Pocos saben lo dura que es la batalla silenciosa que se libra en las salas de Urgencias, donde la vida y el tiempo a veces compiten. El dolor irrumpe sin avisar y, en esos momentos de miedo, nos acompañan los verdaderos ángeles de la guarda que están en los hospitales. Me refiero, como no puede ser de otra manera, a todos los profesionales que forman parte de esa orquesta perfecta que permite dar respuestas no solo coordinadas, sino también eficaces, eficientes y excelentes. Porque lo que está en juego es el bien más preciado del ser humano: su salud.
Es difícil explicar la tensión con la que comienza cada turno en Urgencias. Además de la implicación y profesionalidad de cada sanitario, se necesita temple, vocación y una entrega absoluta. Las noches se hacen duras, aunque la vocación de servicio lo compensa con creces. Sabemos que cada caso debe atenderse con precisión y que los profesionales sanitarios buscamos y encontramos quizá la pista que nadie ha visto con anterioridad.
Un hospital funciona como el cuerpo humano donde todo está conectado. Cada profesional es como una célula viva que forma parte de ese todo, y solo entendiendo así el engranaje del sistema sanitario madrileño es posible garantizar su excelencia. Cada órgano, si seguimos con el símil, es clave. Los administrativos atienden las llegadas de los pacientes, los enfermeros se encargan del triaje, el médico de familia, internista o pediatra trabaja en equipo con el resto de los especialistas, traumatólogos, ginecólogos, radiólogos… Las urgencias no son compartimentos estancos, sino un ecosistema que solo funciona cuando cada parte actúa en coordinación.
Los casos descritos evidencian el valor de un ojo clínico entrenado, que no se conforma con lo evidente y va más allá. Como un paciente que puede acudir a un hospital por un aparente catarro y termina diagnosticado con una neumonía necrotizante; o una simple congestión nasal, rinorrea, dolor cervical y cefalea holocraneal, que resulta tener una meningitis aguda bacteriana. La casuística es y puede ser múltiple.
«No son compartimentos estancos, sino un ecosistema que solo funciona cuando cada parte actúa en coordinación»
Los profesionales de urgencias saben que en muchas ocasiones lo que parece evidente no siempre es lo correcto. Son centenares, miles de ejemplos los que reflejan la diferencia entre un abordaje superficial y una atención rigurosa que prestamos desde la sanidad pública madrileña. Sabemos que una intervención eficaz evita un desenlace potencialmente grave.
Por eso, los profesionales de Urgencias son parte esencial de esa excelencia del sistema sanitario madrileño que está siempre dispuesto a encontrar margen de mejora.
La reciente creación de la especialidad de Urgencias y Emergencias, donde las Comunidades Autónomas hemos hecho un gran esfuerzo para concienciar al Gobierno de su necesidad e importancia, requiere de un esfuerzo notable por nuestra parte. Requiere estar a la altura y dar lo mejor de nosotros mismos como Administración. Nada puede quedar sujeto a la improvisación o al abandono. Dotarla de recursos suficientes y que cuente con suficiente número de profesionales efectivos debe de ser una tarea común, como lo es contar, una vez creada la especialidad, con un Plan, un Programa Formativo que arranque desde el inicio, que esté disponible para el profesional que pueda asumir una «inmersión en la docencia» absoluta que le permita afrontar retos duros y difíciles en su devenir.
Por eso, gracias a todos los que día tras día, sostienen con vocación de servicio la primera línea de nuestras urgencias. Donde el tiempo, el diagnóstico certero y la eficiencia no son solo cualidades: son claves para salvar vidas.
*Fátima Matute, Consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid