El expresidente de Estados Unidos, Joe Biden, de 82 años, ha sido diagnosticado con un cáncer de próstata agresivo con metástasis ósea, según informó su oficina en un comunicado oficial. El diagnóstico se produjo tras detectar un nódulo prostático durante una revisión médica, que fue motivada por síntomas urinarios persistentes. La enfermedad tiene una puntuación de Gleason de 9, lo que indica un tumor avanzado y de alto riesgo, característico de los casos más graves de cáncer de próstata.
Aunque la noticia ha tomado por sorpresa a muchos, lo cierto es que el cáncer de próstata con metástasis es tratable, y existen varias estrategias oncológicas que permiten mejorar la calidad de vida y aumentar la esperanza de vida de los pacientes. Javier Puente, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncólogo médico en el Hospital Universitario Clínico San Carlos, explica que «lo primero que hay que entender es que, normalmente, en un país como el nuestro, que pertenece a las sociedades más occidentales como Estados Unidos en el que el uso del PSA como método de detección oportunista hace que haya menos de un 10-12% de los pacientes que debuten con esta enfermedad con metástasis ósea, lo más habitual es diagnosticar el cáncer de próstata localizado o localmente avanzado y que en menos de un 12% aparezca en metástasis».
El tratamiento estándar durante muchas décadas para el cáncer de próstata metastásico ha sido la privación androgénica, es decir, la reducción de los niveles de testosterona, la hormona que alimenta el tumor. Según Puente, «normalmente, durante casi toda la segunda parte del siglo XX y la primera parte de este siglo, la pieza fundamental o el tratamiento estándar ha sido la privación androgénica, es decir, la reducción de los niveles de testosterona. Con eso, lo que hacemos es reducimos lo que sería la gasolina en la cual se alimenta el tumor que es la testosterona y, por lo tanto, esa supresión de los niveles de testosterona tiene como objetivo reducir el tumor y lograr aumentar la vida».
El portavoz de SEOM también señala que en los últimos 10 años se han incorporado nuevas terapias que complementan la privación androgénica. «Hoy en día, a esta supresión de la testosterona, le añadimos otras terapias hormonales y, en algunos casos, hasta quimioterapia. En algunos pacientes pueden hasta recibir tratamientos sobre la próstata«. Además, Puente apunta que este tipo de cáncer goza de buena cobertura hoy en día: «Yo creo que hoy en día el mensaje sería que estos pacientes que tienen la enfermedad diseminada de entrada en los huesos o en cualquier otra localización se benefician de terapias de intensificación que combinan varias estrategias de tratamiento», explica.
A su vez, Puente resalta que, en pacientes mayores de 80-90 años como Biden, su tratamiento «básicamente va a depender primero del abordaje terapéutico óptimo para pacientes con cáncer de próstata diseminado, que es un abordaje multidisciplinar«. En este sentido, ha apuntado que el tratamiento óptimo consistirá en «un abordaje de colaboración entre varios especialistas que incluyen urólogos, oncólogos médicos, oncólogos, radioterapeutas, patólogos, radiólogos… que de alguna forma diseñen un plan terapéutico».
A ello, Puente añade que «normalmente las estrategias combinan la supresión de la testosterona con terapias hormonales con o sin quimioterapia«. Además, ha recalcado que debe ser «una decisión consensuada con el paciente y con el equipo médico en función de una serie de factores que incluyen la cantidad de enfermedad que se tenga, la agresividad del tumor y una serie de factores que estén relacionadas con la medicación o las comorbilidades del paciente que tengamos delante».
Finalmente, Puente concluye que «entonces, hay una serie de factores que hacen que depende del paciente que tengas delante«. Por tanto, habrá que esperar a determinar cuál es el diagnóstico vital de un Joe Biden que a sus 82 años estaría en riesgo de perder la vida antes de lo esperado.