Un estudio clínico internacional ha identificado un importante factor de riesgo para desarrollar encefalitis grave tras la infección por el virus del Nilo Occidental: la presencial de autoanticuerpos que neutralizan los interferones de tipo I, moléculas clave de la respuesta antiviral. La investigación muestra que las personas portadoras de estos autoanticuerpos pueden tener un riesgo entre 20 y más de 2.000 veces mayor de desarrollar enfermedad neuroinvasiva.
Los resultados, publicados en Journal of Human Immunity, se basan en el análisis de 13 cohortes internacionales de pacientes infectados con el virus del Nilo Occidental en Europa, Oriente Medio y Estados Unidos. El hallazgo aporta nuevas claves para comprender por qué una pequeña proporción de personas infectadas desarrolla encefalitis potencialmente mortal mientras que la gran mayoría presenta síntomas leves o permanece asintomática.
Un virus que se expande en Europa
El virus del Nilo Occidental es un arbovirus transmitido principalmente por mosquitos que se ha convertido en una preocupación creciente para la salud pública global. En las últimas décadas ha ampliado de forma notable su distribución geográfica, impulsado en parte por el cambio climático y la expansión de los vectores.
Según los datos epidemiológicos más recientes, en 2023 el virus se detectó por primera vez en 22 nuevas áreas de la Unión Europea, lo que supuso un aumento del 31% respecto al año anterior. La temporada de transmisión de 2024 marcó además la mayor expansión geográfica registrada en Europa en un solo año, con 212 regiones afectadas en 19 países.
También se han observado grandes brotes fuera del continente. Entre junio y octubre de 2024, Israel registró el mayor episodio en más de dos décadas, con más de 930 casos notificados y 73 fallecimientos. En Europa, el virus se está consolidando especialmente en zonas del norte de Italia, como el valle del Po, y ya se ha detectado también en regiones cercanas a Suiza, como el cantón del Tesino.
Algunas infecciones derivan en encefalitis
A pesar de su creciente expansión, la infección por el virus del Nilo Occidental suele ser leve o incluso pasar desapercibida. Más del 99% de las infecciones son asintomáticas o provocan un cuadro autolimitado similar a la gripe, conocido como fiebre del Nilo Occidental.
Sin embargo, en una pequeña proporción de casos —menos del 1%— la infección progresa hacia formas graves de enfermedad neuroinvasiva. Estas pueden manifestarse como meningitis, encefalitis o parálisis flácida aguda.
La encefalitis asociada al virus del Nilo Occidental es particularmente preocupante: presenta una tasa de letalidad cercana al 20% y puede dejar secuelas neurológicas duraderas en aproximadamente la mitad de los supervivientes. Además, más del 90% de los casos graves requieren hospitalización, a menudo en unidades de cuidados intensivos.
Durante los grandes brotes, incluso esta pequeña proporción de casos graves puede generar una presión considerable sobre los sistemas sanitarios.
Un fallo oculto del sistema inmunitario
El nuevo estudio apunta a un mecanismo inmunológico concreto que explicaría por qué algunas personas son especialmente vulnerables a las formas graves de la infección.
Los interferones de tipo I —entre ellos IFN-α, IFN-β y IFN-ω— son moléculas que el organismo produce de forma temprana para frenar la replicación de los virus. Actúan como una señal de alarma que activa la respuesta antiviral de numerosas células. Sin embargo, en algunas personas sanas circulan en la sangre autoanticuerpos capaces de neutralizar estos interferones. Al bloquear su actividad, estos autoanticuerpos impiden que el sistema inmunitario controle eficazmente la infección en sus fases iniciales.
Los investigadores observaron que estos autoanticuerpos estaban presentes en aproximadamente el 40% de los pacientes hospitalizados con encefalitis por virus del Nilo Occidental, mientras que estaban ausentes en personas infectadas que permanecían asintomáticas o presentaban síntomas leves.
La presencia de estos autoanticuerpos aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad grave entre 20 y más de 2.000 veces, dependiendo del tipo de interferón neutralizado y de la concentración de anticuerpos.
Un hallazgo confirmado en 13 cohortes internacionales
Para validar estos resultados, el equipo analizó muestras de pacientes procedentes de 13 cohortes independientes reclutadas entre 2002 y 2024 en nueve centros de cinco países de Europa, Oriente Medio y América del Norte.
En conjunto, los autoanticuerpos neutralizantes de interferones tipo I se detectaron en una proporción media del 38% de los casos de enfermedad neuroinvasiva por el virus del Nilo Occidental, con variaciones entre el 17 y el 50% según la cohorte analizada.
Los autores destacan que los valores de riesgo observados son excepcionalmente altos en el contexto de las enfermedades infecciones humanas. Además, estos autoanticuerpos no parecen generarse como consecuencia de la infección, sino que ya estaban presentes previamente en los pacientes.
En la población general su prevalencia es baja: menos del 1% en menores de 65 años y más del 4% en personas mayores de 70. Una vez aparecen, suelen persistir durante toda la vida.
Mecanismo compartido con otras infecciones virales
El hallazgo refuerza la hipótesis de que los autoanticuerpos contra interferones tipo I representan un mecanismo común de susceptibilidad frente a diversas infecciones virales graves. Investigaciones previas ya habían demostrado su papel en una proporción significativa de casos de COVID-19 crítico, así como en infecciones graves por virus de la gripe o por el coronavirus MERS.
Además, se han identificado en formas graves de otras enfermedades transmitidas por artrópodos, como la encefalitis transmitida por garrapatas, así como en infecciones por virus Powassan, Usutu o Ross River. Los investigadores también han observado su implicación en reacciones adversas graves a algunas vacunas vivas atenuadas, como la vacuna contra la fiebre amarilla o ciertas vacunas experimentales frente al chikungunya.
Este patrón sugiere que los interferones tipo I constituyen una primera línea de defensa fundamental frente a numerosos virus, y que su bloqueo por autoanticuerpos puede abrir la puerta a infecciones graves.
Los resultados del estudio tienen importantes implicaciones clínicas y de salud pública. Los autores sugieren que la detección de estos autoanticuerpos podría utilizarse para identificar a personas con mayor riesgo de desarrollar formas grave de infección por virus del Nilo Occidental, especialmente entre los mayores de 65 o 70 años. En estos individuos podrían recomendarse medidas preventivas más estrictas frente a las picaduras de mosquitos o evitar viajar a zonas donde el virus sea endémico.
Asimismo, los investigadores señalan que este biomarcador podría resultar útil en el futuro para orientar estrategias de vacunación si se desarrollan vacunas eficaces contra el virus del Nilo Occidental. También podría ayudar a identificar pacientes que se beneficiarían de tratamientos específicos, como el uso de interferones no neutralizados por los autoanticuerpos o terapias destinadas a bloquear estos anticuerpos.
El virus del Nilo Occidental se ha convertido en uno de los principales patógenos emergentes transmitidos por mosquitos en Europa y América del Norte. Durante la última década se han registrado decenas de miles de hospitalizaciones y miles de muertes asociadas a la infección. Dado que actualmente no existe un tratamiento antiviral específico para esta enfermedad, comprender los factores que predisponen a las formas graves es fundamental para mejorar su prevención y manejo clínico.