La Encuesta del Parlamento Europeo de Primavera de 2025 (Eurobarómetro EB103.4) sitúa a la lucha contra el cambio climático como una de las prioridades de los ciudadanos europeos. Con un 21% de menciones en el conjunto de la Unión y un 15% en España, ocupa la octava posición en el ranking de preocupaciones que los encuestados quieren que el Parlamento Europeo aborde de forma prioritaria.
En el caso español, las prioridades se inclinan primero hacia la sanidad pública (43%) y después hacia la inflación y la subida de precios (42%). Estos datos muestran que, aunque la percepción nacional está más marcada por cuestiones sociales y económicas inmediatas, la conciencia ambiental sigue presente en la agenda de los ciudadanos.
En el sondeo se revela también que las inquietudes más señaladas en la UE giran en torno a la inflación y el coste de la vida (41%), la defensa y seguridad de Europa (34%), así la lucha contra la pobreza (31%). También destaca la sanidad pública con un 24% de acogida. En este sentido, aunque el cambio climático no figura entre las tres primeras preocupaciones, su inclusión dentro del top-10, siendo su puesto el octavo, refleja un consenso sólido de la ciudadanía respecto a la urgencia ambiental.
También, entre los beneficios que los ciudadanos asocian a la pertenencia a la Unión Europea, el 14% de los europeos y el 10% de los españoles destacan que esta contribución ayuda a cada país a abordar el cambio climático, situando esta cuestión como uno de los motivos señalados para valorar positivamente la integración europea
La líneas verdes y el objetivo de reducción del 90% de gases de efecto invernadero
En este contexto, hay que recordar que la presidencia danesa del Consejo de la Unión Europea lanzó un programa basado en líneas verdes, con la transición energética como eje vertebrador. Las prioridades incluyen acelerar la descarbonización, potenciar las energías renovables, promover la economía circular y garantizar una transición justa que no deje atrás a los colectivos más vulnerables. Este enfoque refuerza la alineación entre la voluntad ciudadana y la dirección política comunitaria.
A nivel de compromisos estratégicos, la Unión Europea ha establecido como meta la reducción de los gases de efecto invernadero en un 90% para 2040, paso intermedio hacia la neutralidad climática en 2050. Se trata de un objetivo ambicioso que obligará a transformar de manera profunda sectores como la industria, la agricultura, el transporte y la energía. Además de su impacto ambiental, esta reducción tendrá beneficios directos sobre la salud pública, al disminuir la incidencia de enfermedades vinculadas a la contaminación atmosférica.
En este sentido, parece que el componente sanitario se encuentra cada vez más presente en las políticas climáticas europeas. En cualquier caso, no parece que tenga mala acogida entre los ciudadanos, ya que el 72% de los europeos afirma que las acciones de la UE impactan en su vida diaria, y de ellos un 80% considera que ese efecto es positivo o bastante positivo.
De este modo, los datos del Eurobarómetro confirman una alianza entre la sociedad y las instituciones europeas en torno al medioambiente. Mientras que los retos económicos y de seguridad dominan la agenda inmediata, la lucha climática se consolida como un eje estructural que define el futuro de Europa. Con el respaldo ciudadano y una presidencia del Consejo volcada en líneas verdes, la Unión se posiciona no solo para liderar la transición ecológica, sino también para reforzar la salud y el bienestar de las próximas generaciones.