una nueva técnica de microscopía, denominada ASA-PD (Detección Avanzada de Agregados para la Enfermedad de Parkinson), desarrollada por investigadores de la Universidad de Cambridge, la UCL, el Instituto Francis Crick y la Politécnica de Montreal. Esta tecnología utiliza fluorescencia ultrasensible y algoritmos de análisis de imagen capaces de eliminar el ruido de fondo, lo que permite visualizar millones de oligómeros individuales en tejido post mortem.

«Esta es la primera vez que hemos podido observar oligómeros directamente en tejido cerebral humano a esta escala: es como ver estrellas a plena luz del día», señaló Rebecca Andrews, coautora principal del estudio.

El equipo analizó más de 1,2 millones de agregados de alfa-sinucleína en 30 secciones de tejido cerebral, comparando muestras de personas con párkinson y de individuos sanos de edad similar. Los resultados mostraron un hallazgo crucial: los oligómeros están presentes en ambos grupos, pero en los cerebros con enfermedad eran más grandes, más brillantes y mucho más numerosos.

Además, identificaron una subpoblación de oligómeros exclusiva de los pacientes con párkinson, que podría constituir el primer marcador visible de la enfermedad, posiblemente años antes de que aparezcan los síntomas motores característicos.

Un continuo de agregados, de lo nano a lo micro

El estudio aporta una nueva visión sobre la dinámica de agregación de la alfa-sinucleína. Gracias a ASA-PD, los investigadores comprobaron que existe un continuo de tamaños de agregados, desde los más grandes (asociados a la patología de Lewy) hasta los diminutos oligómeros. Lo más llamativo es que los agregados pequeños son, con diferencia, los más abundantes: se detectó un aumento de hasta 16 veces en su número en cerebros con párkinson en comparación con los grandes depósitos.

«Los cuerpos de Lewy nos dicen dónde ha estado la enfermedad, pero no dónde está en ese momento», explicó Steven Lee, de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio. «Si pudiéramos observar el párkinson en sus fases iniciales, obtendríamos información clave para entender cómo se propaga y cómo podríamos tratarlo».

Los datos revelan que, aunque los agregados pequeños también aparecen en cerebros sanos, probablemente como parte de la actividad fisiológica normal de la proteína alfa-sinucleína, en la enfermedad una fracción de ellos evoluciona hacia formas patológicas más tóxicas. Estas especies específicas del párkinson son capaces de comportarse como «semillas» que inducen la formación de nuevas estructuras anormales, en un proceso similar al de los priones.

El salto hacia un diagnóstico temprano

La capacidad de diferenciar entre oligómeros fisiológicos y los específicos de la enfermedad representa una oportunidad sin precedentes para el desarrollo de herramientas de diagnóstico precoz. Actualmente, el párkinson se diagnostica principalmente a través de los síntomas motores, que suelen aparecer cuando ya se ha producido una pérdida significativa de neuronas dopaminérgicas.

«Los oligómeros han sido como encontrar una aguja en un pajar, pero ahora que sabemos dónde están, podrían ayudarnos a identificar tipos de células específicos en ciertas regiones del cerebro y, lo que es más importante, detectar la enfermedad en fases mucho más tempranas», apuntó Lucien Weiss, de la Politécnica de Montreal.

El equipo señala que tecnologías similares podrían aplicarse al estudio de otras enfermedades neurodegenerativas caracterizadas por la acumulación de proteínas mal plegadas, como el alzhéimer o la enfermedad de Huntington.

Un mapa de agregación en el cerebro

Otro de los logros del trabajo es que ASA-PD permite crear un auténtico atlas de agregación proteica en el cerebro humano. Esto abre la posibilidad de mapear cómo y dónde aparecen los oligómeros, en qué tipos de células (neuronas, astrocitos, microglía) y cómo evolucionan hacia depósitos más grandes.

La profesora Sonia Gandhi, del Instituto Francis Crick, subrayó: «La única manera real de comprender qué sucede en las enfermedades humanas es estudiar directamente el cerebro humano, pero su enorme complejidad lo hace extremadamente difícil. Superar esta barrera tecnológica nos permitirá entender mejor por qué, dónde y cómo se forman los agregados de proteínas y cómo alteran el entorno cerebral».

Pese al avance, los autores reconocen limitaciones. La técnica aún no mide de manera directa las dimensiones físicas de los agregados, sino que infiere su tamaño a partir de la intensidad de la señal. Además, la caracterización detallada de la subpoblación patológica requerirá técnicas de mayor resolución, como la microscopía electrónica o métodos de superresolución más avanzados.

También será necesario ampliar la cobertura de regiones cerebrales analizadas y aumentar el tamaño de la muestra, ya que este primer trabajo se centró en un número limitado de cerebros. Los investigadores estiman que, con un aumento de dos órdenes de magnitud en la capacidad de análisis, ASA-PD podría generar un mapa fundamental de agregación en el cerebro con párkinson, algo nunca antes logrado.

El desafío de una enfermedad en expansión

El contexto epidemiológico refuerza la importancia del hallazgo. Se estima que unas 166.000 personas viven con párkinson en el Reino Unido, y a nivel global la cifra podría alcanzar los 25 millones en 2050, el doble que en la actualidad. Aunque existen tratamientos que alivian síntomas como el temblor o la rigidez, todavía no hay fármacos capaces de frenar la progresión de la enfermedad.

De ahí que esta investigación despierte un optimismo cauto en la comunidad científica. La posibilidad de identificar los primeros pasos de la enfermedad en el cerebro humano abre la puerta no solo a nuevos biomarcadores, sino también a estrategias de intervención dirigidas a los oligómeros antes de que se formen los cuerpos de Lewy.

«Este método no solo nos da una instantánea», resumió Weiss. «Ofrece un atlas completo de cambios proteicos en el cerebro, y eso abre nuevas puertas en la investigación de enfermedades neurodegenerativas».

Con el paso dado por ASA-PD, los científicos cuentan ahora con una herramienta que podría cambiar el paradigma de la investigación y el abordaje clínico del párkinson. Una enfermedad que, aunque aún incurable, podría empezar a ser combatida mucho antes de que muestre sus devastadores síntomas.


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