Cuando otros retroceden, aquí se vacuna más: la lección de Salud Pública de Madrid

Esta semana hemos conocido que la Comunidad de Madrid ha mejorado las tasas de cobertura frente a la gripe en una campaña exigente y en medio de un contexto internacional en el que EEUU cuestiona esta herramienta de prevención

La subida de las tasas de vacunación es siempre una noticia rotundamente positiva y, sobre todo, profundamente necesaria. Cuando aumentan las tasas coberturas, no se está celebrando un simple dato administrativo: se está reforzando la capacidad real del sistema para reducir complicaciones, evitar ingresos y proteger a la población vulnerable. En un contexto de alta circulación vírica, con comunidades todavía en fase epidémica, el hecho de que la vacunación crezca es la mejor demostración de que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz de la salud pública.

La Comunidad de Madrid ha ofrecido un ejemplo claro de esa tendencia. Su balance de la campaña contra la gripe muestra 1.577.765 personas vacunadas, un 8,8% más que el año pasado en las mismas fechas, lo que supone un aumento cercano al 9% respecto a la temporada anterior. La campaña se mantendrá hasta el 31 de enero, con la posibilidad de ampliarse si la situación epidemiológica lo aconseja. Además, se activó el 28 de noviembre un dispositivo especial de vacunación sin cita previa en el Hospital Enfermera Isabel Zendal, que ya ha permitido inmunizar a 15.695 personas. El mensaje es evidente: cuando se facilita el acceso, la vacunación sube.

Lo relevante es que todo esto se está produciendo a pesar de un contexto internacional adverso, condicionado por la deriva antivacunas impulsada desde Estados Unidos bajo el liderazgo político de Donald Trump. De hecho, el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, denunció ayer un ensayo financiado por el Gobierno estadounidense que ha comenzado esta semana y que estudiará el momento de la vacunación contra la hepatitis B. El diseño podría retrasar la vacunación de hasta 7.000 recién nacidos en Guinea-Bissau, dentro de un estudio que aspira a incluir a 14.000 bebés, con la mitad vacunada al nacer y la otra mitad seis semanas después. El registro del Servicio de Salud y Servicios Humanos lo define como un ensayo aleatorizado para evaluar efectos sobre mortalidad temprana, morbilidad y resultados del desarrollo a largo plazo.

El caso ha generado críticas de expertos en Estados Unidos por contradecir las recomendaciones de la OMS, que desde 1992 aconseja la vacunación contra la hepatitis B y desde 2009 defiende la dosis al nacer para prevenir la transmisión maternoinfantil. En relación a ello, el pediatra estadounidense, Paul Offit, advirtió en X de que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., está a punto de lanzar un experimento «peligrosamente poco ético» en África Occidental. Además, recordó que Kennedy Jr. «ha elegido Guinea-Bissau, un país de escasos recursos», para desarrollar un estudio que estaría financiado por los CDC con 1,6 millones de dólares y adjudicado al Proyecto de Salud Bandim, un grupo danés cuestionado por la revista Vaccine por «prácticas de investigación cuestionables» en ensayos previos.

A ello se suma el giro en la política de vacunación infantil de Estados Unidos. Los CDC han actualizado el calendario reduciendo las inmunizaciones recomendadas de forma universal y apostando por un modelo más flexible. El nuevo calendario sustituye al vigente a finales de 2024, que recomendaba 17 vacunas para todos los niños, y mantiene la recomendación universal frente a 10 enfermedades con consenso internacional, además de la varicela. Para el resto, propone vacunación por grupos de riesgo o decisiones clínicas compartidas. Esa reorganización afecta a vacunas frente al rotavirus, gripe, COVID-19, hepatitis A y B, VRS y algunas meningocócicas. Aunque se insiste en que ninguna vacuna se retira y que todas seguirán cubiertas sin coste directo, el mensaje político de fondo es inequívoco: se desdibuja la universalidad en nombre de una confianza pública deteriorada.

El argumento utilizado en Estados Unidos se apoya en una caída de confianza institucional del 72% al 40% entre 2020 y 2024 y en la baja cobertura de la vacuna COVID en niños, que no superó el 10% en 2023, mientras descendían otras inmunizaciones rutinarias. Robert F. Kennedy Jr. ha defendido que el nuevo calendario busca transparencia bajo un modelo «menos coercitivo». Pero el riesgo, precisamente, es que ese marco político termine normalizando la duda, dando combustible a una narrativa que erosiona la cultura vacunal de forma progresiva. También, cabe recordar la decisión del propio Kennedy Jr. de purgar y designar nuevos miembros del ACIP, lo cual sigue generando opiniones diversas.

Frente a ese escenario internacional, el hecho de que en España aumente la vacunación y que comunidades como Madrid suban un 8,8% su cobertura no es un dato menor: es un mensaje sanitario y social. Significa que, pese al ruido global, aquí se mantiene (y en algunos puntos se refuerza) la lógica preventiva basada en evidencia. También significa que las estrategias centradas en accesibilidad, despliegue territorial y vigilancia epidemiológica están funcionando, incluso en momentos de máxima presión.

No obstante, conviene no caer en la autocomplacencia, porque la vacunación sigue teniendo una asignatura pendiente que afecta directamente a la seguridad de pacientes y al funcionamiento del sistema: los profesionales sanitarios. La gripe vuelve cada invierno yuna parte importante del personal que atiende a los más vulnerables sigue sin inmunizarse. Las razones apuntan, sobre todo, a un problema de confianza: muchos dudan de la efectividad real de la vacuna o creen que su exposición continuada les confiere cierta inmunidad. A eso se suma una baja percepción del riesgo, especialmente entre los más jóvenes, alimentada por la desinformación sobre efectos secundarios. Y el problema no es menor: la evidencia muestra que vacunarse reduce los casos graves, hospitalizaciones y muertes.

En cualquier caso, parece quedar claro que la vacunación no es un gesto simbólico, sino una política de protección. Si algo deja evidencia esta temporada, desde Madrid hasta Andalucía y Cataluña, es que los sistemas sanitarios solo ganan margen cuando la población se inmuniza. La mejor noticia del invierno no es que la incidencia baje, que lo está haciendo en algunos territorios. La mejor noticia es que hay más ciudadanos dispuestos a protegerse y proteger a los demás, justo cuando desde fuera se intenta convertir la vacunación en un campo de batalla ideológica. En ese contraste, la subida de la vacunación en España no solo es positiva: es una forma de resistencia sanitaria.


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