«El cáncer de ovario supone un verdadero reto tanto diagnóstico como terapéutico»

Santiago Domingo del Pozo (Hospital La Fe) analiza en GM la situación de estos cánceres en España

Los cánceres ginecológicos hacen referencia a tumores malignos que afectan a los órganos reproductores femeninos. Estos tumores pueden localizarse en diferentes partes del aparato reproductor femenino, como el ovario, útero, endometrio, cérvix, vagina y vulva, siendo el primero y el tercero los de mayor incidencia. El cáncer de endometrio es el tipo más común de cáncer ginecológico, y suele diagnosticarse en mujeres con una edad promedio de 63 años. Las pacientes que son diagnosticadas en etapas avanzadas o que experimentan una recaída (10-15% de los casos) presentan un pronóstico muy desfavorable, con una tasa de supervivencia a los cinco años de tan solo el 17%.

Santiago Domingo del Pozo, jefe de sección de Ginecología Oncológica del Hospital Universitari i Politècnic La Fe y miembro de la Junta Directiva de la Sección de Ginecología Oncológica y Patología Mamaria de la SEGO.

Por su parte, el cáncer de ovario ocupa el octavo lugar como causa de muerte por cáncer en mujeres a nivel mundial y es considerado como el cáncer ginecológico de mayor complejidad en su abordaje. La edad promedio de diagnóstico también se sitúa en torno a los 63 años, y aproximadamente el 80% de las pacientes con la enfermedad en etapa avanzada experimentan una progresión en los primeros tres años y su tasa de supervivencia es inferior a cinco años. Una infografía elaborada por la Asociación de Afectadas por Cáncer de Ovario y Ginecológico (ASACO) y Asociación Mama y Ovario Hereditario (AMOH), donde ha colaborado GSK, muestra que “es crucial crear conciencia entre las mujeres, las sociedades médicas y las instituciones sobre la importancia de un abordaje óptimo del cáncer de ovario para incrementar las posibilidades de curación”.

Santiago Domingo del Pozo, jefe de sección de Ginecología Oncológica del Hospital Universitari i Politècnic La Fe y miembro de la Junta Directiva de la Sección de Ginecología Oncológica y Patología Mamaria de la Sociedad Española de Ginecología Oncológica (SEGO), explica que “el cáncer de ovario es el gran caballo de batalla en medicina, ya que el 80% se sigue diagnosticando de forma avanzada en una enfermedad ya diseminada por todo el abdomen”. Por tanto, confirma que “supone un verdadero reto tanto diagnóstico como terapéutico”.

El cáncer de ovario presenta dificultades en su detección en etapas tempranas debido a que sus síntomas suelen ser indefinidos hasta que la enfermedad se encuentra en una etapa avanzada. Respecto a cómo influye el diagnóstico tardío en la supervivencia y en las opciones de abordaje en este tipo de tumor, Domingo del Pozo subraya que “la supervivencia a cinco años no es especialmente alta, pero está mejorando notablemente gracias a los avances en cirugía y a la aparición de nuevos tratamientos”. A continuación, indica que “hemos pasado de una quimioterapia muy estándar a un tratamiento farmacológico dirigido”.

La infografía destaca que una de las principales necesidades de las pacientes con cáncer de ovario es la subespecialización en oncoginecología, así como contar con un enfoque multidisciplinar que favorezca un manejo óptimo de la patología. Asimismo, el documento gráfico recoge que es importante garantizar la cirugía de este tipo de tumor en hospitales de referencia, ya que caracteriza por ser altamente compleja porque involucra múltiples órganos.

Contar con centros de referencia

La tasa de supervivencia del tumor de ovario es aproximadamente del 50%, pero solo la mitad de las comunidades autónomas (CCAA) logran alcanzar esta cifra. El documento de ASACO y AMOH precisa que esto se debe a que las pacientes están siendo intervenidas en centros no considerados de referencia, ya que la tasa de supervivencia depende directamente de la excelencia de la intervención y de la cantidad de tumor residual después de la cirugía. Estudios han demostrado que cuanto mayor sea la cantidad de tumor eliminado del abdomen, mejor será el pronóstico para la paciente.

En este contexto, Domingo del Pozo añade que “no todas las pacientes en todas las CCAA tienen el mismo acceso a la calidad asistencial”. A continuación, el experto argumenta que «en el siglo XXI no nos podemos permitir que enfermedades que realmente no son tan frecuentes, pero que en conjunto suman, no sean tratadas en centros de referencia con personal específico y especializado”. Para Domingo del Pozo, es un problema meramente político. “Aunque se lo exponemos a cada uno de los gobiernos interlocutores, no logramos que se atienda una demanda tan sensata y fácil de realizar”, pronuncia.

Otro de los aspectos que el especialista considera crucial es que “es necesario integrar todos los aspectos que conocemos de las pacientes que tienen la enfermedad, incluyendo aquellas con un buen status clínico, o las mujeres que llamamos largas superviventes, quienes siempre están amenazadas por una recaída, pero deben seguir sobreviviendo”. Desde su experiencia, “a menudo no nos damos cuenta del impacto que nuestros tratamientos tienen en su vida social, sexual e intelectual”. Por ello, reitera que “debemos saber gestionar lo que ocurrirá después, porque cuando el tumor entra en una persona, entra en todo su entorno”.

Por otro lado, los expertos consideran importante que, al mismo tiempo que se prescribe el tratamiento de quimioterapia, se paute ejercicio físico adaptado a las necesidades de las pacientes. «El ejercicio físico tiene muchos beneficios en todas las áreas de una persona”, sostiene Domingo del Pozo. Seguidamente, confirma que “es importante reconocer que, cuando seleccionamos a los pacientes para cirugía, ya entran en un programa de rehabilitación, y una de las cosas que se realiza es el ejercicio físico de manera programada”.

El especialista recalca que “se ha demostrado que las pacientes que muestran una buena preparación física de cara a un tratamiento quirúrgico y farmacológico tienen mejores resultados, menos complicaciones y mejor calidad de vida. Si trasladamos esto al postratamiento, el impacto tiene que ser tremendamente positivo”.

Por último, respecto a cuáles son los principales retos que se plantean en el abordaje de los cánceres ginecológicos, y más en particular el de ovario, Domingo del Pozo identifica tres: «que los pacientes estén tratados en los sitios donde merecen ser tratados, que sepamos gestionar las expectativas de los pacientes y no solo las de curación, y que sepamos dar respuesta al tratamiento de la recaída de los tumores”. “En el cáncer de ovario, en particular, se ha abierto una puerta tremenda en esta dirección, y los datos de la literatura publicada en los últimos años ya lo demuestran”, concluye.


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