El norovirus vuelve a situarse en el foco de la actualidad sanitaria como uno de los principales responsables de los brotes de gastroenteritis aguda que se están registrando en distintos países, especialmente en Europa y Estados Unidos. Altamente contagioso, resistente en el ambiente y con una gran capacidad de propagación en espacios cerrados, este virus está detrás de un aumento de casos que preocupa a los expertos, sobre todo por la aparición de nuevos genotipos frente a los que la población tiene poca inmunidad.
«El norovirus afecta fundamentalmente causando vómitos y diarreas», explica Diego García Martínez de Artola, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) en declaraciones a Gaceta Médica. Se trata de una infección habitualmente autolimitada, pero que puede tener un impacto importante en personas vulnerables y generar brotes difíciles de controlar.
Una de las principales claves del norovirus es su forma de contagio, basada en la transmisión fecal-oral. «La vía de contagio habitual suele ser bien vía alimentaria o bien mediante contacto con vómitos o con personas que hayan estado afectadas y que lo hayan podido transmitir», señala García Martínez de Artola.
El virus puede propagarse por el consumo de alimentos contaminados, pero también a través del contacto directo entre personas o mediante superficies contaminadas. Basta una cantidad muy pequeña de partículas virales para provocar la infección, lo que explica su rápida expansión en entornos cerrados como residencias, hospitales, guarderías o cruceros.
Además, el norovirus tiene una capacidad notable para mantenerse activo fuera del organismo. «Tiene una serie de características importantes que hacen que sea relativamente estable en las superficies, estable a temperatura ambiente e incluso en congelación», subraya el portavoz de la SEIMC.
«Tiene una serie de características importantes que hacen que sea relativamente estable en las superficies, estable a temperatura ambiente e incluso en congelación»
La vía alimentaria es uno de los mecanismos más frecuentes de transmisión. Entre los alimentos más implicados se encuentran los mariscos bivalvos, como almejas o mejillones. «Filtran aguas fecales y pueden concentrar el virus», explica el experto.
También se han identificado brotes asociados al consumo de frutas y verduras que se ingieren crudas y que han podido contaminarse durante su manipulación o lavado, así como a productos congelados que luego se consumen sin cocción, como algunas frutas congeladas. El hecho de que el virus resista bien las bajas temperaturas hace que la congelación no sea una medida eficaz para eliminarlo.
Un aumento de casos ligado a nuevos genotipos
Aunque el norovirus circula cada año con especial intensidad en los meses fríos, los expertos están detectando un incremento de casos que podría estar relacionado con la aparición de nuevos genotipos. En este contexto, García Martínez de Artola destaca el papel del genotipo 17, que está ganando presencia en Europa.
«Parece que cada vez es más frecuente en la zona europea. Ahora mismo tienen un brote bastante importante en Alemania, con unos 5.000 casos detectados justo antes de acabar el año», apunta. En España también se han registrado brotes, especialmente en centros sociosanitarios y de larga estancia.
Hasta ahora, el genotipo predominante había sido el genotipo 4, frente al cual parte de la población había desarrollado cierta inmunidad tras infecciones previas. Sin embargo, «este genotipo 17 no tiene mucho que ver con el anterior, lo que hace que no haya una inmunidad adquirida previamente frente a este virus», explica el portavoz de la SEIMC.
«Este genotipo 17 no tiene mucho que ver con el anterior, lo que hace que no haya una inmunidad adquirida previamente frente a este virus»
Esta falta de protección inmunitaria favorece que el virus encuentre una población más susceptible, lo que se traduce en más casos y brotes más extensos.
Los síntomas del norovirus suelen aparecer de forma brusca entre 12 y 48 horas después del contagio. Los más habituales son náuseas, vómitos, diarrea acuosa y dolor abdominal, a los que a veces se suman fiebre baja, malestar general y cefalea. En la mayoría de los casos, la enfermedad se resuelve en dos o tres días sin necesidad de tratamiento específico.
No obstante, el riesgo aumenta en determinados grupos. «Hay que tener especial precaución para no contagiar a las personas más vulnerables, como ancianos, inmunodeprimidos, bebés, lactantes y niños», advierte García Martínez de Artola. En estos colectivos, la deshidratación puede aparecer con rapidez y requerir atención médica.
Higiene, la principal herramienta de prevención
Ante la ausencia de un tratamiento antiviral específico y de una vacuna disponible de uso general, la prevención es clave para frenar la transmisión. Las recomendaciones de los expertos se centran en medidas de higiene estrictas.
«La higiene de manos es fundamental, sobre todo con agua y jabón», recalca el portavoz de la SEIMC. A diferencia de otros virus, el norovirus no siempre se elimina eficazmente con soluciones hidroalcohólicas, por lo que el lavado correcto durante al menos 20 segundos es esencial.
También es imprescindible la desinfección de superficies, especialmente en hogares donde haya personas afectadas. «La higiene de las superficies, fundamentalmente con lejía, es clave para evitar la transmisión entre convivientes», añade.
Además, se recomienda evitar manipular alimentos cuando se presentan síntomas y mantenerse aislado al menos 48 horas después de su desaparición, ya que el virus puede seguir eliminándose por las heces.
El aumento de casos de norovirus vuelve a poner de relieve la dificultad de controlar un virus extremadamente contagioso y resistente, que se beneficia de la convivencia en espacios cerrados y de cambios genéticos que esquivan la inmunidad previa.
La vigilancia epidemiológica y la concienciación de la población son fundamentales para limitar su impacto. Como resume García Martínez de Artola, «esto no deja de ser algo para extremar la higiene y tener precaución», especialmente cuando se trata de proteger a quienes pueden sufrir las consecuencias más graves de una infección que, aunque frecuente, no debe subestimarse.