Frente a la antipolítica, derechos sanitarios

"Para mí es motivo de orgullo haber vivido este año avances en sanidad que beneficiarán a la ciudadanía en su conjunto y que nos permitirán robustecer uno de los pilares de nuestra identidad colectiva"

El 2025 ha sido un año en el que hemos tenido más de una ocasión para ver con claridad la importancia de proteger uno de los tesoros más preciados de nuestro país: la sanidad pública. Este derecho universal —que es motivo de orgullo, que nos sitúa como símbolo de la política de los cuidados a nivel internacional y que garantiza la atención equitativa a toda la ciudadanía— es un emblema de nuestro Estado del Bienestar y de nuestro sistema de valores y derechos constitucionales. Preservarla, cuidarla, no debería ser una cuestión partidista, sino de Estado. Lo contrario es, ni más ni menos, poner nuestra vida en juego.

Nuestra sanidad pública debe tener los recursos necesarios para llegar a tiempo, pero también para llegar bien; instalaciones adecuadas, profesionales en buenas condiciones, tiempos de espera breves, servicios garantizados, programas de cribado, atención humana, cercana, cálida. Debe llegar a tiempo, debe llegar bien y debe llegar, cada vez, más lejos. Dejar fuera de la ecuación los intereses empresariales y seguir introduciendo, cada vez con más fuerza, la prevención, la respuesta a la cronicidad, la innovación tecnológica, las políticas de salud mental y tantas otras respuestas a los retos que tiene ahora mismo nuestro sistema sanitario y nuestra sociedad.

Por todo ello, para mí es motivo de orgullo haber vivido este año, como presidenta del Congreso, algunos avances en materia sanitaria que beneficiarán a la ciudadanía en su conjunto y que nos permitirán robustecer uno de los pilares de nuestra identidad colectiva. La política sirve para esto: para llegar a acuerdos mayoritarios que transformen nuestra sociedad. A eso nos debemos quienes representamos a las personas en el Parlamento, a reflejar el sentir de la gente. Y a veces, la ciudadanía lo sabe bien, llegar a esos pactos cuesta.

El diálogo, en tiempos de crispación y polarización, es un bien preciado, pero escaso. Sin embargo, una vez se traspasa la primera capa de ruido y de gresca televisiva, lo que se encuentra entre las paredes de la Cámara es una realidad diferente. Hay hombres y mujeres trabajando intensamente para sacar adelante propuestas transformadoras. Lo vimos con la aprobación, este verano, de la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública, un organismo que nace de los aprendizajes que nos trajo la pandemia de COVID-19, pero también de las recomendaciones de organismos internacionales.

Vimos el resultado de ese trabajo intenso, también, con la convalidación del Real Decreto que desarrolla la Ley de la ELA y que tiene como objetivo garantizar y mejorar la atención de los y las pacientes que sufren esta terrible enfermedad degenerativa. La política sirve, una vez más, para esto. Y tiene que seguir sirviendo, para hacerlo mejor, más rápido, de manera más efectiva.

Deseo, en estos momentos de balance, de cierre de año y de mirada hacia 2026, que seamos capaces de continuar haciéndolo. Que respondamos a los discursos negacionistas que ponen en duda los avances científicos con rigor. Organismos como la Oficina de la Ciencia del Congreso tienen la maravillosa función de acercar el conocimiento técnico a la política para que se tomen decisiones motivadas y en la línea de lo que las voces expertas saben y recomiendan.

Eso, por extensión, fortalece nuestra democracia y, por tanto, también nuestro sistema de derechos. A la antipolítica se la debe combatir con derechos amplios y servicios públicos reforzados. Un Congreso en el que impera el diálogo frente al ruido, en el que se escucha a la ciencia frente a discursos populistas basados en informaciones falsas, es una cámara parlamentaria capaz de responder a las necesidades de, por ejemplo, su sistema de salud. Y ese es el Congreso en el que queremos seguir trabajando. Por un 2026 en el que eso sea posible y en el que los derechos no deban solo ser defendidos, sino que puedan ser ampliados y consolidados.

*Francina Armengol es presidenta del Congreso de los Diputados.