Cada año, miles de personas se enfrentan al diagnóstico de cáncer, pero solo un pequeño porcentaje de estos casos tiene un origen hereditario. En España, investigadores del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) trabajan para identificar a esas familias y ofrecerles estrategias de prevención y tratamiento más personalizadas. En este contexto y con motivo del Día Mundial de la Investigación del Cáncer, el CNIO ha organizado el encuentro «El cáncer también se hereda: para prevenirlo, conoce tus genes», en el cual expertos en genética y cáncer familiar explicaron cómo la investigación genética está transformando la forma de entender y abordar los tumores hereditarios.
IMPACT: un proyecto nacional para descubrir genes del cáncer hereditario
Ángel Carracedo, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinador del proyecto IMPaCT_GENóMICA (ISCIII), destacó la importancia de identificar los genes implicados en el cáncer hereditario. «El objetivo es identificar la causa genética en aquellas familias que no están todavía diagnosticadas en el Sistema Nacional de Salud, descubrir nuevos genes de susceptibilidad y, por supuesto, personalizar el tratamiento de acuerdo con la información genética que obtenemos», explicó.
El proyecto IMPACT se estructura en varias líneas de trabajo: IMPACT Cohorte, IMPACT Data e IMPACT Genómica. Esta última, coordinada directamente por Carracedo, se centra en tres grupos de pacientes: aquellos con enfermedades raras, cáncer primario de origen desconocido y cáncer hereditario. La iniciativa busca garantizar equidad en el acceso a estudios genéticos avanzados, de modo que cualquier familia del país pueda beneficiarse, independientemente de su lugar de residencia.
«El objetivo es identificar la causa genética en aquellas familias que no están todavía diagnosticadas en el Sistema Nacional de Salud, descubrir nuevos genes de susceptibilidad y, por supuesto, personalizar el tratamiento de acuerdo con la información genética que obtenemos»
Ángel Carracedo, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinador del proyecto IMPaCT_GENóMICA (ISCIII)
La búsqueda de la «letra incorrecta»
Carracedo describió con un ejemplo muy visual cómo se seleccionan las familias y los pacientes dentro de cada núcleo familiar. «Comparamos a familiares lejanos para reducir el número de variantes genéticas compartidas y centrarnos en aquellas que podrían explicar la enfermedad. Es una cuestión de probabilidad: cuanto menos ruido genético haya, más fácil será encontrar el defecto responsable», señaló.
Explicó que se analiza a los pacientes diagnosticados y, mediante la secuenciación del genoma, se identifican todas las variantes posibles. A partir de ahí, un equipo de expertos filtra y prioriza las variantes que parecen más relevantes. «Es como buscar una letra concreta en un libro enorme. Sabemos que hay muchas letras, pero solo nos interesa aquella que ha cambiado y está provocando el problema».
Uno de los mayores retos es el análisis de las variantes de significado incierto, alteraciones genéticas cuya relación con la enfermedad aún no está probada. Para abordarlas, Carracedo puntualizó que un proyecto paralelo se centra exclusivamente en estudiar estas variantes.
«Cuando encontramos una variante de significado incierto, no podemos afirmar que cause enfermedad. Por eso aplicamos criterios de conservación genética —si esa letra es igual desde un pez hasta un ser humano, por ejemplo—, análisis computacionales y validaciones funcionales en laboratorio. Todo esto nos permite determinar si una variante es patogénica o inofensiva», explicó.
Los experimentos de validación son complejos y requieren personal altamente cualificado. Una vez confirmada la patogenicidad de una variante, la información se devuelve a los médicos y a la familia, permitiendo seguimiento personalizado y estrategias de prevención. Además, los hallazgos pueden aplicarse a otros pacientes con el mismo tipo de cáncer en la población general.
Cómo se estudia el cáncer hereditario
Mercedes Robledo, jefa del grupo de Cáncer Endocrino Hereditario del CNIO, subrayó en su intervención que los investigadores buscan un defecto específico en los genes de los pacientes y, tal y como expuso en línea con las declaraciones de Carracedo: «Es como buscar una letra concreta en un libro enorme. Comparamos familiares y priorizamos aquellas variantes que podrían ser la causa del cáncer en esa familia».
El proceso comienza con la selección de familias que presentan sospecha de cáncer hereditario, es decir, aquellas con múltiples casos de cáncer, aparición temprana de tumores o tumores múltiples en un mismo individuo. Una vez seleccionadas, se realiza la secuenciación del genoma de varios miembros, priorizando variantes genéticas compartidas por familiares afectados. Posteriormente, estas variantes se someten a validaciones funcionales en laboratorio para determinar si son patogénicas.
«Cuando encontramos una mutación patogénica, los familiares que hayan heredado la alteración pueden recibir un seguimiento clínico personalizado. Además, podemos extrapolar los hallazgos a la población general, beneficiando a más pacientes», subrayó Robledo.
«Cuando encontramos una mutación patogénica, los familiares que hayan heredado la alteración pueden recibir un seguimiento clínico personalizado. Además, podemos extrapolar los hallazgos a la población general, beneficiando a más pacientes»
Mercedes Robledo, jefa del grupo de Cáncer Endocrino Hereditario del CNIO
Cáncer familiar: una aguja en un pajar
Por su parte, María Currás, jefa de la Unidad de Cáncer Familiar del CNIO, recordó que la mayoría de los cánceres son esporádicos, y solo un 15-20% presentan agregación familiar. «El cáncer hereditario es como una aguja en un pajar: en realidad son solo el 5 o 10% de todos los tumores», indicó.
Existen señales que pueden alertar sobre un posible cáncer hereditario: aparición temprana de tumores, múltiples tumores en el mismo paciente, afectación bilateral de órganos y asociaciones específicas de cánceres en la familia, como el síndrome de Lynch (cáncer de colon y endometrio) o las mutaciones BRCA1/BRCA2 (mama, ovario, páncreas, próstata y melanoma). La historia familiar detallada y la elaboración de un árbol genealógico son herramientas clave para identificar estas situaciones.
Currás destacó que la genética no actúa de manera aislada. «Es una intersección entre los factores ambientales y los genéticos. Hay tumores en los que los factores ambientales son más relevantes, como el virus del papiloma y el cáncer de cérvix, o el tabaco en pulmón y vejiga, y otros en los que la genética tiene más peso, como la mama, el ovario o el feocromocitoma», explicó.
Del diagnóstico a la prevención personalizada
El seguimiento de familias con cáncer hereditario incluye estudios genéticos mediante paneles que analizan múltiples genes y asesoramiento sobre prevención, tratamiento y reproducción. Currás puso como ejemplo a Angelina Jolie, quien se sometió a una mastectomía bilateral tras detectar una mutación en BRCA1 por los antecedentes familiares de cáncer de mama y ovario. Tras este anuncio, las consultas de cáncer familiar se incrementaron un 40%, evidenciando la importancia de la concienciación pública.
Otro caso descrito por Currás involucró a una familia con cáncer de mama triple negativo y antecedentes de cáncer de próstata, páncreas y melanoma. «La paciente tenía una hermana que lo había tenido a los 45 años y una prima a los 35. Además, su hermano y su padre habían tenido cáncer de próstata y un tío cáncer de páncreas. Esta sería la familia ideal para un genetista”, relató Currás. En este caso, las recomendaciones incluyeron seguimiento de mama desde 10 años antes del diagnóstico más temprano, mastectomía preventiva y extracción de ovarios y trompas, dependiendo del grado de parentesco y la presencia de mutaciones.
En otro ejemplo, un estudio genético en una paciente de 43 años con cáncer gástrico difuso detectó una variante probablemente patogénica, extendiéndose posteriormente a otros familiares del mismo pueblo. Esto abrió la puerta a un estudio poblacional, analizando muestras de saliva para detectar portadores de la mutación y estudiar posibles diferencias en la microbiota intestinal que pudieran servir de marcador diagnóstico no invasivo.
Equidad y acceso
Carracedo y Robledo coincidieron en que uno de los objetivos de IMPACT es garantizar la equidad en el territorio: cualquier familia, sin importar su lugar de residencia, puede acceder a un estudio genético avanzado y recibir seguimiento especializado. «Gran parte de muchos grupos de todo el país estamos trabajando en estos proyectos preciosos, con la esperanza de resolver el problema en muchas familias», afirmó Robledo.
Además, la inteligencia artificial y los análisis de datos masivos permitirán que en el futuro se pueda predecir la patogenicidad de variantes genéticas sin necesidad de pruebas funcionales complejas, reduciendo costes y tiempos de diagnóstico.
«Cada familia recibe la información que necesita para cuidar su salud y anticiparse a los riesgos, protegiendo no solo a los pacientes actuales sino también a futuras generaciones»
María Currás, jefa de la Unidad de Cáncer Familiar del CNIO
La genética ha abierto una ventana única para la prevención del cáncer hereditario. Gracias a proyectos como IMPACT e IMPA Busca, las familias de riesgo pueden conocer su predisposición, recibir seguimiento personalizado y, en muchos casos, intervenir antes de que la enfermedad se desarrolle. Como destacó Currás, «cada familia recibe la información que necesita para cuidar su salud y anticiparse a los riesgos, protegiendo no solo a los pacientes actuales sino también a futuras generaciones».
En un futuro cercano, la combinación de estudios genéticos, inteligencia artificial y análisis poblacional promete no solo tratar a quienes ya han desarrollado cáncer, sino también prevenirlo de manera eficaz en quienes aún no han sido diagnosticados, cumpliendo así el sueño de la medicina personalizada y equitativa.
En la jornada participaron además Rosario Perona, vicedirectora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), y José Enrique León, miembro de Amigos del CNIO.


