Una apuesta real por la enfermería para mejorar la salud de la población

“Debemos dejar atrás los debates banales, ya que la prescripción enfermera está contemplada en un Real Decreto, agiliza una Sanidad saturada y proporciona seguridad jurídica a las enfermeras”

Comenzamos un nuevo año y me atrevo a decir que 2026 será clave para la enfermería. Es importante recordar que somos la profesión sanitaria más numerosa del Sistema Nacional de Salud y que el aumento de la esperanza de vida, el cambio de paradigma entre el curar y el cuidar, la transición de una Sanidad de agudos a una de crónicos, de un modelo hospitalocentrista a uno de cercanía y atención domiciliaria y otros parámetros que definen la atención sanitaria en el siglo XXI hacen más necesaria que nunca una apuesta firme y decidida por las enfermeras.

Acabamos 2025 con un problema de base, enquistado y preocupante: la enorme falta de enfermeras que tiene nuestro país. Según los cálculos del propio Ministerio de Sanidad, faltarían más de 100.000 enfermeras y enfermeros para poder llegar a la media europea y cubrir con las necesidades actuales. Resulta evidente que no existen esas 100.000 enfermeras en este momento, que no es que estén en el paro o sin contrato, sino que la deficiente planificación histórica de los recursos humanos -tanto en la Sanidad centralizada hasta la actual transferida- nos lleva a un complejo escenario que exige ser abordado con valentía política. De hecho, de no intentar poner solución ya mismo el problema irá a más, pues a corto o medio plazo nos enfrentamos a una avalancha de jubilaciones de enfermeras y enfermeros.

Lo prioritario ahora es lograr un plan solvente para convocar más plazas universitarias y que se empiece a formar ya a las enfermeras que podrán trabajar en el sistema en unos años. Esto, sin duda, debe venir unido a una reclasificación profesional y acompañado de una mejora de las condiciones para frenar la fuga de talento, que es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad. Tampoco servirá de nada si los sistemas de salud autonómicos no son capaces de emplear a esa hipotética masa de profesionales que podrían llegar en unos años, siempre que las administraciones se decidieran a afrontar el déficit de enfermeras, claro.

Resulta inadmisible que tengamos una de las mejores formaciones del mundo en lo que a Enfermería se refiere y las administraciones no sean capaces de retener a estos profesionales, que terminan yéndose a países como Reino Unido o Noruega, con mejores sueldos, condiciones de trabajo y una perspectiva atractiva de desarrollo profesional. Es primordial que trabajemos en esta línea, en la línea de conseguir nuevas enfermeras y, además, retenerlas. Y, si fuese posible, lograr que las que se han marchado quieran volver a España.
Otro de los retos pendientes que tenemos para este 2026 es la reforma de la que conocemos como ley del medicamento.

Esta modificación debe hacerse realidad y debe incluir a las enfermeras y enfermeros como profesionales con plena capacidad para prescribir medicamentos en el marco de sus competencias. Debemos dejar atrás debates banales sobre este asunto, ya que la prescripción enfermera está contemplada en un Real Decreto, agiliza una Sanidad saturada y proporciona seguridad jurídica a todas las enfermeras que trabajan en el país.

No entendemos como algo que se hace de manera habitual en el día a día de las enfermeras puede conllevar quejas de otras profesiones hermanas, que, en su momento, firmaron y apoyaron para regular una actuación que es habitual en países avanzados y que beneficia al paciente y al sistema.

Ahora realizamos la indicación de forma colaborativa, pero por experiencia y formación podemos prescribir de forma autónoma, aumentando la eficacia de la atención sanitaria y las necesidades de la población.

Durante este año también tenemos como objetivo reunirnos con todos los partidos políticos para explicarles la situación y pedirles que nos apoyen en nuestras reivindicaciones. De hecho, ya hemos tenido dos reuniones con partidos políticos (ERC y PP) y creemos firmemente que en este 2026 los grupos parlamentarios deben entender de una vez que o se está a favor del avance de la enfermería o se está en contra de las más de 353.000 enfermeras y enfermeros de España, que ya no sirven las palabras lisonjeras sino que queremos hechos y cambios normativos. Nuestro objetivo en estos primeros meses del año es tener encuentros con el resto de las formaciones políticas para expresarles la situación que atraviesa la profesión y que, a corto plazo, repercutirá a todo el sistema de salud.

Y más allá de las reivindicaciones históricas, nos encontramos en un momento en el que tenemos que ir todos de la mano para frenar el auge de las agresiones. En esto hay que hacer un frente común entre todos, administraciones, fuerzas y cuerpos de seguridad, instituciones, direcciones de hospitales, centros de salud y sociosanitarios y población general. Las enfermeras y enfermeros están considerados autoridad de cara a la ley y no podemos consentir que haya noticias diarias con agresiones en todos los puntos de la geografía española.

Estamos en un momento en el que la enfermería debe tener el protagonismo que se merece y ya no podemos esperar más. Las administraciones saben que sin enfermeras el sistema no avanza y debemos recordárselo una vez más porque no apostar por las enfermeras es no apostar por la salud.

*Florentino Pérez Raya es presidente del Consejo General de Enfermería.