Los expertos abogan por un abordaje personalizado para la prevención, diagnóstico y tratamiento del riesgo cardiovascular en mujeres

Daiichi Sankyo organiza las II Jornadas 'Protegiendo el Corazón de la Mujer', que han reunido a cerca de 300 expertos

II Jornadas 'Protegiendo el Corazón de la Mujer'.

En línea con su compromiso por poner de manifiesto las diferencias y las necesidades no cubiertas en la atención sanitaria de las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, Daiichi Sankyo ha organizado la II Jornada ‘Protegiendo el Corazón de la Mujer’ en Barcelona. Un encuentro que ha reunido a más de 30 ponentes y más de 250 asistentes para analizar los desafíos y oportunidades que enfrentan los profesionales sanitarios a la hora de abordar el riesgo cardiovascular de la mujer.

El objetivo del encuentro ha sido analizar y promover un enfoque personalizado y con perspectiva de género en la prevención, diagnóstico y tratamiento del riesgo cardiovascular. Asimismo, se ha analizado el impacto diferenciado que ejercen los factores de riesgo, como el colesterol LDL o el papel de las hormonas en la salud cardiovascular de las mujeres.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 64.158 mujeres fallecieron en España en 2022 por enfermedades cardiovasculares, lo que se traduce en el fallecimiento de una mujer cada ocho minutos. Sin embargo, el 74,2% de los españoles desconoce que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en la mujer.

Uno de los principales retos que han comentado los expertos durante la jornada es que la enfermedad cardiovascular se manifiesta de manera diferente en hombres y mujeres, ya que las hormonas tienen un papel clave en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular durante cada etapa vital -desde el embarazo hasta la menopausia-.

Así lo ha explicado Rut Andrea Riba, jefa de la Sección de Cuidados Cardíacos Agudos del Hospital Clínic de Barcelona, y portavoz de la jornada: “desde la adolescencia, la presencia de un ovario poliquístico o presentar una enfermedad inflamatoria puede propiciar la aparición de un evento cardiovascular agudo. Durante la gestación, el papel de las hormonas es todavía más marcado pues motiva enfermedades específicas como la preeclampsia, la hipertensión asociada al embarazo o la diabetes gestacional. La aparición de dichas enfermedades aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión arterial o diabetes en el futuro de la mujer, con el riesgo que ello conlleva. La menopausia precoz, aquella que se desarrolla antes de los 45 años, aumenta también el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular”.

Por su parte, Xavier García-Moll, jefe Clínico de Cardiología en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, también portavoz durante el encuentro, ha apuntado a la historia ginecológica como un gran aliado a la hora de evaluar el riesgo cardiovascular en la mujer. “El abordaje del riesgo cardiovascular en mujeres debería empezar por algo muy alejado de la práctica habitual, que es un repaso de la historia ginecológica porque puede tener repercusión sobre el riesgo cardiovascular”.

Diferencias de género

Según los datos del estudio observacional SANTORINI, las mujeres europeas con riesgo cardiovascular alto o muy alto recibieron un tratamiento insuficiente y alcanzaron en menor medida los niveles de C-LDL recomendados por las directrices de las guías. Los datos de un nuevo subanálisis de SANTORINI, basado en 5.197 pacientes varones con una media de edad de 65 años y 2.013 mujeres con una media de edad de 66 años, muestran que las mujeres estaban infratratadas en comparación con los hombres, ya que eran menos las que alcanzaban los niveles de C-LDL recomendados por las guías durante el estudio.

Aunque la proporción de pacientes que alcanzaron los objetivos de C-LDL mejoró desde el inicio hasta el primer año de seguimiento, fue mayor en los varones (22,9% y 33,3%, respectivamente) que en las mujeres (16,9% y 24,6%, respectivamente). A pesar de que las recomendaciones de las guías son similares, el número de mujeres que no recibieron ningún tratamiento hipolipemiante al inicio y al año de seguimiento fue mayor (23,9% y 3,9%, respectivamente) que el de hombres (20,7% y 2,7%).

El aumento del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (C-LDL) es un factor clave y modificable del riesgo de accidentes cardiovasculares graves. Se ha demostrado que por cada 1 mmol/l de reducción del colesterol LDL, se reduce en un 22% el número de accidentes cardiovasculares graves al cabo de 1 año.

En este sentido, García-Moll ha señalado diferencias en el impacto de la Enfermedad Vascular Aterosclerótica (EVA) en mujeres. “La incidencia de infarto agudo de miocardio es significativamente menor en mujeres; sin embargo, la mortalidad es más alta en ellas”. Y ha añadido que estos datos pueden estar relacionados con “retrasos en acudir a la consulta, síntomas frecuentemente atípicos y difíciles de identificar, errores diagnósticos, retrasos en el tratamiento y características diferenciales de las pacientes”.

Además, ha explicado que las barreras que pueden afectar un correcto control lipídico de las pacientes pueden ser desde la inercia terapéutica, por parte de los profesionales sanitarios, hasta motivos vinculados al paciente, como la baja adherencia al tratamiento. Por su parte, Andrea Riba ha asegurado que “los factores de riesgo varían en hombres y mujeres. El dolor torácico es la manifestación de la cardiopatía isquémica más prevalente en ambos, sin embargo, es frecuente que las mujeres asocien otros síntomas cuando presentan un infarto (sudoración, náuseas, mareo, entre otros) y en muchas ocasiones ellas mismas no identifican los síntomas, motivo que les hace consultar con mayor retraso a los servicios de emergencias”.

Andrea Riba ha subrayado la importancia de conocer los factores de riesgo y las manifestaciones específicas de la enfermedad cardiovascular en la mujer para lograr una detección precoz y un tratamiento adecuado. Según ha destacado, “la solución pasa por fomentar que los profesionales incorporen la perspectiva de género en salud, tanto en la investigación, como en la práctica clínica y la docencia ya que, hasta ahora, las mujeres han sido escasamente representadas en los ensayos clínicos”.

También han apuntado a la concienciación, tanto de las mujeres como de los médicos, y a la sensibilización de la población general sobre la existencia y el impacto de las enfermedades cardiovasculares en la población femenina. Tal y como ha afirmado Garcia-Moll “esto es fundamental para identificar precozmente el problema, tratarlo adecuadamente y hacer un seguimiento correcto. Toda barrera actual identificada es una oportunidad para mejorar el abordaje de la salud cardiovascular en mujeres”.


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