Nadie lo esperaba. Pero tampoco extraña, visto lo visto ayer por la mañana en el Congreso de los Diputados, que el consenso por la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP) estallara en mil pedazos. En un tiempo en el que la política se caracteriza por la polarización más que por los consenso, la pregunta es inevitable: ¿volverá a pasar este tren o hemos perdido una gran oportunidad?
Abordemos, primero, la lectura cronológica de los hechos. La semana pasada, la Comisión de Sanidad de la Cámara Baja aprobó casi por unanimidad -salvo Vox-, el dictamen del proyecto de ley de la AESAP. El ambiente era de optimismo y consenso. Precisamente, el portazo de ayer a la Agencia no entraba en los planes de nadie.
De hecho, el ambiente en el Hemiciclo era festivo, incluso Fernando Simón estaba presenciando el debate en la tribuna de invitados. Sin embargo, la tensión impregnó el debate desde el primer minuto. El consenso de la Comisión de Sanidad se tornó en reproches cruzados, acusaciones y un tono más propio de los mítines que de la tribuna del Congreso.
Los mimbres del debate y el clima de tensión fueron el preludio de lo que pasó después. En el momento de la votación, la pantalla arrojó un resultado claro: el Congreso tumbó la creación de la AESAP. El cambio en el sentido del voto de PP y Junts, molestos los primeros por el talante de la ministra desde la tribuna, junto con la negativa de Vox, provocaron esta dolorosa derrota política para el Gobierno.
Pero más allá de que la Agencia sea uno de los proyectos estrella del Ministerio, también es una demanda que viene de lejos y que la sociedad necesita, como ha recordado García en numerosas ocasiones. De hecho, es una herramienta clave para afrontar con más garantías futuras emergencias sanitarias que, como aseguran los expertos, van a llegar.
A partir de ahora se abre un escenario incierto. Desde el Ministerio ya tienen diseñada la hoja de ruta para intentar sacar adelante la Agencia, pero el contador, aunque hay mucho trabajo ya avanzado, se pone a cero. Se tienen que volver a dar las circunstancias que posibiliten un acuerdo que hace 48 horas estaba atado.