Pensar que cada año, cuando la gripe entre en escena y deje miles de contagios, el sistema sanitario será capaz de absorber toda la demanda sigue sin ser realista. En las últimas semanas de diciembre y en los primeros días de este mes de enero, el virus de la gripe, y otros virus respiratorios, han elevado la tasa global de infecciones respiratorias a más de 950 casos por cada 100.000 habitantes. Y el pico todavía está por llegar.
Los datos del Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad confirman que el pico de contagios de gripe se producirá a mediados de enero, después de las fiestas navideñas. Las comunidades autónomas ya habían puesto en marcha algunas medidas para aliviar la tensión en sus servicios de urgencia, como redes de vigilancia centinelas o la posibilidad de ir a vacunarse sin cita. Por su parte, el Ministerio de Sanidad, de la mano de Mónica García, ha convocado para el próximo lunes un pleno extraordinario del Consejo Interterritorial para unificar criterios y hacer frente, de manera conjunta, a esta nueva ola de contagios. Parece una buena idea homogeneizar y compartir en toda España aquellas medidas que están funcionando en determinados territorios.
Pero lo que hay que tener en cuenta es que, cada invierno, se produce un desbordamiento en los servicios de urgencias hospitalarios y que esto solo puede aliviarse, que no solucionarse, con el refuerzo de las plantillas, algo que ya han hecho comunidades como Madrid o País Vasco como han detallado de forma pormenorizada. Sin embargo, ampliar las plantillas en momentos de saturación es tan solo una solución puntual, a corto plazo. Hay que ir más allá.
El sistema debe estar preparado. No hay que olvidar que, cuando las urgencias están tensionadas, conviven en el mismo espacio de demanda enfermos muy graves, como por ejemplo una persona que ha sufrido un infarto, con pacientes con poco más que tos y fiebre. Por eso, tiene que haber un trabajo de concienciación y, seguramente, no estaría de más que el Ministerio de Sanidad pusiera en marcha una campaña informativa que explicase de un modo didáctico que no hay que acudir a las urgencias si no es un asunto de gran necesidad. Este tipo de campañas ya se han utilizado en países como Reino Unido. La gripe no es un problema que azote solo a España, es una infección estacional que padecen todos los países en invierno.
Por otro lado, es preciso que las comunidades autónomas refuercen sus plantillas y aquí el papel del Ministerio podría volver a ser clave coordinando dicho refuerzo o facilitando la contratación de especialistas de alguna forma.
Sin embargo, la prioridad absoluta es la de solventar la falta de recursos que acucia a la Atención Primaria en España. No es casual que, después de años de demandas por parte de las comunidades autónomas, el Ministerio de Sanidad anunciase a finales de 2023 que, en los primeros compases de 2024, el Consejo Interterritorial se reunirá en para tratar este asunto de manera monográfica.
Ministerio y comunidades se reunirán primero por el pico de la gripe y, después, por la Atención Primaria en este mes de enero. En palabras de la ministra, se va a trabajar “desde ya” y “de manera conjunta” en planes de acción para el invierno que viene, “con la finalidad de ayudar a las comunidades a minimizar estas situaciones y no normalizar los colapsos del sistema en un futuro”.
Reforzar la Atención Primaria significa luchar directamente contra la saturación de las urgencias. Los profesionales que trabajan en Atención Primaria son el primer escudo asistencial y convendría poner solución a las carencias en este nivel asistencial cuanto antes. Invertir en profesionales de Atención Primaria significa reducir el número de urgencias que llegan a los hospitales y, quizá, poder salvar la vida de ese paciente que ha sufrido un ictus o un infarto durante el invierno, época en la que los problemas cardiovasculares también aumentan.
La gripe volverá cada año y con ella los desbordes del sistema sanitario, si no se toman medidas de refuerzo e informativas para que el sistema esté más preparado, el colapso sanitario tendrá peores consecuencias.