Plan de Preparación y Respuesta: necesario, pero llega con una gran limitación

El Plan Estatal de Preparación y Respuesta frente a Amenazas Graves para la Salud representa un paso necesario, pero sería más operativo con rangode ley

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El reciente anuncio del Proyecto de Real Decreto del Plan Estatal de Preparación y Respuesta frente a Amenazas Graves para la Salud representa, sin duda, un paso necesario en la consolidación de un marco normativo estable para España frente a futuras crisis sanitarias. Tras la experiencia de la pandemia de COVID-19, la necesidad de contar con un sistema de alerta precoz, coordinación interinstitucional y protocolos homogéneos en todo el territorio se ha hecho evidente.

El plan, en términos formales, logra recoger muchos de estos elementos, desde la definición de Emergencia de Salud Pública de Importancia Nacional (ESPIN) hasta la creación de la Comisión Estatal de Coordinación (CECO) y el refuerzo del papel del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS).

El documento establece mecanismos claros para la detección, evaluación y gestión de riesgos, incluyendo la movilización de recursos humanos y materiales, reservas estratégicas y la coordinación con organismos europeos. Además, introduce la obligación de que las comunidades autónomas elaboren sus propios planes de preparación y respuesta, garantizando cierta homogeneidad y coherencia en la actuación del Sistema Nacional de Salud. En términos de gobernanza y estructura organizativa, el plan muestra una arquitectura sólida y bien concebida.

Sin embargo, estas fortalezas formales no ocultan un vacío importante: no tiene la condición de ley.

Carencias del Plan

La cuestión legal es un factor determinante. Desde el Partido Popular, han subrayado que España aún carece de una Ley de Pandemias que proporcione un marco jurídico sólido para la toma de decisiones en situaciones de emergencia sanitaria. Un plan puede definir procedimientos y estructuras, pero sin respaldo legal, la ejecución de medidas excepcionales —como restricciones de movilidad, confinamientos o adopción de contramedidas médicas— carece de una base estable y genera inseguridad jurídica.

Este déficit se acentúa por la falta de operatividad de la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP), que aún no cuenta con reglamento ni estructura definida, algo que llegará en los próximos meses. La AESAP, concebida como el eje de la preparación y respuesta frente a amenazas sanitarias graves, debería ser el motor que articule los distintos niveles de coordinación, pero el plan ha sido publicado antes de que la agencia esté plenamente operativa, generando dudas sobre la coherencia de la estrategia.

Otro aspecto crítico es la concreción de recursos y capacidades. Aunque el plan menciona la creación de reservas estratégicas, plataformas digitales para gestionar recursos en tiempo real y unidades de aislamiento de alto nivel, el texto aún no detalla cantidades, distribución, criterios de priorización ni mecanismos de evaluación frente a escenarios complejos.

El proceso de audiencia pública es un paso positivo que puede enriquecer el plan con aportaciones de expertos, profesionales y ciudadanía. La participación será clave para transformar un marco normativo correcto en una herramienta operativa eficaz.

En conclusión, el Plan Estatal de Preparación y Respuesta frente a Amenazas Graves para la Salud es un avance innegable. Pero, tal como señalan algunas voces críticas, aún es insuficiente.


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