La Sociedad Americana de Hematología (ASH) y la Sociedad Internacional de Trombosis y Hemostasia (ISTH) han presentado una nueva guía clínica con 20 recomendaciones destinadas a mejorar el diagnóstico y tratamiento de la tromboembolia venosa (TEV) en pacientes pediátricos. Estas recomendaciones buscan estandarizar el manejo de esta enfermedad compleja y adaptarla a las particularidades de la población infantil, asegurando una atención más segura y efectiva.
Entre las principales sugerencias, las guías destacan la importancia de confirmar el diagnóstico mediante técnicas de imagen adecuadas, como la ecografía Doppler, en casos sospechosos de trombosis venosa profunda o embolia pulmonar en niños. Se recomienda una evaluación cuidadosa de los factores de riesgo individuales, incluyendo antecedentes familiares, presencia de catéteres venosos centrales y enfermedades concomitantes, para diseñar un plan de tratamiento personalizado.
Respecto al tratamiento anticoagulante, las guías señalan que el uso de anticoagulantes orales directos (ACOD) puede ser una opción segura y eficaz en niños mayores de ciertos grupos etarios, pero enfatizan la necesidad de ajustar la dosificación y considerar las diferencias farmacocinéticas propias de esta población. Además, recomiendan el uso de heparina de bajo peso molecular (HBPM) como primera línea en pacientes más pequeños o con circunstancias clínicas particulares.
Las recomendaciones también abordan la duración óptima del tratamiento anticoagulante, sugiriendo que, en la mayoría de los casos, este debe mantenerse entre tres y seis meses, aunque se debe evaluar individualmente según la causa y la evolución clínica del paciente. Asimismo, subrayan la importancia de una vigilancia estrecha durante el tratamiento para detectar complicaciones como hemorragias o recurrencias.
Otra indicación relevante es la evaluación del riesgo de recurrencia trombótica y la posibilidad de realizar pruebas de trombofilia en casos seleccionados, para ayudar a guiar el manejo a largo plazo y las decisiones sobre la extensión de la anticoagulación. No obstante, las guías advierten sobre la interpretación cautelosa de estos resultados para evitar tratamientos innecesarios.
En situaciones de trombosis asociada a catéteres venosos, se recomienda inicialmente el mantenimiento del catéter cuando sea posible, acompañado de anticoagulación, salvo que existan complicaciones graves o imposibilidad para su conservación. Esta medida busca minimizar procedimientos invasivos y preservar el acceso vascular en pacientes pediátricos.
Las guías también enfatizan la necesidad de un enfoque multidisciplinar que incluya hematólogos, pediatras, especialistas en radiología y otros profesionales para optimizar el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los niños con TEV. Además, abogan por la educación de las familias y el paciente para mejorar la adherencia y la detección temprana de signos de alerta.
En la conclusión de la guía, los expertos recalcan que, a pesar de estas recomendaciones, aún existen áreas con evidencia limitada, por lo que la investigación continúa siendo fundamental para perfeccionar el manejo de la tromboembolia venosa en pediatría. La implementación de estas guías pretende reducir la variabilidad clínica, mejorar los resultados y ofrecer una atención basada en la mejor evidencia disponible para esta población vulnerable.